Libertades expresionales

Se podría observar que su dura opinión es de valor ralo. Por ejemplo, una cosa es el “culto mariano” inventado por la jerarquía católica

La manifestación contra la violencia que afecta a las mujeres, que tuvo en Costa Rica como referente la censura de dos sacerdotes católicos a su forma de vestir y de comportarse (con ello atraerían el ataque de los machos), generó, entre otras reacciones, opiniones negativas de dos colaboradores del Semanario UNIVERSIDAD. Uno le dedicó el primer párrafo de su “Vida de perros”. Centró su malestar en que la protesta “… terminó en un salvaje despliegue de malos modales y odios contrarios a la Virgen María y al clero católico”. El desfile habría sido administrado por “personas poco atinadas en sus puntos de vista o en sus patologías antirreligiosas”. Estima que la manifestación “desprestigia a toda la izquierda” y sentencia que “nunca se ofenden las creencias de una mayoría y especialmente las religiosas, si se quiere hacer popular una causa”. Considera los manifestantes “metieron la pata” y lo disfrazan de libertad de expresión. Es un punto de vista.

Se podría observar que su dura opinión es de valor ralo. Por ejemplo, una cosa es el “culto mariano” inventado por la jerarquía católica y otra la “fe en una Negrita” que acompaña en el dolor y “hace favores”. Son dos Marías, no una, y, para la religiosidad popular deberían estar enfrentadas, por incompatibles. Tal vez Unimer averigüe cuál pesa más en el ánimo de los romeros. En cuanto al daño a “la izquierda” resulta poco probable que ésta, si existiera, pudiese encabezar cambios significativos sin alterar creencias de las mayorías, especialmente, las clericales. No se trata solo de “ganar votos”, sino de atraer formas de existencia. ‘Cultura alternativa’ puede llamársele. O hegemonía.

El otro texto lo titula su autor “La marcha de las p…”. Se pronuncia por la restauración de valores: diversas promiscuidades habrían mandado al precipicio “el matrimonio y la familia, los dos principales baluartes de una sociedad”. Disculpa los discursos de los sacerdotes por “ancianos” y “anclados en la prehistoria”. La ‘marcha de las rameras’ no habría sido de éstas sino guiada por lesbianas. Atribuye el nombre falseado a “influencia extranjera”. Parece creer que homosexuales son solo los varones (por aquello de “homo” quizás). En fin, que una marcha dirigida por lesbianas se orientó, más que contra la violencia hacia la mujer, contra ancianos machos que “osaron abrir sus bocas”. Un buen número de estereotipos locales y tal vez alguna ignorancia. Es su opinión. Y como la firma, vale.

Felicitaciones al Semanario por su sostenida tradición de promover, lucha algo solitaria y poco reconocida, la libertad de expresión.

También hizo uso de su “libertad de expresión” la Ministra de Comercio Anabel González. Consideró que la decisión de la presidenta Chinchilla de cobrar impuestos a las empresas sitas en zonas francas, tal vez obedece a la necesidad de evitarle una “gran inestabilidad al país”, pero hay que escuchar a las empresas porque ellas también requieren de “estabilidad”. Dijo esto sentada junto a la presidenta. En breve, que a ella le interesa más la estabilidad de las empresas que la estabilidad del país. Chinchilla se defendió como pudo (LN: 22/09/11).

Una Ministra/o de Gobierno forma parte de un equipo. Sus primeras lealtades son hacia el país y hacia ese equipo. Si se tiene observaciones a alguna decisión, las debe expresar en conversación privada. Si se mantienen los roces, el funcionario debe renunciar. Por pudor. Si no lo hace, el equipo de gobierno hará efectiva su renuncia. Como se advierte, la libertad de expresión, referencia humana, tiene sus límites. Aquí sus límites no matan a nadie ni son reembolsables en el Cielo.

También se lució con la libertad de expresión Barak Obama en Naciones Unidas. Dijo clarito a su Asamblea General que “… la paz no se alcanza con declaraciones y resoluciones en la ONU”. O sea, ‘ustedes, asambleístas, y lo que piensen, aunque sean mayoría, no tiene ningún valor. La paz la resolvemos los poderosos’. Lo que hace perder el color a Obama es la cuestión del Estado palestino. Pero fue honesto: precisó, por si todavía hay gente no enterada, que la Asamblea General de Naciones Unidas vale cero. Lo que importa es el tamaño del garrote con que se golpea.

Como se ve, la libertad de expresión, en este mundo, está casada con el poder. Para quienes les escasea, está el derecho al berreo. Pero no muy alto ni chirreante. No sea  lo escuche la OTAN o el Vaticano. Que son dos expresiones de lo mismo.

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