Río revuelto: El posible origen de la “clase media costarricense”

La presente, es la segunda de dos entregas. Algunas apreciaciones al respecto del surgimiento de la “clase media costarricense” e incógnitas acerca de su

La presente, es la segunda de dos entregas. Algunas apreciaciones al respecto del surgimiento de la “clase media costarricense” e incógnitas acerca de su futuro.

La polarización del mundo a mediados del siglo pasado, si bien es cierto generó uno de los momentos de mayor inestabilidad política en la historia cercana, también fue propiciador del auge de la equidad social, al menos, de este lado del mundo. Analicemos esto estratégicamente.

II parte

Pongámonos en los zapatos de los líderes occidentales; necesitamos que el mundo abomine y desarrolle terror hacia el nuevo modelo político que pone en juego la que hasta entonces había sido nuestra única posible realidad. Para lograr esto, solo debemos asegurarnos, como en su momento lo hicieran Goering y Goebbles (pero esto no se puede decir muy a menudo) de resaltar los vicios y las taras del modelo amenazante, así como las barbaries e infamias cometidas por sus líderes. Esta práctica podría equivalerse a las teorías negativas de la pena: “te enseño la terrible consecuencia de tal acto y por ende huirás a realizarlo”. Hasta este punto, ¡perfecto!, fácil, efectivo y relativamente barato. Sin embargo, el aleccionamiento requiere de incentivos. Bien nos enseñó Pavlov, para utilizar un perro como arma, debe dársele de comer bajo los tanques y en el campo de batalla, con una bomba como mochila, dejársele en libertad para que busque su comida. Ahora ¿cómo atacamos la mercadotecnia de este nuevo esquema político? Simple, garantizando (o generando la impresión de que se garantiza) por distintos medios la meta que el “usurpador” pretende. En otras palabras, ¿qué tiene que ofrecer el comunismo? Respuesta: algo llamado “igualdad”. Así, la estrategia de lucha contra el comunismo, necesariamente debía garantizar una sensación similar, tal vez, incluso un placebo. Es en este contexto que surgen los baby boomers, una nueva y enorme generación norteamericana, nacida en la segunda postguerra, bajo el escenario de la guerra fría, que antes de generar enormes capitales privados, tuvo la gracia de ver distribuida la enorme riqueza (botín) producida por la guerra, entre la mayor parte de los integrantes de esta nueva clase social. América Latina imita el modelo y llama a sus miembros: “clase media”.

Ahora, despreciar los logros de tal estrategia, además de barbárico sería absurdo para uno que pretende señalar la brecha social como la peor de las taras de la actual sociedad costarricense. Todo lo contrario, obviando las lisonjas, podemos concluir que dicho proyecto fue rotundamente exitoso. Pero llegaron los noventa. El bloque soviético se resquebraja. En Occidente la clase media pretendió seguir ascendiendo en un escalafón social al que no le nacieron peldaños. Desde la administración Reagan en Estados Unidos, sistemáticamente y producto de su cada vez más consolidada posición hegemónica, se propició el incremento desmedido de capitales privados en detrimento del ya harto estudiado gran logro. Todo porque un principio básico de la economía nos reza que aquello que se coloca a un lado, antes fue removido de otro; no hay generación espontánea en la realidad económica, como no hay creacionismo en biología, ¿o sí?

Si aceptamos –al menos, parcialmente– la tesis expuesta, surge una interrogante de difícil respuesta: teniendo por cierto que el surgimiento de la clase media estuvo en buena medida sustentado en las estrategias de lucha contra la expansión del comunismo; y teniendo presente que el comunismo murió y no resulta más una “amenaza” para Occidente, ¿ha dejado de ser importante para nuestros gobiernos preservar esa clase media? ¿Qué figura como el nuevo y primordial interés de nuestras cúpulas gobernantes?

Cuando los “buenos” persiguen a los “malos”, quizá los que más se benefician son aquellos que ni “buenos” ni “malos” pretenden ser. ¿Qué hacemos sin malos? ¿Qué hacemos sin un comunismo que ahuyentar? Es preocupante. Por fortuna nos han nombrado enemigo nuevo: el Islam (ni tan nuevo a final de cuentas). Lamentablemente, a menos de que resulte aún atractiva la garantía de prohibir la burka o garantizar la libertad para que las mujeres conduzcan automóviles, los de a pie en Occidente seguimos sin recibir una verdadera ganancia con este nuevo enfrentamiento; habrá que esperar qué maravilla mediática nos regala esta ocasión. Como Nolan se atrevería, echando mano del infinitamente explotado recurso “epígrafe-epíteto”, solo sueño con que las aguas se vuelvan a agitar; mientras tanto, confío en que mi tótem no deje de girar.

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