Barrios para la gente, barrios para la vida

II  PARTEFrente a las propuestas masivas de atención a la vivienda o a la fragmentación en la cobertura estatal sobre los problemas urbanos, urge

Una interrogante central para la vida barrial gira en torno a las demandas de la población desatendidas por los gobiernos locales. Al preguntar sobre cuáles componentes son necesarios en la política pública local que faciliten la inclusión social y que los barrios sean para la gente, las personas participantes en el Seminario-taller, Barrios para la gente. Políticas locales sobre vivienda y hábitat con enfoque de género y de gestión del riesgo en Centroamérica, realizado en la Escuela de Arquitectura entre el 30 de julio al 1° de agosto de 2012, construyeron propuestas de gran riqueza.

II  PARTE

Frente a las propuestas masivas de atención a la vivienda o a la fragmentación en la cobertura estatal sobre los problemas urbanos, urge una gestión del territorio, desde las necesidades de sus habitantes, de forma coordinada y articulada. Frente a políticas públicas construidas lejos de la población, se necesita abordar el tema barrial y del hábitat, lo cual requiere que los gobiernos locales construyan las políticas según las características y necesidades específicas de los barrios y su gente. Son municipios que escuchan con atención a la población.

El acceso a la tierra se encuentra en el centro de la discusión de las problemáticas urbanas, como lo apunta Eduardo Reese, de la Universidad Nacional del General Sarmiento de Argentina. Sin acceso a la tierra para los habitantes, poco puede hacerse para atender las situaciones más apremiantes de las ciudades latinoamericanas. Por ello este expositor posiciona “la función social de la propiedad o la propiedad como función social es decir como derecho–deber”; se supera la concepción civilista de la propiedad, y se avanza hacia políticas de suelo alternativas, en donde el poder público protege al colectivo y promueve el acceso y la gestión del suelo. Según Reese, una política de suelo tomará en cuenta que la tierra es un activo que participa del proceso de desarrollo social; para ello es necesario distribuir con equidad los costos y beneficios del proceso de desarrollo urbano y, con ello, el disciplinamiento del mercado del suelo contra la especulación.

Desde la experiencia de la Secretaría Municipal de Hábitat de la Prefectura de Río de Janeiro, Brasil, Antônio Augusto Veríssimo reseñó el papel de las políticas locales en la atención a las favelas. Son programas que, desde 1994, aportan al mejoramiento de la calidad de vida de los barrios. Actualmente existe Morar Carioca, un plan que desde el 2010 tiene como meta urbanizar en diez años todas las favelas urbanizables del Municipio de Río de Janeiro.

Según Veríssimo, algunos aprendizajes de la práctica de la política local son: evitar el sacrificio de la calidad de las construcciones y ubicar los conjuntos habitacionales alejados de los centros de ciudad, en áreas sin infraestructura ni servicios. Destacó la prioridad de invertir en equipamientos a la vez que se invierte en vivienda y educación. La opción por el barrio cerrado y sin vías públicas crea encargos financieros excesivos de mantenimientos de las áreas comunes para los pobladores de bajos ingresos.

Las comunidades plantearon en el Seminario que los barrios para la gente son aquellos en los que se reconoce el derecho a un hábitat digno y seguro, que crecen, cuentan con saneamiento y salud pública y ambiental, poseen espacios públicos, viviendas y conectividad de calidad. En ese sentido, toda la comunidad está intercomunicada a lo interno y con el resto de la ciudad. La gestión del hábitat implica 1) la inclusión social (de género, generaciones, diferentes capacidades); 2) la priorización participativa de necesidades y 3) la organización y participación.

Para el reconocimiento del derecho a la ciudad se requiere comprender que la mayoría de los barrios autoconstruidos no pueden alcanzar las normativas urbanísticas y los permisos pensados para otras formas de ciudad, lo cual les excluye de procesos de desarrollo y que, sin embargo, el espacio que ocupan y su forma tienen criterios propios basados en el uso y necesidades que les dan sus habitantes y las posibilidades materiales del espacio, como lo señala Daniel Morgan, se rigen por criterios de desempeño.

Los barrios deben ser planificados por la gente que los habita, que forma comunidades, el espacio construido sería cuidado por la comunidad; esto nos conduce a un reposicionamiento del urbanismo basado en el derecho a la ciudad, un camino en el que nuestro país y Centroamérica ha comenzado a andar.

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