El Magón premió a un pintor de oficio

Felo García fue uno de los miembros que protagonizaron un giro en la plástica costarricense.  De la mano de otros jóvenes artistas en la

Por las venas de Rafael “Felo” García Picado corre la sangre de un artista cuyas facetas creativas han sido intensas, notables e innovadoras.  Como pintor autodidacto, arquitecto y deportista, el ahora designado Magón 2008 recibió este premio con el regocijo de hablar con amigos de toda una dedicada al arte.

Felo García fue uno de los miembros que protagonizaron un giro en la plástica costarricense.  De la mano de otros jóvenes artistas en la década de los años 60 del siglo XX, provocó las más reacias opiniones al exponer su obra abstracta, al punto que en sus inicios fue rechazado e incluso, muchos iban a las exposiciones del joven García para reírse de su propuesta estética.

Pese a aquellas amargas experiencias, García y el Grupo Ocho continuó dando la batalla.  Hoy, 48 años después del osado enfrentamiento a los defensores de la estética figurativa que predominaba, García levantará la estatuilla que se le entrega a los máximos hacedores de cultura.

La escogencia de García fue unánime.  Sandra León, Mabel Morbillo, Jorge Trejos, Eduardo Ulibarri y Alberto Cañas consideraron que el rol del pintor desde el Grupo Ocho “se lanzó a renovar las artes plásticas costarricenses, principalmente la pintura.  No fue su propósito desconocer a la generación precedente, usualmente llamada generación nacionalista”.  Además, desde ahí “contribuyó a inaugurar, por así decirlo, el arte abstracto en Costa Rica, aunque no fue el único de los 8 que marchó por allí…hoy, según la crítica más autorizada, es el más importante pintor de su generación”, reza el fallo de los jurados.

Además, destacaron su empeño por fundar la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Costa.  Por otro lado, gracias a su trabajo como primer Director General de Artes y Letras durante el gobierno de Francisco Orlich se sentaron las bases para la creación del Ministerio de Cultura. Por su intensa promoción de valores nacionales, a Felo García se le ha denominado “el primer Ministro de Cultura sin cartera“.

Y aunque nunca ha perseguido premios, dijo García, en su carrera ha cosechado reconocimientos dentro y fuera del país.  Su nombre figuró en la lista de candidatos al Magón por varios años, y ahora su nombre se une al selecto grupo de ciudadanos laureados con dicho premio. Este galardón le permitió reencontrarse con amigos de muchos años y sobre todo, “darse cuenta de la realidad de haber existido hasta este día”.  El Magón le abre un nuevo sendero y el compromiso de mantenerse vigente, dijo García.

Ocho décadas de aventuras

Con casi 81 años de vida, García es un cartaginés que se ha nutrido de sus andanzas por el mundo. Su vida de estudiante en Inglaterra y viajero por Europa le pusieron en contacto con las tendencias abstractas.  Un imprevisto lo llevó a Cuba, donde se quedó jugando al fútbol, lo que no era extraño para Felo.  “Toda la infancia mía se desarrolló entre el fútbol y el dibujo.  Garabateaba desde que tengo noción y desde chiquitillo jugaba fútbol en las mejengas del barrio”, relata García en el libro editado por la Editorial de la Universidad de Costa Rica y la Fundación Museos del Banco Central el año pasado, como homenaje a sus 80 años de vida.

Luego partió a Colombia para jugar con el equipo América y en 1951 regresa a Costa Rica, pero pronto vuelve a Inglaterra para concluir sus estudios de arquitectura.  En esa nación juega con el Hendon Football Club, mientras que en compañía de un sudafricano y un checoslovaco funda el grupo Nueva Visión.  Esta iniciativa atrajo a otros artistas que pronto experimentaban con el arte abstracto.

Cuando regresa en 1956, el arte nacional vivía una transición en la que los jóvenes talentos buscaban un espacio.  Carlos Poveda, Lola Fernández y Manuel de la Cruz González acompañaron a Felo García en esa época de cambios.  García fue el primero en organizar una exposición totalmente abstracta.

Debido a las críticas, Néstor Zeledón Guzmán y Felo García hacen una lista para invitar a otros artistas a conformar una agrupación.  Luis Daell, Manuel de la Cruz González, Hernán González, Harold Fonseca, Guillermo Jiménez y César Valverde se les unen y literalmente llevan su arte a la calle bajo el nombre Grupo Ocho.  De esos jóvenes entusiastas sobreviven sus fundadores, pero dice Felo, “seguimos siendo un grupo, de dos, pero todavía somos un grupo”.

García ha sido un incansable gestor cultural.  Mientras buscaba su propio lenguaje plástico, seguía con el Grupo Ocho en su lucha por abrir espacios.  Al mismo tiempo, se desempeñaba como arquitecto en el Ministerio de Obras Públicas, y después asumió la nueva Dirección General de Artes y Letras del Ministerio de Educación Pública.  Dirigió esa dependencia entre 1963 y 1967, y durante su gestión creó una galería de Artes y Letras, organizó los festivales de Arte en provincias, editaba la Revista de Artes y Letras, se fundó el Ballet Nacional de Costa Rica y se establecieron las becas taller.  Con pocos recursos y una secretaria, Felo García se convirtió en promotor del arte costarricense.  Pero abandona la función pública para concentrarse en su obra y continúa como docente de la UCR.

Trabajando en la UCR inicia su lucha para la creación de la Escuela de Arquitectura, que abre sus puertas en 1971.  Nuevamente enfrenta las críticas por su metodología de enseñanza, ya que García defendía un concepto abierto de aprendizaje y que el estudiante debe tener libertad para crear, y más que los resultados finales, lo importante era el proceso por el cual había logrado el aprendizaje. Pero su pasión por la docencia lo mantuvo en las aulas universitarias.

García fue uno de los impulsores del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos, fue el primer director de la Asociación de Artistas Plásticos y continúa activo en su trabajo como ilustrador de libros, y totalmente inmerso en la pintura.

Actualmente, el laureado está preparando una gran exposición para finales de este año y dos más, de pequeños formatos.  Sobre la temática de estas nuevas obras, García solamente dijo que “ahí van, pero uno nunca sabe como van a terminar”.

 

Un artista de oficio

“Los premios llegan en determinado momento, y cuando sucede cobran importancia”, dijo Felo García al hablar sobre la espera de años para recibir el galardón máximo de la cultura nacional.

“Quienes más se preocupaban eran algunos amigos míos, pero para mí se fue convirtiendo en un chiste, en algo muy vacilón cada año”, recordó.  Pero pese a que como él mismo dice, “no persigo premios”, han llegado.  La diferencia ahora es que su obra será vista con otros ojos, aunque según el artista,“seguiré siendo el mismo”.

El anuncio del premio llegó en un momento en que trabaja en tres grandes proyectos y lo coloca en una vitrina, de la que se había alejado cuando años atrás decidió dejar la función pública para dedicarse de lleno a la pintura.  Las perdedoras son sus pinturas que tendrán que esperar a que la vida del artista se reacomode con su nueva realidad.

“Esta notoriedad es un problema muy serio porque se supone que los magones ya dijimos lo que teniamos que decir”, agregó.  Además, “yo agoté mi participación política hace mucho y por ella abandoné mi obra”, aseguró.  No obstante, García manifestó que siempre ha tenido la disposición de colaborar con proyectos culturales y si nuevamente fuera llamado al campo público “tendría que pensarlo porque hay muchos factores por analizar”.

Felo García pertenece a una generación de artistas que hoy integran la pinacoteca de los museos estatales y colecciones privadas de altísimo valor.  En su camino aprendió de uno de los más reconocidos maestros costarricenses: Teodorico “Quico” Quirós, a quien catalogó como un gran amigo.  “He aprendido mucho de otras personas”, contó García, quien nunca asistió a clases de arte en alguna escuela o universidad.

Lo que aprendí de “Quico” Quirós es que la pintura hay que sentirla, que es un oficio que no se puede rechazar, tiene que dejarse libre para que surga la obra, acotó.  Lo mismo aplica para la arquitectura o para el deporte, agregó.

“Siento que el ambiente plástico es muy escolástico y creo que eso es equivocado.  Lo más importante es el oficio que se pule en el taller”.

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