Rafael Ortiz, presidente de la Asamblea Legislativa:

Mi trabajo fue siempre negociar para buscar los puntos de encuentro

El abogado alajuelense Rafael Ortiz Fábrega no encasilla en el político tradicional. Reposado y reflexivo en su conversación

El abogado alajuelense Rafael Ortiz Fábrega no encasilla en el político tradicional. Reposado y reflexivo en su conversación desgrana palabras en las que se siente humildad y franqueza.

Antes de estrenarse en mayo del 2014 como diputado del opositor Partido Unidad Socialcristiana y asumir la jefatura de bancada en la Asamblea Legislativa, era un reconocido dirigente de fútbol que presidió la Liga Deportiva Alajuelense.

Ahora como presidente de la Asamblea Legislativa, elegido el pasado 1 de mayo por la alianza de seis partidos opositores que se formó en el Parlamento, resalta que él no ha sido político y que en este nuevo cargo siente la gran responsabilidad de buscar un diálogo franco entre los grupos políticos, para cumplir con la principal tarea que es legislar y contribuir a que el país avance.

Ve, en ese sentido, muy positiva la apertura al diálogo −con todos los partidos− con que ha llegado el nuevo ministro de la Presidencia, Sergio Alfaro, según dijo en entrevista con UNIVERSIDAD el pasado jueves 21, de la cual el siguiente es un extracto.

¿Don Rafael, cómo siente el arranque en su puesto de presidente del Directorio legislativo?

−Los movimientos iniciales han sido como de ubicación. La parte administrativa de la Asamblea Legislativa es compleja; hay muchos aspectos que tenemos que aprender sobre la marcha, decisiones que se deben tomar.

En la parte política, sin duda las primeras decisiones que iban a tener una implicación era el nombramiento de las comisiones de trabajo de la Asamblea. Lo que traté de hacer es que la designación de los diputados se hiciera con base en un criterio técnico y pedí en eso una opinión del Departamento de Servicios Técnicos.

¿Lo logró?

−Salió bien, creo; porque compartimos esa información e hicimos ver que todas nuestras decisiones fueran apegadas a un respaldo normativo. (Aunque) a veces aquí se puede acomodar para un lado o para el otro. Los jefes de fracción son los que te indican prácticamente cómo es que se tienen que conformar las comisiones.

Pero algunos manifestaron cierta disconformidad y hay un recurso de amparo presentado ante la Sala Constitucional…

−Nos presentaron un recurso por no darle proporcionalidad al tema de género en la Comisión de Asuntos Jurídicos. Lo que pasa es que no sé si la gente no sabe que no es que uno lo inventa, sino que es lo que las jefaturas de fracción nos envían. Diría que casi en su totalidad se acomodó bien; en algunas comisiones no se pudo tener ese balance de género porque los mismos partidos así lo indicaron. De modo que en las primeras dos semanas estuvimos con ese tema y miércoles (20 de mayo) terminamos de conformar las comisiones. Ahora bien, está la parte política, donde lo más importante está en ver cómo logramos definir nuestra propuesta de agenda.

¿Cómo va a ser esa agenda?

−Lo tradicional ha sido que los partidos proponen un número de proyectos, pero no necesariamente se garantiza que van a salir aprobados, porque tienen puntos contrapuestos que chocan. Hoy (jueves 21) les pedí a los jefes de fracción que cada partido enviara algunos proyectos, para ver dónde hay coincidencias. Tratamos de construir una agenda; no tengo idea de cuántos proyectos podrían ser, pero ojalá que al menos haya entre cinco y diez proyectos que tengan un impacto y viabilidad política.

¿Por ejemplo?

−Por ejemplo algunos convenios internacionales muy importantes para generar inversión y trabajo; otros tienen que ver con temas de medio ambiente. Uno muy importante tiene que ver con inversiones de China; ellos tienen un plan de desarrollar lo que se llama zonas económicas especiales, en áreas de menor desarrollo del país.

¿Usted lo que estaría buscando es garantizarse que los proyectos que se incluyan en esa agenda tengan los votos para ser aprobados?

−Sí, y si por A o por B no lo fueran −no es que necesariamente todos se tengan que aprobar−, por lo menos que no haya una intención de que no lleguen a votarse. La propuesta es que haya proyectos que lleguen a votarse. Es que hoy en día vivimos un régimen que casi que nos obliga −lo cual no es malo− a buscar esos acuerdos, de que por lo menos sean proyectos en los que, aunque no vaya a votar a favor (el legislador), pueda vivir con la situación de que se apruebe. De lo contrario, con la normativa del Parlamento, si algún diputado o grupo de diputados no quiere que un proyecto llegue a discutirse, tienen todos los mecanismos para que este duerma el sueño de los injustos, porque no es el sueño de los justos.

Ustedes dijeron que la alianza multipartidaria que buscaban hacer no era para repartirse los puestos del directorio legislativo, si no para impulsar un acuerdo en torno a una agenda de proyectos necesarios para la marcha del país. ¿Quiere decir que no hubo tal agenda, apenas la están haciendo?

−Sí la hubo. Cada partido tiene su agenda. El acuerdo que se firmó (entre los seis partidos opositores que integran la alianza opositora que ganó la directiva del Parlamento el pasado 1 de mayo) era un acuerdo más de carácter conceptual, sobre ciertos temas que queríamos presentar, pero no estaba definida punto por punto. Sí teníamos puntos que nos unían, fundamentalmente en el tema de impuestos. Precisamente ese es otro punto en que hemos estado trabajando.

Tenemos que aprovechar para poder ir creando un clima de confianza y de diálogos, que nos puedan llevar, por ejemplo, a lo que para mí es fundamental ahora: a una ruta para ir aprobando los proyectos de reforma fiscal, y que hemos definido en principio, que pasa por lo que tiene que ver con el gasto.

¿Esa discusión la van a mantener centrada en hablar contra el gasto y contra el aumento de impuestos, o van a permitir también la discusión otros elementos de la reforma fiscal que propone el Gobierno, como los proyectos para mejorar la recaudación y combatir la evasión fiscal?

−La reforma fiscal tiene que ver con cómo recaudar mejor, hacer más eficiente el gasto, al igual que la parte impositiva. En este momento, para tener un ambiente político más favorable para ver lo que menos nos gusta −porque a nadie le gusta pagar impuestos, y los ticos somos quitados para eso− hay que trabajar en esos cinco o seis proyectos, que tienen que ver con exoneraciones, pensiones, ley de contrabando, fraude fiscal, el cual es un proyecto que urge, porque probablemente permitiría que Tributación recaude más.

¿Por ahí empezarían?

−Por ahí se empezaría, porque lo que han dicho algunos organismos internacionales es que ellos creen que el tema pasa por la reducción de gastos −de una parte− y por impuestos −de otra−.

¿Sobre el tema fiscal hay diálogo con el Gobierno?

−Propiciamos una reunión a través del despacho con el Poder Ejecutivo, y algunos de los diputados que estaban más opuestos, específicamente en el caso de Antonio Álvarez en el proyecto contra el fraude fiscal, lograron, por primera vez en un año, reunirse el señor ministro de Hacienda y vicepresidente (Helio Fallas) y sus viceministros, con los diputados más opuestos en Liberación Nacional. Se ha conversado y se ha fijado la posibilidad de establecer una ruta de avance en cuanto a esos proyectos.

Lo que he expresado tanto al Gobierno como a los jefes de fracción con que nos reunimos, es que en estos próximos tres meses de sesiones ordinarias aprovechemos para aprobar una serie de proyectos, de estos cinco o seis, que tienen que ver con el gasto. Es muy importante ir trabajando desde ahora en el proyecto de presupuesto nacional, para que cuando venga a la Asamblea en setiembre haya lo que no hubo el año pasado. No es bueno que un proyecto de presupuesto caiga como una bomba encima de la Asamblea Legislativa el 1 de setiembre. El consejo que les he dado a los que integran la Comisión de Hacendarios es que vayan viendo por dónde viene el asunto. Obviamente, primero está la responsabilidad del Ejecutivo. Entiendo, por lo que nos han dicho, que va a ser un presupuesto más apegado a la realidad fiscal que tenemos. Este es un tema que se tiene que manejar con mucha prudencia y mucho patriotismo. En algún momento habrá sectores que tienen que entender que también hay un riesgo muy grande. Las señales que le hemos mandado a la comunidad financiera internacional es que nunca tomamos estas decisiones y eso sí puede tener un efecto complicado, de cara a cómo nos evalúan las calificadoras de riesgo. Este es un país que todavía para poder alivianar su deuda tiene que salir a pedir prestado afuera, y cuando pide prestado con una calificación de riesgo no muy buena eso sube los intereses y es un efecto dominó.

¿Por otro lado, si no han definido una agenda puntual, cómo es que se habla de que la alianza opositora va a resucitar el proyecto de contingencia eléctrica del gobierno pasado (que amplía la generación privada)?

−Esa agenda no se ha definido. Hay grupos dentro de la Alianza que tienen un mayor interés de que el tema de contingencia eléctrica avance, y obviamente hay diputados como don Otto Guevara que lo impulsa. Hoy el Instituto Costarricense de Electricidad nos habla de que tenemos resuelto el suministro eléctrico hasta el 2025, pero presupone que se realice el proyecto hidroeléctrico Diquís (paralizado a la espera de una consulta a pueblos indígenas), pues si no habría que buscar otras fuentes. Comparto con el ministro de Ambiente (Edgar Gutiérrez) que las fuentes de agua el cambio climático las está afectando. Lo que uno se pone a pensar es cómo podemos con mayor facilidad desarrollar esas fuentes alternas. Lo otro es establecer regulaciones, porque la mayor preocupación que yo tendría es hasta qué nivel el privatizar eso y dejarlo en manos privadas eventualmente pueda manipularse el precio; pero esos son elementos que se pueden controlar. Creo que lo que se comparte es una visión de cómo podemos bajar las tarifas eléctricas; es un tema que en la agenda tendremos que incorporar; eso evidentemente tendrá que pasar por la prueba de la viabilidad política; es evidente que hay grupos políticos en la Asamblea que no lo van a facilitar. Creo que todos compartimos la preocupación de que en el país las tarifas eléctricas han subido mucho, que podríamos manejar una matriz energética más diversificada en cuanto a las fuentes, que no sean solo hidroeléctricas. Deberíamos lograr que las tarifas bajen, porque hay una realidad que las tarifas eléctricas en Costa Rica son mucho más altas que en otros países de Centroamérica.

Se discuten cifras que ponen en duda que eso sea cierto…

−Hay una discusión de si es por una cosa u otra, pero la realidad es que si yo pongo aquí una fábrica voy a pagar más que en Nicaragua o en Panamá. Me dicen que ahí se hace con energía fósil, o que es subvencionada, pero la realidad es que vivimos en un mundo donde competimos con otros países. Entonces, la preocupación nace de cómo podemos establecer una matriz energética más diversificada, y en eso concuerdo con el ministro de Ambiente: que tengamos cada vez una mayor participación de energías alternativas en las casas. Hoy en día eso está paralizado y esto ni siquiera tiene que ver con que si le vamos a ampliar el espectro a los generadores privados.

¿Siente que tiene posibilidad de facilitar los acuerdos entre los diferentes grupos para aprobar los proyectos durante su presidencia?

−En mi vida me ha tocado, por mi trabajo y por mis cosas, tener mucha paciencia para lograr acuerdos; mi trabajo fue siempre eso, negociar para buscar los puntos de encuentro. Creo que la vida me ha preparado para eso. No he sido político. En realidad hace poco tiempo fue que me involucré en esto. Mi interés es contribuir en estos cuatro años −que voy a estar en esto− a que se logre avanzar en ciertas cosas. El país tiene un potencial muy grande, y creo que nos podemos poner de acuerdo en cosas que no deben verse en un contexto ideológico. Por ejemplo, el tema del tren, que es un proyecto que deberíamos poner de primero, para que hubiera un tren que vaya rápido desde Alajuela hasta Cartago, y en el tema de la infraestructura en general, donde tenemos un rezago.

En una transición

El nuevo presidente legislativo, Rafael Ortiz, ve muy positivo el cambio en el ministerio de la Presidencia por el actual titular, Sergio Alfaro, al que le ve gran apertura para el diálogo con todos los partidos.

“Me parece que él ha empezado con mucha apertura y mucho diálogo con los partidos. En ningún momento he sentido de parte de él que haya una actitud negativa con relación al hecho de que el PAC no esté en el directorio”, afirma Ortiz ante la pregunta de si ha mejorado la comunicación con Zapote.

La misma actitud la siente de parte del presidente de la República, Luis Guillermo Solís. “Me reuní con él y me manifestó que tenían sus resquemores de si nosotros íbamos a asumir una actitud de golpear. Le dije que tenga plena seguridad de que yo no asumí esta posición con el afán de perjudicar a un partido político que no sea el mío y que está gobernando”.

Añadió que aunque es diputado de la Unidad Socialcristiana “con mucho orgullo”, siente que su responsabilidad en su nuevo cargo es ver cómo buscar un diálogo franco y transparente, y que en el momento que se quisiera que asuma una posición de golpear “no aceptaría”.

“Le he dicho al Presidente, véalo desde este punto de vista: hoy hay un bloque de 32 o 33 diputados que antes no estaban unidos. La mala noticia es que se unieron contra el PAC; la buena noticia es que es un bloque que probablemente de una manera más homogénea puede respaldar iniciativas.

Hay una posibilidad de que también podamos buscar encuentros con la fracción del PAC y puntos que el FA quiera desarrollar”, afirma Ortiz.

Su perspectiva es que Costa Rica vive una transición de un régimen presidencialista y de una Asamblea Legislativa muy dominada por el partido de gobierno, a un país en el que al haberse fragmentado las fuerzas políticas tradicionales del bipartidismo, hoy estas no tienen ni 29 votos, lo que obliga a una forma distinta de hacer política. “Si nosotros no entendemos eso, le estamos fallando a nuestro país y a las futuras generaciones”, expresó.

“Podríamos entrar a una situación de un gran desmejoramiento de nuestro régimen democrático y de nuestras condiciones económicas. Siento que esa responsabilidad es grande, pero tengo la convicción de que si Dios o la vida lo pone a uno en algo, es para tratar de responder a esa situación. Y creo que esas cosas se van a ir consolidando y que lo vayan juzgando a uno por los hechos, de que estamos trabajando con esa actitud”, agregó el presidente del Directorio legislativo.

 

Ungido del bloque opositor

Rafael Ortiz Fábrega llegó a la Asamblea Legislativa en mayo del 2014 como diputado principiante por el Partido Unidad Social Cristiana, que lo nombró jefe de la bancada. Su experiencia era hasta entonces como abogado corporativo, administrador de empresas y dirigente deportivo.

Abogado de profesión y con una especialidad en la escuela de negocios del Incae, laboró en la Coca Cola, y en el Bufete Pacheco Coto; fue miembro de la junta directiva de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) y presidente y vicepresidente de la junta directiva de Liga Deportiva Alajuelense.

El pasado 1 de mayo llegó a la presidencia de la Asamblea Legislativa con el voto de 31 (35 al sumarse los votos nulos y en blanco) de los 57 diputados, impulsado por el bloque de oposición que unió la bancada de la Unidad Socialcristiana con el Partido Liberación Nacional, cuatro diputados cristianos y dos del Movimiento Libertario, para impedir la reelección del oficialista Henry Mora, del Partido Acción Ciudadana.

 

 

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