Una verde burla a la inteligencia

Es común que los jóvenes siempre recibamos críticas: nuestros gustos, ya sean musicales, políticos o incluso de vestimenta, son vistos como aberraciones que atentan

Es común que los jóvenes siempre recibamos críticas: nuestros gustos, ya sean musicales, políticos o incluso de vestimenta, son vistos como aberraciones que atentan contra algo llamado “moral” o “buenas costumbres”. Incluso hace poco cuando el Skatedra fue cancelado, el Concejo Municipal de Heredia sentenció que “este tipo de conciertos son incompatibles con la política que queremos para el cantón, para la juventud. Los que van a estos conciertos de música moderna, de pelos largos, salen en el mejor de los casos alcoholizados y otros drogados, y esto da pie a disturbios”.

La verdad no pienso que alguien por tener pelo largo deba ser tachado de peligroso o que sólo por asistir a un concierto signifique que uno va a salir drogado: desconozco lo que estos señores de la municipalidad herediana quieren para la juventud, pero me imagino que quieren que nos cortemos “las mechas”, usemos ropa “decente” y que leamos la Biblia por la noches ¡Qué aburrido! ¿Acaso esas personas fueron alguna vez jóvenes?

Sin embargo, cuando se acercan las elecciones municipales todos los partidos corren para atraer nuestros votos: sólo nos toman en cuenta cuando les interesa: lógico. Los mechudos/delincuentes descarriados/anarquistas/viciosos nos convertimos entonces en votos que los políticos estarán dispuestos a hacer de todo, hasta malabares, para obtenerlos.

Mi banda fue invitada a tocar en un festival llamado Alajuela para vos. Nos fue informado que el objetivo del evento era que las personas votaran en las pasadas elecciones; aunque estábamos decepcionados de la política nacional, decidimos tocar, ya que todo indicaba que muchas personas llegarían.

El día del festival llegué faltando una hora para que tocáramos, pero me lleve una muy desagradable sorpresa: el evento era del Partido Liberación Nacional; esto me extrañó mucho, ya que en el periódico La Nación de ese mismo día, decía que el festival era para promover el voto en las elecciones municipales. ¿Engaño vergonzoso? No lo sé.

Ya no había marcha atrás y no me quedaba  más que tocar, a pesar de que preferiría morir mutilado, antes que votar por ese partido. Después de que mi banda finalizara de tocar la primera canción, un hombre tomó un micrófono y nos echó burlonamente del escenario,  diciendo que no había tiempo: no dijo gracias ni nada, como si hubiéramos rogado por tocar allí. Con las demás bandas hizo lo mismo. Pedí hablar con el encargado y el tipo, al ver lo enojado que estaba, me empezó a prometer que nos seguirían llamando para tocar en diferentes lugares, que todo había sido un error… ¡Como si no conociera a los políticos!

Las gotas de sudor del joven que nos había llamado delataban su vergüenza, pero él nada podía hacer. Después de la ridícula “guerra de bandas”, subió al escenario un hombre  presumiendo haber dejado las drogas, que se dedicó a lanzar chistes homofóbicos como por media hora.

La verdad no entiendo como un partido que pretende atraer el voto de los jóvenes, es tan poco serio en lo que hace. A pesar de que a una banda se le denomine de “garaje” o “principiante”, esta merece el respeto de cualquier persona: la integridad artística debe permanecer intacta. Sólo debemos recordar la respuesta que dio un juez, cuando Salvador Dalí fue llevado a la corte después de romper un escaparate, que había diseñado, al ser clausurado por atraer la atención de las personas que lo miraban: la integridad del artista se respeta sobre todas las cosas.

Me di cuenta con esto, que los políticos sólo se acuerdan de los jóvenes cuando los necesitan y les pueden sacar provecho; después de eso se dedican a cerrar los parques a los que vamos, y a vetar los conciertos de los artistas que nos gustan. Confieso que sigo sin entender por qué si somos tan revoltosos no se olvidan de nuestros votos.

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