Cuestión de Transparencia

Supongo que siempre es útil insistir en que la historia es un proceso inacabado, por si queda por ahí algún pobre incauto seguidor de

Supongo que siempre es útil insistir en que la historia es un proceso inacabado, por si queda por ahí algún pobre incauto seguidor de Yoshiro Francis Fukuyama.

Pero más allá de disgreciones academicistas, en lo que atañe a la situación actual que atraviesa el Semanario Universidad es preciso recordar lo que debiera ser obvio, que la sola existencia de un puesto de dirección implica que quien la ocupe asume sobre sus hombros una serie de responsabilidades especiales, que en el caso de un medio de comunicación se reflejan en la impresión de un estilo de trabajo que influye en la definición de enfoques con los que se tratan los diversos temas.

Es precisamente por ello que colegas periodistas, la comunidad universitaria y el público lector de este medio de comunicación han reaccionado ante la falta de claridad con que la nueva autoridad universitaria ha manejado el tema del eventual cambio de timón en este periódico.

El desasosiego que ha generado esta situación se debe única y exclusivamente a que el  Rector Henning Jensen y el Vicerrector Roberto Salom han sido incapaces de explicar a cabalidad y con transparencia qué del trabajo del Semanario Universidad les disgusta o consideran que se debe cambiar, a manera de fundamento para la remoción de Laura Martínez como directora del medio.

Muy al contrario, se han ceñido al argumento de que se trata del ejercicio de sus competencias, como quien dice “lo hago porque puedo y me da la gana”. Una argumentación más propia de un monarca francés del siglo XVII, que de rector universitario del siglo XXI.

La correcta expresión del criterio con el que se toman las decisiones, constituye la frontera entre la potestad administrativa y el abuso de autoridad.

Sobre ese particular he de confesar que me quedé con las ganas de entender mejor la posición de las autoridades, tras leer el artículo “La historia del Semanario Universidad es un proceso inacabado”, de Eduardo Muñoz, compañero periodista del Semanario. Pues me quedé con las ganas, insisto, ya que el mismo compañero Muñoz en ese texto aseveró que “nadie ha cuestionado la capacidad de la directora saliente Laura Martínez Quesada”. ¿Diay?

El artículo citado en esencia no aporta nada nuevo a lo ya expresado por Salom y otras personas en diversos espacios: que Laura Martínez busca “eternizarse” en el puesto. Valga la pena aprovechar este espacio para lamentar la bajeza con la que algunos de estos fieles a la Administración han expresado sus opiniones en diversos espacios, sobre la labor tanto del medio como de su directora.

El compañero Muñoz pudo también haber arrojado mucha luz sobre otro aspecto medular que las autoridades tampoco han abordado públicamente y en el cual su artículo también queda debiendo.

¿Qué objetivos o lineamientos plantea la nueva autoridad universitaria para el trabajo del Semanario Universidad a partir de enero del 2013? Pregunto así, públicamente y por escrito, porque ni el compañero Muñoz ni los señores Jensen y Salom han querido compartir un documento cuya existencia han reconocido y que aparentemente puntualiza lineamientos particulares al respecto.

El compañero Muñoz reconoció durante una reunión que elaboró tal “propuesta de ideas” a solicitud del señor Jensen, cuando don Henning aún no había oficializado su intenciones de lanzarse a la contienda electoral por la Rectoría de la UCR.

De manera que quienes laboramos en el Semanario no podemos menos que mirar con suspicacia el hecho de que existe una propuesta sobre qué debe ser este medio, pero no se nos comparte. Una propuesta solicitada, elaborada, entregada, recibida y estudiada a espaldas no sólo de la Dirección y Jefaturas del medio, no sólo a espaldas de los trabajadores y trabajadoras del Semanario, sino que a espaldas de la comunidad universitaria, del público lector y de la opinión pública en general.

Así que, compañero Muñoz, espero no ser ingenuo al confiar aún en su buena fe: permítame incitarlo a hacer una “efusión intelectual” y concretar el acto de transparencia del que la autoridad universitaria ha sido incapaz.

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