Platón, el autor intelectual del totalitarismo

Platón, un anciano filósofo, decía que el gobernante siempre debía ser un “sabio” anciano filósofo, con poderes absolutos, en un Estado ideal que controlara

Platón, un anciano filósofo, decía que el gobernante siempre debía ser un “sabio” anciano filósofo, con poderes absolutos, en un Estado ideal que controlara todo aspecto de la vida de sus ciudadanos. Platón es el autor intelectual del totalitarismo.

En La República y después en Las Leyes, Platón presentó  detalladamente su filosofía política, la cual les ha servido de guía a múltiples gobernantes totalitarios, incluyendo Hitler. Bertrand Russell, después de su visita a la Rusia soviética, afirmó que el paralelismo entre la república de Platón y lo que estaban haciendo los bolcheviques era notorio.

Platón y muchos filósofos posteriores, a diferencia de Sócrates, creían en la elite. Sócrates exigía que todo individuo tomara conciencia de lo que no sabe. En contraste, Platón exigía el gobierno absoluto de los filósofos “sabios”, que serían los únicos intérpretes de la verdad. Desde Platón, quizá la megalomanía ha sido la enfermedad profesional más generalizada entre los filósofos.

Platón inventó una institución que inspiró la Inquisición y llegó a recomendar los campos de concentración para la “cura” de las almas de los disidentes. El Estado ideal de Platón domina la vida del ciudadano desde las relaciones sexuales entre sus padres hasta su tumba: “Debemos prescribir a todos los ciudadanos… un orden de acciones desde que sale el sol hasta el día siguiente de madrugada”.

El principio más importante es que nadie debe vivir sin un líder, a quien se debe seguir fielmente. Que nadie haga nada según su iniciativa propia. Que uno se puede levantar, mover, lavar o comer solo si su líder se lo ordena. Que uno nunca debe soñar con actuar en forma independiente.

La educación pública es la pieza más importante en la sociedad totalitaria de Platón. Es así como “Los padres no tendrán libertad para enviar sus hijos a (cualquier) maestro o abandonar su educación (estatal), por la sencilla razón de que pertenecen más que a sus padres, a la patria”. Además, Platón decía que hay que llevar a la guerra a los niños, acercándolos a la pelea y haciéndoles probar la sangre, como se hace con los cachorros de presa.

La medicina se limitaría “al cuidado de los que han recibido de la naturaleza un cuerpo sano” (Hitler adoptó esto), y se castigará con la muerte a aquel cuya alma es “mala e incorregible”.

Platón dice que el verdadero filósofo es quien ama la verdad, pero él mismo no dice la verdad al declarar esto, porque por otro lado decía que un privilegio del soberano es hacer uso pleno de mentiras y engaños: “Los magistrados (gobernantes) a menudo tendrán que recurrir a la mentira y el engaño en bien de los ciudadanos”.

Luego está esto: “Hay que desterrar  las quejas y lamentaciones”. Platón exige un castigo severo para las personas cuyas opiniones se desvían de las del Estado. Serán juzgadas por inquisidores y, si no se retractan, serán ejecutadas. En asuntos de fe: “El crimen de quienes fingen una religión que no tienen, merece, no una, sino muchas muertes”.

Platón también quiere censurar toda actividad cultural: “Está prohibido a los pintores y artistas… innovar nada, ni separarse en nada de lo que ha sido arreglado por las leyes del país, y lo mismo… en lo relativo a la música”.

Es necesario tener fe en todo lo que dice el legislador. Proclamando que todas las leyes eran buenas, Platón alababa la ley doriana que prohibía a los jóvenes cuestionar cuáles leyes eran  malas. “Solo los ancianos pueden criticar la ley”, decía el anciano Platón. El fin era preparar al ciudadano “para que reciba con… docilidad la intimidación tiránica, que es la ley misma”.

El cultivo de la tierra se deja en los esclavos, que serán tratados  severamente: todo hombre podrá recuperar a su esclavo fugitivo y castigarle como quiera.

Hay otras cosas detestables del pensamiento de Platón, como el control de parejas para que procreen hijos, que no enumero por limitaciones de espacio. Como bien dijo Karl Popper: ¡Qué monumento a la pequeñez humana es la idea de Platón sobre el rey filósofo! ¡Qué descenso desde el mundo de la razón y la verdad hasta el reinado de Platón, del sabelotodo cuyos poderes mágicos lo ascenderían muy por encima de la gente ordinaria, pero no tan alto como para dejar de mentir a cambio del poder sobre otras personas!

Después de esta evidencia la pregunta es: ¿Cómo pueden tantos intelectuales admirar el pensamiento de Platón? ¿Será porque no hay peor ciego que el que no quiere ver?

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