Desarrollo excluyente en Guanacaste se volvió un fiasco

Virginia Rojas tiene un pequeño restaurante en playa del Coco y en los últimos meses sus ventas se han visto reducidas en un 70%,

Convertida hasta hace un año en un desordenado emporio turístico e inmobiliario, la provincia de Guanacaste sufre ahora el rigor de la crisis económica.

Virginia Rojas tiene un pequeño restaurante en playa del Coco y en los últimos meses sus ventas se han visto reducidas en un 70%, no solo porque la crisis económica ha provocado una reducción de los turistas que llegan allí, sino también porque ha dejado de venderle a los trabajadores que construían infraestructura turística, ahora paralizada.

El auge económico en torno a la actividad turística, que movía hace un par de años a la provincia de Guanacaste a un ritmo frenético, por la coyuntura económica se ha convertido en un fiasco para la población, la cual ve ahora cómo se acentúan sus  problemas, en un marco de desarrollo que es calificado como excluyente por el sacerdote Ronal Vargas, director de la Pastoral Social de Liberia.

Lo estima excluyente porque dentro de este tipo de desarrollo, la población en su mayor parte no deja de ser mano de obra barata en labores de construcción y de servicios, para una industria que está en buena parte en manos de extranjeros y orientada a atender al turismo internacional, afectado por la crisis mundial.
El coletazo de esta contracción económica no tardó mucho en llegar a Guanacaste y así se pudo apreciar en un recorrido de tres días hecho por este Semanario, por diversos puntos de esta provincia, que aparece en los estudios con los índices más bajos de desarrollo en diferentes campos.

Consultas hechas a personas, a las municipalidades de Liberia y Santa Cruz, a hoteleros, a microempresarios, a la Defensoría de los Habitantes y otras, confirmaron el incremento del desempleo, la suspensión de obras constructivas, la solicitud de asistencia socioeconómica y la pobreza en general.

Cabe recordar que hace poco más de dos años, UNIVERSIDAD realizó un recorrido similar para recoger criterios sobre el impacto del desarrollo inmobiliario sobre el ambiente y la cultura guanacasteca (véase ediciones 1698 y 1700).

En aquel entonces, quedó en evidencia que con la llegada masiva de extranjeros a comprar tierras, se daba una preocupante pérdida de la cultura y de las propiedades de la población, sin que el nuevo modelo de desarrollo beneficiara a los lugareños y con un impacto ambiental severo, provocado por el irrespeto a la normativa de la construcción y de los recursos naturales.

La parte positiva de esta crisis es que la desaforada construcción se encuentra “congelada” en este momento –al igual que el comercio inmobiliario-, aunque es difícil que las fuerzas económicas y políticas de la región aprovechen para replantear el nocivo modelo de desarrollo impuesto, estima el vicepresidente de la organización ambientalista Confraternidad Guanacasteca, Gadi Amit.

MÁS POBREZA

En relación con el impacto de la crisis económica, el director de la Pastoral Social de Liberia, Ronal Vargas, comentó que un buen indicador es que a la casa cural de las iglesias y a sus obras de bien social, se presenta una mayor afluencia de personas en busca de ayuda.

Como parte de su labor pastoral, el sacerdote dijo que está en comunicación con diversas personas de la provincia, que le preguntan si sabe de algún puesto de trabajo, ya que se encuentran desempleados y en una difícil situación.

Contó del caso de una familia en la comunidad fronteriza de La Cruz  integrada por 8 hermanas, de las cuales hasta hace poco 7 trabajaban y una se hacía cargo de atender a sus padres. Ahora solo 3 de ellas tienen empleo.

Para Vargas, otro indicio es la baja en los montos que se recaudan en las colectas de las iglesias. “La gente es más generosa cuando le va mejor, pero cuando la está viendo feo disminuye la recaudación”, acotó.

En el caso de la parroquia a su cargo, el sacerdote calculó que de unos ¢300.000 que recibía por semana en donaciones, ahora el promedio ronda los ¢200.000.

Como dato curioso, contó que durante la pasada Semana Santa hubo una mayor participación de las personas en las distintas actividades religiosas, y eso lo interpreta no como un aumento de la fe, sino porque en esos días había menos gente trabajando por el desempleo, sumado a que cuando hay crisis los fieles buscan más apoyo espiritual.

Por otra parte, Vargas piensa que aunque los datos oficiales no lo dicen, el más afectado por el desempleo en esta provincia es el sector inmigrante -en especial el indocumentado-, que es utilizado como mano de obra en los proyectos inmobiliarios, muchos de ellos cancelados o paralizados.

Otra consecuencia de la recesión la percibe en las manifestaciones de alcoholismo: más consumo y presencia de borrachos en las calles, aunque en los bares se mira menos clientes, debido quizá al interés de ahorrar un poco y no tanto por la Ley de Tránsito, pues allí los controles no son tan estrictos.

Externó preocupación además por un mercado visible y abierto de prostitución en el parque de Liberia, lo cual antes no se daba y que es una señal de que esta actividad también sufre los embates económicos, por lo cual las mujeres ven reducidos los ingresos que en muchos casos dan sustento a sus familias.

Un aspecto positivo que para Vargas surge de esta coyuntura difícil, es que algunas personas están volviendo a prácticas que habían abandonado, como sembrar en sus propiedades cultivos que le sirvan para su alimentación.

En cuanto a la posibilidad de replantear el modelo de desarrollo, el Director la Pastoral Social se muestra poco optimista, pues no visualiza un interés por parte de las autoridades gubernamentales de evaluar el fenómeno del turismo y del auge inmobiliario en la provincia.

Tampoco cree que esta iniciativa salga de las municipalidades: “En primer lugar, creo que en Guanacaste hablar de gobiernos locales es un término inadecuado. Aquí lo que hay son títeres del partido en el gobierno, porque prácticamente no hay ninguno, con la excepción honrosa de la municipalidad de Abangares, que no depende de ningún diputado en la Asamblea Legislativa para tomar sus decisiones”.

Fustigó al ayuntamiento liberiano, porque “tiene una millonada acumulada y casi no invierte en la población, en infraestructura. Estoy atendiendo una comunidad que se llama Martina Bustos, con una población de más de 200 personas y no tienen agua potable, aquí en el centro de Liberia”.

Respecto del Gobierno, afirmó que tampoco le interesa evaluar el turismo, porque ellos tienen claro que “es el mejor producto que tiene Costa Rica y a costa de lo que sea hay que promoverlo”. Es necesario reflexionar si el “progreso” para unos pocos, lo ha sido también para la provincia, dado que si se ven las estadísticas de desempleo y la situación laboral, es notorio que el desarrollo no ha sido para todos, sino para unos pocos, cuestionó.

En este sentido, citó el caso del conflicto surgido por el acueducto en Sardinal, en donde la comunidad se opone a que pongan en peligro su abastecimiento, en aras de suplir de agua a los proyectos hoteleros en playa del Coco.

Agregó que ese malestar comunal ha llenado de preocupación a los inversionistas y una situación parecida se podría presentar con el acueducto de Liberia, cuando deba abastecer al complejo comercial Solarium, que se construye frente al aeropuerto internacional.

LA CRISIS APRIETA

Por su parte, el coordinador de la Sede Regional Chorotega de la Defensoría de los Habitantes, Marvin Alpízar, cuando se refirió a los efectos de la crisis en Guanacaste, lo primero que se le vino a mente fueron las intervenciones que tuvo que hacer esa oficina, a favor de unos 60 trabajadores –de 150- que quedaron desempleados hace algunos meses, luego de que una empresa dedicada a elaborar productos con sábila cerró sus puertas sin previo aviso, a pesar de que estaba en régimen de zona franca.

Según el funcionario, lo acontecido con esta empresa podría servir como experiencia de una seguidilla de casos que se podrían dar en el futuro, ante la crisis económica que enfrenta el país y el mundo.

Su preocupación no es gratuita, ya que por una solicitud de intervención que recibieron recientemente, hay una conocida empresa de construcción –cuyo nombre prefirió no revelar- que empezó a fallarle a sus trabajadores con los pagos y que podría dejarlos desamparados como ocurrió con el caso anterior.

Alpízar detalló que otros efectos del declive económico se manifiestan en una solicitud recibida hace unos días, para que la Defensoría de los Habitantes intercediera ante uno de los bancos del Estado, debido a su desatención e intransigencia para atender la gestión de una persona que deseaba un arreglo de pago por un préstamo.

Otra perspectiva la situó el funcionario en el rubro inmobiliario, en el que recordó que hace poco tiempo en la zona Liberia era difícil para una empresa o persona, alquilar locales u hospedajes, debido al auge económico y a la alta demanda por estos espacios. Hoy, por el contrario, se pueden ver rótulos de alquiler e incluso los costos han bajado.

Alpízar no descartó que con la acentuación de la crisis empiecen a llegar a la delegación de la Defensoría, personas con problemas para pagar servicios básicos como agua, electricidad o teléfono.

Nos damos cuenta de que las instituciones no están facilitando arreglos de pago, algo que se hace muy necesario en una situación como la actual, y prueba de ello es que en lo que va del año crecieron en un 25% las solicitudes de intervención a la Defensoría, añadió.

Puso como ejemplo lo indispensable de una actitud negociadora, y recordó el logro alcanzado por esa oficina ante las entidades de servicios públicos en la región, para que no incorporaran montos pendientes en el último recibo al cobro, en razón de que se impedía pagar esa factura y eso implicaba la corta del servicio. Con esto se facilita un arreglo de pago para el usuario.

Alpízar sostiene que de la mala situación económica, hay que sacar lo positivo y darse cuenta de que el desarrollo desordenado y que “llegamos a calificar de excluyente”, finalmente no le estaba significando beneficios a la población.
 
“La población se siente desprotegida porque no ha recibido beneficios reales y ante la crisis las grandes empresas lo que hacen es irse, cerrar, y dejar en el desamparo a las personas que debieron haber recibido un beneficio importante de ese desarrollo”, criticó.

También fustigó que si bien había fuentes de empleo con la industria inmobiliaria y turística, la calidad ha dejado mucho que desear y no ha aportado gran cosa a que las personas salgan del subdesarrollo, sumado a que se dan casos de explotación laboral, consignados en denuncias porque no se pagan salarios mínimos, ni se asegura a los trabajadores ni se les cancelan prestaciones y horas extras.

El alcalde de Liberia, Carlos Marín, confirmó la contracción de la economía e hizo ver que en los últimos meses es frecuente que personas lleguen a ese municipio en busca de trabajo, algo que no era común hace cinco meses.

Marín aseguró que por información recibida de empresarios y hoteleros de la provincia, los puestos de trabajo los han reducido por motivo de la recesión, la cual  también se hizo patente en la pasada Semana Santa, cuando los hoteles no se llenaron como en años anteriores.

Hasta ahora las finanzas del ayuntamiento no han sufrido por la merma constructiva, ya que Liberia no tiene grandes ingresos por proyectos en sus playas, aunque el Polo Turístico Papagayo tiene paralizado su desarrollo desde enero pasado.

En la Municipalidad de San Cruz, dijeron que la situación de sus habitantes registra también un deterioro en lo socioeconómico, que se refleja en un acrecentamiento de las peticiones de ayuda.

Andrea Gutiérrez, encargada del Área de Gestión Social de esa municipalidad, explicó que la población a la cual le toca atender tiene como denominador común los problemas económicos, y con la reducción en las fuentes de empleo su situación se agrava, por lo que aumentan sus necesidades de asistencia.

La mayor parte de las personas que atiende son peones de construcciones o jornaleros, y en el caso de las mujeres son empleadas domésticas en su mayoría. En numerosos barrios de Santa Cruz impera el desempleo, los hogares con solo una cabeza de familia, las madres solteras, y con muchos hijos.

Griselda García, encargada de la Oficina de la Mujer y quien comparte la oficina con Gutiérrez, clamó para recibir un mayor apoyo del Concejo Municipal y de la Alcaldía, con el fin de contar con un presupuesto más grande que los ¢10 millones anuales que destina el ayuntamiento para ayuda social, que permita dar algo más que los ¢50.000 anuales que como máximo pueden dar a una persona y brindarles capacitación para crear microempresas.

Por otro lado, pese a la recesión, algunos piensan que aquí hay mejores condiciones que en otras partes del país, como es el caso de Cornelio Guzmán Martínez, un nicaragüense que vive en Costa Rica desde 1998 y quien trabajó en fincas bananeras.
El inmigrante se dedica desde hace 7 años a cuidar carros y vivía en Alajuela hasta hace 4 meses, cuando se trasladó con su esposa y un hijo menor  de edad a playa Tamarindo, en busca de trabajo más constante.

Guzmán siente que la crisis ha afectado sus ingresos -que oscilan entre ¢40.000 y ¢50.000 por semana- y el costo de la vida sube. Sin embargo, por su edad dijo que prefería dedicarse a cuidador de carros y no atarse a un cansado trabajo de construcción, que para muchos en este periodo de “vacas flacas” –como lo ha llamado el Gobierno-,  sería una buena opción.


Turismo se contrae

La crisis golpea a los empresarios

Francisco Morales es un microempresario de transportes en Guanacaste, que ante la merma del turismo ha diversificado su actividad empresarial con la prestación de servicios de mantenimiento a casas de extranjeros y el traslado de estudiantes.
Con oficina en playa Panamá, su microempresa “Blue Marlin” consta de 5 personas, 3 de ellas conductoras y 2 dedicadas a mantenimiento.

Morales explicó que en un 90% su empresa tiene como clientela a extranjeros turistas, cuya afluencia al país se ha visto reducida considerablemente en los últimos meses por  la crisis económica.

Según el transportista, de un promedio de 8 vuelo diarios que llegaban al aeropuerto internacional en Liberia, ahora aterrizan de 4 a 6 aviones por día.

Morales comentó que este año “empezó a media máquina” en comparación con años anteriores y muchos turistas se quedan metidos en los hoteles, por lo que no demandan transporte, en un sector que por la bonanza anterior hay sobreoferta de servicios y que no permite entonces aumentar las tarifas.

Otra que resiente el impacto de la crisis es María Rojas, dueña del pequeño restaurante Jardín Tropical, ubicado al final de la calle principal de playa del Coco. Con 11 años de alquilar el local, ella lo atiende con el apoyo familiar de otras 3 personas.

Rojas afirmó que desde hace unos 8 meses sus ventas han bajado en un 70%, no solo por la disminución en la llegada de turistas, sino por la contracción constructiva que ha golpeado en especial su restaurante, ya que muchos empleados de construcción acudían a comer en su negocio.

La paralización de obras en proyectos inmobiliarios es bastante visible al recorrer las distintas playas de esta provincia y no en vano la fábrica mexicana a de cemento CEMEX en Costa Rica, anunció recientemente el despido de 50 empleados y el cierre de cinco plantas, ante la caída en la demanda de sus productos y servicios.
 
Corbin Van Druff, un empresario estadounidense de la construcción y con varios años de laborar aquí en ese campo, dijo a este Semanario que hay una sobreoferta de casas vacías.

En el sector costero llamado Vistas del Pacífico en donde vive –cerca de playa Panamá-, Van Druff detalló que los precios de edificios y viviendas en las sectores urbanizados han bajado mucho por la crisis, pero no hay personas interesadas en comprar; anunció que estos costos seguirán bajando y mientras tanto, la construcción se mantendrá detenida.

Otro que vive en esta zona es Gadi Amit, vicepresidente de la agrupación ambientalista Confraternidad Guanacasteca, para quien la paralización inmobiliaria debería servir para reformular este tipo de desarrollo y hacerlo sostenible desde el punto de vista ambiental y humano.

Amit aboga por una moratoria para proyectos mayores de 150 metros cuadrados de construcción, aunque dijo que la Municipalidad de Carrillo se opone, al aducir que no tiene suficiente personal para llevar a cabo esta vigilancia.

Por otra parte, en el ámbito hotelero la crisis también ha golpeado, como es el caso del hotel Daisyta City & Resort -en la ciudad de Liberia-, en donde han atenuado el impacto gracias a que tienen una clientela corporativa cautiva.

Mario Chamorro, de la gerencia de ventas de este hotel, admitió que sí hay una merma en el turismo, aunque no los ha afectado tanto en razón de que el grueso de su clientela son agentes de ventas o funcionarios de instituciones, quienes por la recesión también han debido reducir sus visitas.
 
Según Chamorro, lo que afecta más a los costos operativos del hotel, son las cargas sociales y las alzas de los servicios de agua y electricidad.  

 

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