Algunas reflexiones sobre el chamanismo

El chamán, entre muchas otras funciones, ha sido a través de la historia, el gran recolector de una farmacopea herbológica en extremo eficiente. Desde

El chamanismo data del tiempo del Paleolítico y Neolítico en el calendario humano.

El chamán, entre muchas otras funciones, ha sido a través de la historia, el gran recolector de una farmacopea herbológica en extremo eficiente. Desde dolores de estómago y pasando por antibióticos hasta llegar a antipiréticos para  controlar las calenturas, el chamanismo probó durante miles de años ser la medicina de la humanidad.

A consecuencia de ello, la humanidad no se extinguió en los primeros siglos de su existencia. No hay datos confiables que indiquen, si el hombre Neandertal tenía también una herbología medicamentosa y su chamanismo correspondiente.

Pero ciertamente en nuestra historia como descendientes del hombre Cromagnon, dichos datos son consistentemente explicativos y científicamente establecidos. Una de las principales funciones del chamán era encontrar plantas alucinatorias para utilizarlas en las ceremonias sagradas de la tribu. La planta alucinatoria al producir cambios en el estado de conciencia, le permitía al chaman hablar de otros mundos y de contacto con espíritus que favorecían a la tribu. En algunos casos se usaban la plantas alucinatorias para curar a pacientes de diversos males. Algunas tradiciones chamánicas, tales como los Mazatecas de Méjico, utilizaban los hongos alucinatorios (tipos botánicos como Psilocybe, Stropharia, Panaeolus y Conocybe) de contenido de la psilocibina, para llenarse de energía espiritual y a través de un largo ritual, curar un paciente de diversos males. Tal es el caso moderno de la curandera María Sabina de Méjico, que utilizaba una larga velada, llamada la Velada del Hongo, con la finalidad de efectuar esas curaciones. En la tradición Mazateca solamente el chamán utiliza la planta alucinatoria. En la tradición Huichol del norte de Méjico y sur de Estados Unidos, se utiliza el cactus peyote (Lophophora williamsi), con la finalidad de curar y tener revelaciones religiosas. En este caso, todos los miembros de la congregación además del chamán, ingieren el peyote. Mucha de la investigación de antropólogos y botánicos tales como G. Wasson, R.E. Schultes y M. Harner, han estado dirigidos en esa dirección de constatar la diferencia entre tradiciones chamánicas de Méjico.
Una gran controversia en la antropología, ocurrió a partir de los años cincuenta, cuando hubo un advenimiento de nuevos pensadores e investigadores etnobotánicos y antropológicos, que mantuvieron (los tres mencionados anteriores, son de esa tradición), que el hombre tribal chamánico dependía de su posición fundamental de brujo y curandero, de las plantas alucinatorias. Esto contrastaba con la tradición anterior antropológica dirigida principalmente por Mircea Eliade, que mantenía que las plantas alucinatorias no jugaban un papel fundamental en la creación de la mitología del hombre nativo. Mantiene esta escuela, que la lógica lingüística era el principal factor, pues no cuantificaba ni objetivizaba la experiencia, al punto que lo hace el hombre moderno. Por lo tanto no reprimía el mundo de ensueños y visiones que resultantes. El animismo,  ocurría a partir pues, de una cofacilitación y coexistencia de la espiritualidad con la percepción y la autoevaluación. Un árbol, era consecuentemente, también un ancestro o un espíritu, que vivía en el. También pertenece a esta escuela el Dr. Julian Jaynes de la Universidad de Princeton. Hoy en día, la escuela  de la antropología psicodélica, es la aceptada  principalmente. O sea la idea de que las plantas  alucinatorias jueguen un papel central en la vida tribal, ha sido incorporado en la teorías antropológicas de casi todas las tradiciones académicas de peso mundial. En la actualidad (siglo XXI), la controversia parece dirigirse hacia una polémica entre McClennon y Winkelman. El primero de estos mantiene que existen personas que pueden en realidad curar mentalmente a otras personas (esto ha sido establecido estadísticamente en el nivel antropológico). Estas personas tienen características desde la niñez de una mayor facilidad de entrar en estados de trance hipnótico, ensueños y actividad de alteración de la conciencia que otras personas. Para McClennon, dichas personas son el resultado de un aporte genético, que viene desde el periodo Paleolítico. Nacen pues con la habilidad de curar otras personas. Por otro lado, Winkelman, sin negar ninguno de los datos expuestos  por  McClennon,  mantiene, el que dicha habilidad es principalmente adquirida (la curar otras personas mentalmente). Es  pues el resultado de una vida de prácticas, de métodos de meditación, oración, contemplación, ayuna, rituales repetitivos, dietas, herbología específica destinada a desarrollar la conciencia, uso de ciertas plantas alucinatorias en pequeñas dosificaciones ocasionalmente, etc. Dichas prácticas, para Winkelman, tienden a sincronizar la actividad eléctrica de los dos hemisferios cerebrales (izquierdo vs. derecho). Dicha sincronía, eventualmente resulta en la  capacidad de producir curación en otras personas. El trabajo de Winkelman es consistente con los estudios electroenfalográficos  realizados en el Japón  en monjes practicantes del Zen Budismo y en los Estados Unidos en practicantes de la Meditación Trascendental. La hipersincronización interhemisférica y su función como origen de la conciencia ha sido discutida neurológicamente,  en el trabajo del 2001,  editado por J. Marijuán, aparecido el volumen 929 de los anales de la prestigiosa New York Academy of Sciences.
Aún existe mucho por comprender sobre el chamanismo, pero cada vez se presenta un mayor grado de verificación científica, de  las premisas en que se sustenta.  El rol del área talámica del cerebro así como el de la amígdala, parecen ambos estar involucrados en aspectos destructivos de la conciencia, así como los del área temporal del cerebro y el frontocortical, en aspectos positivos de la misma. Neurotransmisores tales como la dopamina, la serotonina, el  GABA y otros, parecen estar  involucrados en experiencias de alta conciencia, producto de la ingestión de alucinantes derivados de plantas. Investigadores como M. Geyer y F.X. Vollenweider, destacan en ese tipo de investigación.
Las más nuevas informaciones investigativas sobre el chamanismo amazónico, han establecido la complejidad de los rituales utilizados por las tribus en la elaboración de formularios que contienen plantas alucinatorias y en una complejidad correspondiente, de los rituales que acompañan su ingestión. El chamanismo amazónico,  además utiliza plantas llamadas maestras, que no contienen alucinantes, pero son necesarias para el desarrollo de los discípulos del chamán y para la estabilidad del este mismo. También disponen de oraciones en forma de himnos llamados los “icaros”, que utilizan en diversas ocasiones y que establecen  estados de conciencia que se dicen ser tanto protectivos como curativos. La complejidad del chamanismo y sus diversas tradiciones, amerita mucha más investigación científica y antropológica.

 

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