La mecanógrafa

Una tarde, mientras sus hijos jugaban en la calle, Nadine Gordimer escribía en su cuarto propio. Hacía ya algunos años que comenzaba a ser

Una tarde, mientras sus hijos jugaban en la calle, Nadine Gordimer escribía en su cuarto propio. Hacía ya algunos años que comenzaba a ser reconocida mundialmente como una de las mayores exponentes de la literatura sudafricana. Su obra se difundía y traducía en varios países a la vez que era censurada una y otra vez en el suyo. Las autoridades locales tenían miedo y perseguían a esta escritora blanca que eligió plasmar en su obra las desigualdades sociales, los conflictos interraciales y las contradicciones humanas de una tierra dividida por el apartheid. Gordimer hacía caso omiso tanto de los festejos como de las cadenas y seguía escribiendo. Y esa tarde, cuando sus hijos jugaban en la calle, un amiguito le preguntó a uno de ellos a qué se dedicaba su madre. «Es mecanógrafa», le contestó.

Nadine Gordimer nació en 1923 en una tierra de fuego. Y no es una metáfora. Springs, provincia de Gauteg, era una población minera cercana a Johannesburgo donde la autora creció en una familia de inmigrantes de clase media. Su padre era un relojero judío que había emigrado de Lituania (en ese momento formaba parte del imperio ruso) y su madre una londinense instalada en la colonia. Su infancia transcurrió entre el sopor de una vida suburbana y el descubrimiento temprano de la literatura y de una estratificación económica y social basada en el origen y la raza.

«Crecer en una parte de un vasto país, puede ser muy diferente a crecer en otra parte. Y en Sudáfrica esta diferencia no es sólo una cuestión de geografía. La división de las personas en dos grandes razas (blancos y negros) y la subdivisión de los blancos en quienes hablan el afrikaans y el inglés, brindan una diversidad cultural que puede hacer que dos niños de distintas partes del país se sientan frente a un extranjero». Así comienza el primer ensayo de Telling Times (W.W. Norton, 2010), la reciente recopilación de la obra de no ficción de la escritora que ganó el premio Nobel de Literatura en 1991, y que aún no se ha traducido al español. Un libro donde el lector tiene acceso, por primera vez, a casi la totalidad de artículos, ensayos, conferencias y crónicas de una autora que dedicó su vida a cuestionar y narrar su tiempo. Publicados en diarios y revistas culturales de Sudáfrica, Estados Unidos e Inglaterra entre 1954 y 2008, estos textos recorren el pensamiento filosófico, literario y político de Gordimer y se transforman en piezas fundamentales para entender su producción ficcional.

CARTAS DESDE SUDáFRICA. Casi la totalidad de la obra novelesca y gran parte de los relatos de Gordimer van acompasados con la historia de su país. La situación política y social de Sudáfrica, las injusticias del apartheid, las relaciones de amor -imposibles- entre negros y blancos son los temas que vuelven, bajo distintas formas, a ser tratados y analizados por la autora.

En su primera novela, The Lying Days (1953), que no fue traducida al español, la autora narra el despertar político de una joven blanca en medio de la aparente apacible vida de un pueblito sudafricano. Esta obra -la única de corte autobiográfico- ya sienta las bases de la escritura de Gordimer. Una escritura concisa y sin adornos que investiga en los personajes mostrando sus ambigüedades, dando cuenta de las distintas relaciones de poder. Un intento de nombrar lo innombrable en un país donde el Otro es invisible, ha sido despojado de su voz.

Entre sus novelas más representativas figuran Mundo de extraños (1958), Ocasión para amar (1963), Un invitado de honor (1970), El conservador (1974) y La hija de Burger (1979). El conservador, que explora la cultura zulú y el mundo de los industriales blancos, le valió el premio Booker Prize y ha sido festejada por la crítica como su novela más densa y poética.

LOS NEGROS POR EL FONDO. Muchas de las reflexiones que aparecen como tela de fondo en su obra ficcional, ocupan el centro de los artículos de Telling Times. Ordenados cronológicamente, el lector puede hacer un recorrido por la historia sudafricana de los últimos cincuenta años.

Instalada en Johannesburgo desde los 23 años, Gordimer se convertirá en una cronista de la vida cotidiana de la ciudad y a su vez en una férrea militante política. Los artículos que aparecen en Telling Times están dirigidos, en su gran mayoría, a los extranjeros. La autora describe en ellos, de manera casi didáctica, la realidad de su país y de su ciudad, que, según ella, es donde se dan las mayores desigualdades y contradicciones de Sudáfrica. Así lo explica en el ensayo «Apartheid», que data de 1959.»Los hombres no son hermanos, tienen que descubrirse unos a otros, y es este descubrimiento lo que el apartheid busca prevenir. ¿Qué es el apartheid? Depende de quién sea quien responda. Si se le pregunta a un miembro del gobierno sudafricano dirá que es un desarrollo separado y paralelo de los blancos y los negros -esta es la definición oficial y legal. Si se le pregunta a un blanco que apoya esta política responderá que es la forma de mantener blanca a Sudáfrica. Y si se le pregunta a un negro las respuestas coincidirán con las prácticas del apartheid que experimentaron ese día. Porque para las personas negras el apartheid no es ni una ideología ni una política sino un contexto en el cual toda su realidad está inmersa: su educación, su trabajo, sus relaciones.»

En este artículo, Gordimer da una idea muy clara de cómo era la vida en Johannesburgo bajo esta política. La parte «blanca» de la capital sólo era accesible para los negros desde las puertas traseras de las casas. Los negros no tenían acceso ni a los bares, ni a los restaurantes ni a los museos. La vida «real» de la comunidad sudafricana estaba totalmente vedada para la mayoría de los habitantes de su país. Así, Gordimer se cuestiona cómo muchos de sus amigos negros, varios de ellos profesionales, no podían ver una película ni tomarse un café con ella en la calle. Ni siquiera tenían derecho de compartir juntos un paseo por la vía pública.

Este ensayo es el primero de una serie que podría llamarse «Vida en Johannesburgo» y que recorre todo el libro dando cuenta de la vida cotidiana y política y los cambios que va sufriendo el país. Así como la primera parte del libro está centrada en los aspectos colonialistas y de la segregación, la última está más enfocada en la violencia persistente de su ciudad, la inseguridad y el sida, una de las preocupaciones más fuertes de la autora en los últimos años.

GESTO ESENCIAL. En la obra de Gordimer, separar el aspecto político del literario no sólo no tiene sentido sino que es imposible. Estos se tocan indefectiblemente formando una trenza que podría llamarse «literatura comprometida» pero sin embargo nunca cae en lo panfletario. Esto aparece explicado en varios artículos de Telling Times donde la autora se centra más en la literatura, en las obras de sus coetáneos y sus referencias literarias y en particular en un tema que la obsesiona: la censura. Estos ensayos, muchos de ellos de corte teórico, muestran la gran erudición de la autora y su preocupación por estar al tanto del acontecer artístico de su tiempo.

En varios de estos artículos Gordimer se interroga sobre cuál es el papel del escritor y de la literatura en la segunda mitad del siglo XX y en particular qué relación debe establecer un autor con el mundo que lo rodea. De esta forma, sus artículos y conferencias van acompasados y cuestionan las modas literarias y teóricas del momento, a la vez que exponen su forma de hacer literatura, lo que ella denomina «el gesto esencial».

Gordimer, que empezó escribir a los 9 años -como cuenta en uno de los pocos artículos autobiográficos de esta recopilación «A Bolter and the Invisible Summer»- comenzó su labor literaria por la necesidad de traducir en historias lo que percibía en su entorno. Y con la narración de historias vino una «responsabilidad». Esta doble tarea, la de escribir ficción y preocuparse por la realidad, aparece descrita como un «gesto esencial» que recorre toda su obra. Gordimer se cuestiona sobre cómo el escritor puede permanecer en el «Edén de la creación» y mantener su libertad creativa y a su vez comprometerse con su tiempo e intentar ser un agente de cambio de su sociedad. «El escritor está en la eterna búsqueda de cómo articular su relación con la sociedad. En todo el mundo el escritor necesita ser dejado tranquilo a la vez que necesita una conexión vital con los demás.»

Para Gordimer, esta búsqueda, que acompaña a los escritores de todas las épocas y culturas se resume en «la transformación de la experiencia». Se trata de transformar la experiencia propia y la de su entorno en obras artísticas, en una literatura que actúe como catalizador de la historia. Una tarea que Nadine Gordimer viene cumpliendo con honores hace más de cincuenta años, como se demuestra en esta nueva recopilación de sus textos en el inglés original.

Tomado de El país cultural.

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