De coras, libras, tejas y pesos

Con el aumento constante de los precios de artículos de consumo básico y la consecuente devaluación de nuestra moneda,  se han perdido algunas expresiones

Con el aumento constante de los precios de artículos de consumo básico y la consecuente devaluación de nuestra moneda,  se han perdido algunas expresiones con las que nos criamos los de mi generación.

El “cinco” y el “diez”, monedas de cinco y  diez céntimos, respectivamente,  ya hace bastante tiempo que fueron sacadas de circulación, así como las de veinticinco y cincuenta céntimos y hasta la de un colón. También fueron sacados los billetes de cinco, diez, cien y quinientos colones.  Muchos jóvenes de la actualidad, no conocieron este tipo de monedas, ni de billetes, pues nacieron en la época de la liberalización de los precios, de la desprotección del consumidor y  de las promesas de campaña incumplidas. Por mi pueblo de la niñez, por las mañanas de neblina y frío, pasaban dos personajes vendiendo jaulas para pájaros a quienes les decíamos los Quinces, porque uno era grande como un diez y el otro chiquitillo como un cinco.

Nuestra habla tenía  expresiones en relación con el valor de estas monedas. A la de veinticinco céntimos se le llamó “dos reales” y “peseta”. Expresiones influenciadas por la cultura española heredada del periodo colonial, en donde se hablaba de “pesos y reales” (M.B.Chacón Hidalgo, Monedas de CR, 2003). “Cuatro reales”, o sea cincuenta céntimos, constituían “un cuatro”, que así se le llamó a esta última moneda. “Seis reales”, o sean “seis rifles”, formaban setenta y cinco céntimos. Por la influencia dicha, al colón se le llamó peso; aunque cada vez valga menos. También se le decía, en medios más que informales, “caña” y “maracandaca (M. Quesada. Nuevo diccionario de costarriqueñismos, 1991).

También a la peseta  se le llamaba “cora”, esto posiblemente por influencia de quarter en inglés (que suena como kworer) y del  spanglish, en que  al cuarto de dólar se le llama cora. De cora se pasaba  de vez en cuando a “coralia”, para darle un colorido fonético. La derivación de quarter a cora, como se infiere, es porque veinticinco céntimos corresponden a un cuarto del colón.

Al billete de cinco colones, que en una de sus caras tenía La alegoría al café y al banano,  cuadro de J. Vila que está en el Teatro Nacional, se le llamaba  “libra”. Posiblemente la palabra libra se usó a raíz de la relación comercial que nuestro país tenía con Inglaterra en el siglo XIX, donde la libra esterlina (en español) es el nombre de la moneda oficial.  Por su color verde, a este billete también se le llamaba “rana” (dos ranas era igual a diez colones).

Al  billete de cien colones se le llamaba teja, media teja era el de cincuenta colones. Billetes que desde hace un tiempo fueron degradados a monedas acuñadas con baja calidad.

Por su color rojo, aún en estos días, al de mil colones se le llama rogelio.

Las coras, los cuatros, las libras, las pesetas, las tejas y los rogelios,  ya no tienen significación alguna, por cuanto sus valores ya han pasado a ser  intrascendentes menudos, ante cantidades astronómicas como las pagadas por indemnizaciones a empresas concesionarias, las confiscadas al narcotráfico, los pagos correspondientes a las pensiones de lujo, las dudosas sumas de las campañas políticas por donaciones de terceros, las facturaciones engañosas de algunos partidos políticos, el monto entregado a un mediocre político  y a sus adláteres por una asesoría tecnológica, las cantidades que recoge la concesionaria de la ruta 27, los dineros robados al Estado ya juzgados en sede judicial y los que nunca llegaron a ser ventilados en esa vía por razones sospechosas, las deudas de algunas empresas con la seguridad social…. Más otras que han llevado a este pueblo a la indignación.

 

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