Fútbol: ángulo femenino

Y esta función psicológica y emocional que está cumpliendo el fútbol, especialmente en los encuentros mundiales, llena una necesidad humana: la de converger alrededor

El Mundial de fútbol Sudáfrica 2010 y el disfrute que, como en cada torneo mundial, está proporcionando a millones de seres humanos, nos invita a hacer nuestra propia lectura de este fenómeno fuera de lo ordinario que es el fútbol. Nuestro ángulo de visión, en esta oportunidad, es aquel que juzgamos positivo: el fútbol como deporte y como generador de valores sociales, culturales, éticos y estéticos y de  posibilidades futuras. Esto no quiere decir que desconozcamos los vicios y debilidades que lo circundan, aquello que no construye ni adelanta.  
   
Y cómo no reflexionar respecto de este deporte cuando, hoy por hoy, es la única actividad humana que logra “conectar” a la humanidad toda, y le permite vibrar al unísono, sentirse a sí misma como sociedad total, universal. No existe otro hecho social que presente tal universalidad e intensidad.

Y esta función psicológica y emocional que está cumpliendo el fútbol, especialmente en los encuentros mundiales, llena una necesidad humana: la de converger alrededor de algo placentero, particularmente cuando la Ciencia ya ha comprobado la absoluta soledad en que los terrícolas nos encontramos en el cosmos inmediato que es una inmensidad.

Esta sola razón justifica celebrar la existencia del fútbol, aún con los vicios que se le conocen y se le señalan. Es posible que si fuera cualquier otro deporte el que hubiera alcanzado la aceptación universal que logró el fútbol, igualmente sería objeto de usos indeseables.

Por lo tanto, el problema no es la actividad deportiva en sí misma, la actividad concreta como el fútbol. La Ciencia ha comprobado los beneficios del deporte. Si rechazamos el fútbol por algunos usos negativos, estamos perdiendo la perspectiva del valor del deporte, y también la oportunidad de participar de esta integración espiritual, “eléctrica”, con el todo social universal que nos ofrece el fútbol.

Pero antes de reflexionar en torno a determinados valores implicados en este deporte, y sobre otros temas como la apertura a la mujer futbolista, queremos preguntarnos cuál es la especificidad del fútbol como deporte que le ha conferido una aceptación tan abrumadora entre hombres, mujeres, niños y niñas de todas las culturas y nacionalidades.

Queremos fijar nuestra atención en valores estéticos, tan evidentes en este deporte, pero poco considerados en los análisis. Al tratar de explicarnos las razones por las que el fútbol resulta un deporte que ofrece bellas imágenes, el primer punto que surge es su carácter colectivo; se trata de un juego de equipo, pero este rasgo lo comparte con varios deportes más, igualmente el número de los jugadores (as) relativamente alto.

También llega a nuestra mente la extensión del terreno de juego, entre 90 y 120 m de largo y 45 y 90 m de ancho es lo permitido, bastante amplio frente a deportes como el balonmano o el balonvolea, pero no es el terreno más amplio, es superado por las arenas de otros deportes, el béisbol, por ejemplo.

Es un deporte de desplazamiento y muy rápido, otra característica igualmente compartida con otros deportes.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos aspectos comunes, se organizan bajo reglas específicas bastante diferentes. Y es obvio que es en las reglas donde radica mucho de la especificidad de cada deporte.

Pero en el fútbol, a nuestro modo de ver, una regla le da sello propio: la no utilización de las manos cuando éstas naturalmente facilitarían la introducción del balón en el marco como en la canasta en el balonmano. Esta regla viene a dificultar el acto culminante del juego, el gol, que por lo demás debe conseguirse evadiendo, sin uso de las manos, a varios rivales que tratan de impedirlo.

Las manos son fundamentales en casi toda actividad humana, incluso al usar la lengua, pues la expresión y la comunicación se ayudan con ellas; antes de verbalizar las mujeres y los hombres primitivos utilizaron los gestos y sobre todo las manos para expresarse y comunicarse, y hoy continuamos haciéndolo.

La función de los pies es básicamente el desplazamiento, pero para colocar un objeto (el balón) en un espacio (el marco), natural e instintivamente serían las manos las que se utilicen.

La evasión del rival en el fútbol sin uso de las manos, obliga a movimientos diestros de pies y cintura principalmente, lo que deviene en una danza, actividad que el fútbol no se propone como tal, pero que casi siempre es imprescindible para esquivar al opositor, en un trayecto de desplazamiento largo de alrededor de 100 m de marco a marco.

Entonces, el fútbol resulta en “danza con balón”, y allí radica, en nuestra perspectiva, su valor estético. Por otra parte, esta “danza” implica físicamente fortaleza, agilidad, rapidez, técnica e “intelectivamente” intuición, malicia, sagacidad y, finalmente, decisión. Claro, mucho de todo esto es necesario en todos los deportes, pero en el fútbol hacen una mezcla especial, pensamos que determinada por la prohibición de utilizar las manos. Es posible que en este punto radique en mucho el encanto del fútbol.

Continuando con la perspectiva de la danza, caemos en cuenta que, aunque el fútbol actual privilegia la efectividad (el resultado, el gol) sobre el lucimiento, necesariamente el fútbol se luce; un pase de taquito, por ejemplo, confunde al rival, engaña y quita la marca, algunas veces es necesario; un gol de chilena permite tirar a marco de espaldas a éste; no es lo común “direccionar” acertadamente sin ninguna posibilidad de visión, pero algunas veces esa es la oportunidad, y el dominio de la técnica, la necesidad de sorprender al arquero y a la defensa y la decisión, lo hacen. Para evadir con éxito a los defensores (as), sobre todo cuando son varios (as) que también tienen técnica, fortaleza, rapidez, es necesario “bailar”, y a movimientos más refinados y más rápidos, más probable confundir a las marcas. Entonces la “danza” en el fútbol es necesaria en función de la eficacia y le confiere belleza a pesar de ciertos parámetros actuales.

Bien observado un pase de taquito, un gol de chilena, un gol desde un ángulo difícil, una evasión consecutiva de múltiples rivales mediante movimientos virtuosos, es estético.
 
El uso de cualquier parte del cuerpo, excepto las manos, también da paso al fútbol aéreo mediante la utilización de la cabeza. Y el fútbol aéreo es parte de esa danza que se luce; esos “principios de vuelo”, que si bien se dan en otros deportes, en el fútbol presentan su especificidad. Es atractivo ver jugadores y jugadoras elevarse contra la gravedad en la disputa aérea del balón o para hacer el gol de cabeza. O ver porteros y porteras “volar” sobre el marco para sacar el balón y evitar el gol.

El fútbol, por otra parte, pareciera tener un ascendiente en el ajedrez, en lo relativo a ciertos movimientos y a la inteligencia que exige. En el ajedrez se mueven fichas, en el fútbol la ficha es humana, es el jugador mismo con el balón. Si se observan los pases en corto entre los jugadores, se visualiza más claramente ese “ajedrez”. Este episodio del fútbol parece corresponder al trance en que el ajedrecista construye mentalmente su juego. Se busca así ir armando lo planificado, el juego de pizarra. El gol, desde luego, es el jaque mate que saca al arquero como en el ajedrez al rey.

El fútbol es la reunión de varios elementos en una combinación específica, dada por una reglamentación específica que hace estallar el encanto; y el genio de algunas individualidades aporta lo que llamamos magia o fantasía: Pelé, Ronaldinho, Maradona, Mesi, … llegan a nuestros ojos moviéndose en la cancha. El futbol es entonces “danza”, “ajedrez”, “vuelo” y, en conjunto, fútbol. Es una expresión ritualizada del ser humano que desde siempre, imitando a otros seres vivos, corrió, saltó, danzó y jugó. Es una comunión con nuestro origen.
 

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