Lucha contra transgénicos necesita más que protestas

Ramón Vera, activista mexicano y miembro de la organización internacional de defensa de los agricoltores GRAIN, felicitó a los costarricences por la lucha que

Ramón Vera, activista mexicano y miembro de la organización internacional de defensa de los agricoltores GRAIN, felicitó a los costarricences por la lucha que ha dado el pais contra la siembra de semillas genéticamente modificadas.

No basta con protestar contra el maíz transgénico: debe haber una prohibición total al ingreso de cualquier semilla transgénica y tener siempre presente que una vez que este tipo de grano entra en el territorio nacional es imposible garantizar la bioseguridad, es decir, que no haya riesgos sobre la vida humana, el medio ambiente y la diversidad biológica.

Así lo manifestó el activista mexicano y miembro de la organización GRAIN-México, Ramón Vera, durante el foro “Organización y resistencia ante el maíz transgénico”, efectuado en el auditorio de Ciencias Agroalimentarias el pasado 17 de abril, en el marco del Día Internacional de la Lucha Campesina.

 

Para el mexicano, las acciones no deben limitarse a gritar contra los transgénicos sino que se debe actuar con acciones concretas contra el ingreso del maíz transgénico para hacer una defensa integral de la autonomía de los pueblos. Para Vera, no se trata solo de la defensa de un proceso biológico sino también de la defensa de un sistema social.

 

Vera felicitó a los costarricenses por plantarse rápidamente ante las pruebas piloto para la siembra de maíz transgénico en el país, después de que el 21 de enero de este año la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad del Servicio Fitosanitario del Estado (CTNBio) anunció la aprobación para la siembra de tres variedades de maiz genéticamente modificadas, en una finca en Chomes de Puntarenas por parte de la empresa D&PL SEMILLAS LTDA, subsidiaria de la transnacional Monsanto.

Tras esa aprobación, más de la mitad de las municipalidades del país se han declarado como territorios libres de transgénicos.

Según Vera, debería prohibirse por completo la entrada del maíz transgénico, de manera que se acepte solamente la semilla que provenga de un canal de confianza. El expositor puso como ejemplo el caso de México,  donde no hubo declaratorias de territorios libres de transgénicos por parte de los ayuntamientos y el Gobierno pudo impulsar lo que calificó como “leyes nocivas”.

Además, recalcó que con la presencia de la semilla transgénica en un territorio se hace imposible garantizar la bioseguridad, pues cualquier ley podría ser superada por la manera en que se dispersan estas semillas tanto manual como ambientalmente.

Vera llamó la atención al estado de emergencia en que se encuentra México, luego de que varias empresas obtuvieron permisos para la siembra comercial de maíz transgénico en un área  equivalente a dos millones cuatrocientas mil hectáreas.  Después de esto México entró en la parte más efervescente de la lucha contra los transgénicos, hasta que se lograron detener los permisos para el cultivo comercial, lo que significó un gran avance en la lucha no solo para México sino también para  todo el continente.

GRAIN, entidad de la cual forma parte Vera, es una organización internacional sin fines de lucro que apoya a campesinos y movimientos sociales en lucha por sistemas alimentarios basados en la biodiversidad.

PALABRAS TICAS

Dos representantes costarricenses explicaron sus puntos en este foro. La primera fue Silvia Rodríguez, catedrática de la Esucela de Ciencias Ambientales de la Universidad Nacional e integrante de la Red de Coordinación de Biodiversidad. Ella expuso sobre la declaratoria del cantón de Santo Domingo como Cantón Ecológico Libre de Transgénico.

En Santo Domingo se propuso no solo una oposición a los transgénicos, sino el impulso de un cantón ecológico, activo, que se reúne para aclarar dudas y conversar sobre el desarrollo de la conciencia ecológica.

Luego, Fabián Pacheco, ecologista costarricense y especialista en agrobiología ambiental, alzó su voz para  demostrar la lucha que se ha llevado en Costa Rica en contra de la entrada de las semillas transgénicas. Este activista asegura que la entrada de estos productos es un paso más a la dirección equivocada, que responde a la exaltación de la propiedad privada y no al sentido de comunidad.

Según Pacheco, “no solo queremos territorios libres de transgénicos, sino también de cualquier otra cochinada que quiere dañar este planeta”. En su opinión, hay que reflexionar acerca de cuál es la comunidad en que se quiere vivir, y no quedarse dormidos en los laureles, para seguir peleando y luchando en contra de la invasión transgénica. Para él, el “amor al patrimonio agrícola es el motor de nuestra lucha”.

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