Las escaramuzas sobre la Ciencia Ficción en Costa Rica

Pocas veces la crítica y el comentario literario en Costa Rica instalan debates acalorados y afilan posiciones de confrontación.  Observo, sin embargo, una interesante

Pocas veces la crítica y el comentario literario en Costa Rica instalan debates acalorados y afilan posiciones de confrontación.  Observo, sin embargo, una interesante discusión que está sucediendo a propósito del tema de la Ciencia Ficción producida en nuestro país.

El crítico literario Roy Alfaro, con base en los postulados de un autor croata llamado Darko Suvin, ha venido insistiendo en que la Ciencia Ficción que se produce en Costa Rica no tiene las condiciones técnicas para ser considerada como tal. Para ello utiliza el concepto suviniano de “novum”, una categoría mediadora que exige la construcción de un mundo no comprendido, un locus de alienación y el uso de neologismos, entre otros requisitos.

Esta tesis suviniana le ha servido a Alfaro como escudo teórico para afirmar que estos requisitos no se cumplen en la producción costarricense y, así, desacredita el trabajo de autores como Iván Molina, Jessica Clark, David Díaz, Daniel Garro y Laura Quijano, entre otros.  Abiertamente los acusa de cultivar una “seudo-CF”. A ello agrega la consideración de que este género es tributario de un modelo neoliberal y, al respecto, reclama un contenido más de izquierda.

Desde luego, las respuestas no se han hecho esperar.  Iván Molina ha salido a la prensa a intentar desacreditar esta posición y las opiniones en las redes sociales, principalmente en contra de Alfaro, son ya un amplio caudal de turbulencias.

Como especialista en crítica literaria sostengo que la posición de Roy Alfaro, aunque polémica, cumple con los requerimientos de la sustentación académica y por esta razón defiendo que es muy pertinente que revistas especializadas como la  Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica o la de Letras de la Universidad Nacional, le hayan avalado la publicación de sus trabajos. Mal haría la academia o los medios de difusión de ideas si  procedieran con la censura, como algunos han propuesto en el marco de la confrontación.

Sin embargo, la posición de Alfaro se fundamenta en un modelo que obvia un amplísimo y rico contenido académico que integra otras perspectivas, tal y como se puede evidenciar en otros de los artículos académicos publicados en la misma Revista de Filología y Lingüística y que, lamentablemente, no se han considerado para la discusión.

Así pues, desde una posición semiótico-pragmática, Darko Suvin quedaría bastante desacreditado, pues las series o los géneros discursivos funcionan como fenómenos sociales y se materializan mediante pactos o acuerdos colectivos y no como ocurrencias normativas particulares.  Desde Mijaíl Bajtin, un influyente teórico ruso, sabemos que los géneros evolucionan y que van creando sus propias condiciones de tiempo y espacio (lo que Bajtín llama “cronotopo”).

En consecuencia, la afirmación de que la Ciencia Ficción no existe en Costa Rica o la aplicación del calificativo “seudo-CF”, se cae por sí sola, pues sería como afirmar que el sol no existe o que es falso, justo un día de verano.

En relación, específicamente, con el género de la Ciencia Ficción, el teórico búlgaro Tzvetan Tódorov ha dicho que es la resolución de una incertidumbre fantástica con base en una explicación aparentemente científica. Como se puede ver es una propuesta con requerimientos mucho más sencillos que las ocurrencias de Suvin. Sin embargo, de Tódorov se ha dicho que los ejemplos a los que recurre son del canon europeo y varios teóricos latinoamericanos han ampliado sus postulados para adecuarlos a nuestras literaturas. Por esta razón, algunos autores, como el argentino Daniel Croci, sugieren más bien el concepto de Literatura Hipotética o Conjetural.

Podríamos, desde nuestra realidad discursiva, tal vez, cuestionar el concepto de Ciencia Ficción y hablar de Literatura Conjetural, pero jamás se podría sostener, salvo desde una postura impresionista, que un discurso es falso o que no tiene validez. Si la discusión se mantiene en este circuito maniqueo seguirá siendo solo una escaramuza de opiniones ad baculum o de tristes hígados gritando que son los dueños de la verdad.

Tanto la perspectiva de Suvin como la de Tódorov se basan en modelos ajenos a los nuestros. Sería más provechoso, por lo tanto, con ayuda de otros enfoques más conscientes de nuestra realidad discursiva, discutir qué de toda esta efervescente producción literaria  nos representa y cuánto hay aquí de enlatado en el desborde del cyberpunk, el biopunk o los “post” utópicos de este amplísimo género literario.

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