La destrucción del Hospital de Puntarenas, ¿un desastre artificial?

La gente que habita la región de Puntarenas ha sufrido pérdidas a lo largo de su historia; pero ninguna como la, aún evitable, de

La gente que habita la región de Puntarenas ha sufrido pérdidas a lo largo de su historia; pero ninguna como la, aún evitable, de su hermoso Hospital. Jalonan la ciudad ruinas de obras extrañamente abandonadas por administradores públicos: estaciones y línea del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico, el enorme plantel del Consejo Nacional de Producción, el muro de contención del río Barranca…

El 5 de septiembre de 2012 un temblor de tierra produjo el pánico y la evacuación atropellada de los diez pisos del Hospital de Puntarenas.

La Administración fue luego muy eficiente y comprensiva con los temores y el trauma de los trabajadores, que se negaban a volver al edificio superficialmente dañado, según se dijo.

Luego se tomó la decisión, anunciada “irrevocable”, de destruir por mano humana, demoler, siete de los diez pisos de la famosa Torre en T que domina la bahía de Puntarenas. Rápidamente, se contrató una empresa demoledora, la misma que en tiempos de Abel Pacheco, quien (¡oh paranoia!) dijo entonces esperar “que no hubiera enemigos de la Caja tras el incendio del Calderón Guardia”. Por medio del Sindicato de Profesionales en Ciencias Médicas de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) se intentó obtener el Informe Técnico que justifica tal nivel de destrucción artificial de las instalaciones, que habían resistido el temblor, según se decía.

Como cabía esperar, en primera instancia el informe “no aparece” para el escrutinio público. Se rumora, eso sí, que se le prometió a algunos administrativos “la construcción de un nuevo hospital”, en un plazo indeterminado, si permitían la destrucción del actual inmueble en el grado dicho. Pero hay quienes por alguna razón, desconfían de esas promesas, ya que nadie teme dar plazos largos a algunos negocios, como el de prometer hospitales.

Se dice que se repitió el viejo “¡no hay plata!” para justificar NO reforzar las Torres del Monseñor. “Que muy caro” salvar un Hospital de la CCSS. ¡Una lógica que no se aplica a costosas trochas construidas en los confines del territorio!

Es necesario recordar que en torno a Puntarenas se han intentado establecer servicios médicos privados con poco éxito, debido a la pobreza de los asegurados y a la excelencia y abundancia de los servicios que presta la CCSS.

Hay un incómodo temor (que podría disiparse con la transparencia en la Administración: la “aparición” del informe técnico), un temor a que detrás de esta superdemolición esté la ideología de políticos que han puesto la justicia al servicio del comercio; que haya la intención de “crear un buen clima de negocios” con las enfermedades de la población adscrita al Hospital de Puntarenas, echando al suelo el esfuerzo de generaciones de personas ilustres; demoliendo “más de la cuenta”, con razones confusas y oscuras; botando patrimonio arquitectónico y de servicio público que pertenece a toda la población de Costa Rica, y que muy pronto podríamos estar llorando, como lo que el viento se llevó. El viento de una lucha interna por los “recursos”, incluyendo entre ellos, como el principal, a la población humana.

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