Formación dual: ¿otra copia más?

De los tres artículos, el de relevancia es el intitulado «Formación Dual: Un Desafío para Costa Rica», suscrito por la actual «Ministra de Comunicación

En las ediciones del 08, 17 y 21 de septiembre del año en curso, fueron publicados en La  Prensa Libre, tres artículos referidos al Sistema Dual de Educación –o Formación Dual– que, al parecer, será implementado en Costa Rica. 

De los tres artículos, el de relevancia es el intitulado «Formación Dual: Un Desafío para Costa Rica», suscrito por la actual «Ministra de Comunicación y Enlace», doña Mayi Antillón.  Notoria es, no obstante, la ausencia de don Leonardo Garnier, actual Ministro de Educación Pública, en un tema que se encuentra en el ámbito de la cartera a su cargo.

El artículo indicado es el relevante porque llama la atención la ¿coincidencia? que éste guarda desde su título con el «estudio de gobierno» realizado por un grupo de académicos del Departamento de Economía de la Universidad de Chile, publicado en el 2001: «Formación Dual: un desafío para Chile».
El «estudio de gobierno», un documento en formato de libro de 115 páginas, está dividido en tres partes: «I. Aspectos Conceptuales de la Formación Dual»; «II. Marco Institucional de la Formación Dual en Chile»; «III. Impacto de la Formación Dual en la Enseñanza Media Técnico- Profesional». La interrogante que surge es: ¿dónde se encuentra, además de un artículo con un título parafraseado, el posible «estudio de gobierno», «Formación Dual: Un Desafío para Costa Rica»?
Y el estudio científico para este país es imprescindible, porque en el del caso de Chile, se indican varios aspectos medulares, entre ellos:
 (1) «La investigación señala que uno de los ‘costos’ de la Formación Dual, compartido con el conjunto de la Educación Media Técnico-Profesional, es la desventaja que implica para seguir estudios superiores la escasa formación general entregada con relación a la formación Humanística-Científica. La reforma en marcha altera radicalmente esta realidad, no sólo para garantizar la continuidad de estudios, sino, además, para responder a la demanda proveniente del sector moderno de la economía que enfrenta la actualización permanente de los procesos y tecnologías utilizados, lo que supone contar con técnicos capaces de adaptarse a estos cambios, para lo cual resulta fundamental una sólida formación general». (sic). 
 (2) «… la experiencia señala que los patrones de funcionamiento del Sistema Dual Alemán son propios de un país altamente industrializado que posee fuertes asociaciones empresariales y que sólo pueden comprenderse en el contexto histórico-cultural de las tradiciones alemanas que difícilmente se replican en otro escenario. Existe cierto consenso en cuanto a que el Sistema Dual no es directamente importable, menos a un país en desarrollo donde las estructuras institucionales y de empleo difieren ampliamente de las alemanas». (sic).  
Sobre el primer aspecto señalado, y para Costa Rica, ¿qué repuesta dan al «costo» que implica la Formación Dual en torno a la «desventaja que implica para seguir estudios superiores la escasa formación general entregada con relación a la formación Humanística-Científica»? ¿Con base en qué criterios deciden el futuro de la juventud costarricense?
Sobre el segundo aspecto, si el «Sistema Dual [alemán] no es directamente  importable», ¿cuál es el criterio fundamentado para importarlo e imponerlo en Costa Rica? ¿O es que tendremos que conformarnos con –según la moda tica de algunos– «tropicalizarlo», cambiando nomenclaturas y exaltando acrítica y entusiastamente el supuesto éxito del Sistema Dual sin que se realice investigación científica independiente? 
Las respuestas podrían empezar a formularlas, por ejemplo, desde las publicaciones «The World Educational Crisis: A Systems Analysis» (La crisis mundial de la educación: un análisis de sistemas) de Philip Coombs y «Apprendre à être» (Aprender a ser), de United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (UNESCO); en la tesis de los economistas Friedrich Von Hayek y Milton Friedman –y consideradas por organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y la «Organisation for Economic Co-operation and Development»; en la sustitución del modelo Keynesiano de desarrollo capitalista, por el impuesto por los economistas de Chicago; en el «Consenso de Washington» y, especialmente, en las políticas educativas para el siglo XXI surgidas de una comisión internacional designada por la UNESCO. 
Sobre este último, el informe rendido por la Comisión Internacional –precedida por el economista francés Jacques Delors– establece «cuatro pilares» para «la educación a lo largo de la vida»: «aprender a conocer», «aprender a hacer», «aprender a vivir juntos» y «aprender a ser».  El «pilar» «aprender a hacer» –título de uno de los artículos publicados en La Prensa Libre– toma especial relevancia en el nuevo «modelo educativo».
La Comisión, en el informe, indica que la «educación a lo largo de la vida» «responde en gran medida a un imperativo de orden económico y permite a la empresa dotarse de personal con las mejores aptitudes, necesarias para mantener el empleo y reforzar su competitividad». «La educación a lo largo de la vida no es un ideal lejano, sino una realidad que tiende cada vez más a materializarse… para organizar este proceso hay que dejar de considerar que las diversas formas de enseñanza son independientes y, en cierta manera, ímbricas, sino concurrentes»…
Lo anterior explica, junto con la teoría de la Eficacia Escolar –fundamentada en el «School Effectiveness Research Paradigm», corriente de investigación y evaluación internacional gestada en los países anglosajones, la obsesiva y dañina tendencia a la estandarización de la educación pública costarricense. (Estandarización que, además, se expande a América Central). 
Ejemplos específicos de esa estandarización con respecto a los contenidos, los currículos, el desempeño y la evaluación, acompañados de una disminución en el financiamiento por parte del Estado de la educación pública, pero sin dejar de controlarla, lo constituyen (1) el copiado Plan Nacional de Inglés; (2) el fortalecimiento del currículo tradicional con «innovaciones» infundadas; (3) la igualmente copiada «Reforma de las Normas reguladoras de la Promoción y Repitencia dentro del Sistema Educativo Público Costarricense» (sic) con fines economicistas de optimización de la rentabilidad; (4) la garantía de una instrucción mínima y una calidad de la educación inexistente por medio del conductista-estructuralista «Reglamento de Evaluación de los Aprendizajes» y de las pruebas nacionales que etiquetan a los estudiantes como «buenos» o «malos». 
La ruta equivocada que han emprendido los encargados temporales de la educación pública nacional, afecta no solo a los estudiantes y a sus familias, sino además al sector empresarial.  El apoyo para la construcción de estándares de calidad y eficiencia educativa por parte de empresarios durante la cumbre en Miami en 2001 sobre la educación básica en América Latina, en esa ruta acientífica y copiada en educación para Costa Rica, no producirá el retorno esperado de la inversión. La población costarricense y el sector empresarial, citando el «estudio de gobierno chileno», no cuentan ni contarán con «una sólida formación general».
¿Por qué persistir en copiar un modelo educativo que ha demostrado ser un fracaso, haciendo creer a la población, por el contrario, que es un modelo exitoso?
Con el respeto que merecen sólo algunos distinguidos economistas, es hora ya que la educación vuelva a estar a cargo de especialistas debidamente acreditados en ella. ¿Acaso, por ejemplo, los Colegios de Médicos, de Abogados, de Ingenieros, los ministerios de salud en los distintos países, o la fuente principal de los negocios de las empresas, son dirigidos por empíricos tradicionales sin las credenciales respectivas?
«Ne supra crepidam sutor judicaret»… «zapatero, a tus zapatos»… 

 

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