Claroscuro de la libertad y la resistencia

Para el periódico español El País (20/02/2015)1), Honey Thaljieh, 30 años, se autodetermina como palestina, árabe, cristiana, mujer y jugadora de fútbol.El medio la

Para el periódico español El País (20/02/2015)1), Honey Thaljieh, 30 años, se autodetermina como palestina, árabe, cristiana, mujer y jugadora de fútbol.

El medio la entrevista porque es una entre cinco figuras de un documental sobre personas a quienes se considera «héroes sociales, debido a su paso por el fútbol. Antes de calificar para el documental, Thaljieh debió vivir, como nacida y residente en Belén, las intifadas palestinas terminadas en 1993 y el 2005. De ellas, recuerda:

«…después de la primera y la segunda intifada encaramos desesperación, destrucción, guerra. La mayoría perdió la esperanza (…) Todas las noches, los soldados asaltaban nuestra casa y nos sacaban fuera sin importarles la lluvia o el frío. Nuestro coche fue destruido, mi primo fue asesinado. Era muy duro ver los cadáveres en el suelo».

Los soldados han de haber sido israelíes, pero ella no menciona el vocablo o la periodista no lo incorpora a su crónica.

Para canalizar y transformar sentimientos negativos, Thaljieh intensificó su pasión por jugar fútbol: “Pensé que con el fútbol se podía conseguir algo. En lugar de sentirme sin esperanza, de la desesperación, se podía construir algo, dar aliento a la sociedad y a las mujeres (…) Fue muy difícil por todas las barreras, sociales, culturales y políticas. Y las críticas como que las mujeres no deben jugar al fútbol ni llevar pantalones cortos, que deben cubrirse la cabeza. Las críticas lo hicieron difícil, pero decidimos que nosotras no solo estábamos jugando al fútbol. Era mucho más que fútbol”. Destacó y llegó a ser capitana de una primera selección de fútbol femenino de Palestina.  Pero las lesiones recurrentes se interpusieron y su carrera fue corta.

Hoy Thaljieh trabaja para la FIFA en el área de comunicaciones de la corporación y también se encarga de proyectos sociales que la crónica no detalla. Ella resume así su existencia: “Como palestina, crecí bajo la ocupación y la opresión: mi identidad fue mi prisión. Como cristiana, viví en una sociedad musulmana dominada por el hombre. Como árabe, en un mundo con mucho racismo y estereotipos, mi etnicidad también se convirtió en mi prisión. Y por ser mujer, en una sociedad patriarcal, donde el fútbol era una actividad de hombres, mi género fue mi prisión. Todas estas identidades se convirtieron en mi prisión, pero también a través de ellas encontré la libertad para ser de la manera que soy”.

Thaljieh no precisa su forma de asumir el cristianismo, ortodoxa o árabe, pero probablemente no exista hoy ninguna versión del cristianismo que no contenga rasgos patriarcales. No detalla tampoco quiénes o qué la valoraron individua de “raza” discriminable. ¿Fue en Palestina o en Occidente? ¿En ambos? La FIFA se pronuncia contra el racismo y el patriarcado, pero todos sus presidentes han sido blancos machos y, los últimos, ancianos de manejos dudosos. Ella les hace relaciones públicas.

Es claro que Honey Thaljieh plasma un recuento de acosos y violencias sufridas en su existencia. También de su resistencia a ellas. Y afirma que su tenacidad le ha permitido ser, o comportarse, como la que es hoy.  ¿Quién nos dice la crónica que es? Es funcionaria de una gran corporación, con alcance mundial, la FIFA. No la más sana, exactamente. Nadie dentro del mundo del fútbol espectáculo, comercial, puede discrepar significativamente del rígido orden de esta corporación. La pena consiste en ser expulsado del fútbol mercantil mundial. Sin FIFA no hay dinero en el fútbol.

Algo falta en la libertad alcanzada por Honey Thaljieh. Ha hecho mucho por sí misma, sin duda. Y es de aplauso. Pero al mismo tiempo, y en el mismo proceso, terminó cooptada. La FIFA hace parte del sistema que asesinó a su primo. Pero Honey es una mujer joven. Será bueno que dentro de 30 años más nos tenga mejores noticias sobre ella misma y sobre cómo ha avanzado, con otras y otros, para cambiar el mundo. Y si no ha avanzado, también será bueno saber que siguió luchando.

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