El realismo descarnado de la narconovela

La narconovela nació en Colombia pero poco a poco, conforme el narcotráfico ha ido extendiendo sus tentáculos, se ha apropiado de la otra geografía

El subgénero cada día toma más fuerza, mientras es banalizado por la televisión que lo aprovecha con fines comerciales.

La narconovela nació en Colombia pero poco a poco, conforme el narcotráfico ha ido extendiendo sus tentáculos, se ha apropiado de la otra geografía del subcontinente latinoamericano y hoy está totalmente consolidada en México.

El profesor Bodgan Piotrowski, de la Universidad de La Sabana, Bogotá, Colombia, explica que el realismo que exhibe la novela del narcotráfico, como también se le conoce, es crudo y despiadado, porque así son las sociedades a las que retrata.
Piotrowski estuvo el pasado jueves 16 de setiembre en el auditorio de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica, donde impartió la una conferencia sobre la novela contemporánea colombiana y el narcotráfico, el cual fue organizado por las escuelas de filosofía y lingüística y literatura.

“El narcotráfico se ha convertido en un tema universal que cada día está más vigente y como tal es abordado por la literatura. Hay un tema axiológico que no se debe de olvidar y es que en el centro de la escena está el ser humano”, explicó Piotrowski.
Uno de los rasgos predominantes del subgénero es que tiene un alto valor testimonial, al apropiarse de realidades que predominan en ciudades convulsas de América Latina, como fue en su momento Medellín, Cali, Bogotá y actualmente el Distrito Federal de México, Ciudad Juárez o Río de Janeiro. A esta lista hay que agregar a la Centroamérica que sirve de puente para el trasiego de la droga.
“En un principio creí que la narconovela era un fenómeno exclusivo de Colombia, pero conforme ha pasado el tiempo hemos constatado que no es así, y hay muchos escritores que tratan dicha problemática”.

RASGOS CLAVE

En el plano estético los narradores recurren a la ironía y al sarcasmo para contar las vidas de los capos y sus lugartenienes y de los personajes que se mueven en ese submundo del tráfico de drogas.
Este es un recurso vital en el subgénero, porque de lo contrario esos mundos podrían elevarse a categorías que no les pertenecen, de ahí que los escritores recurren a este fuerte instrumental, sostiene el especialista.
En el ámbito lingüístico hay una apropiación de un lenguaje de la calle, un lenguaje popular que tiende a ser muy cerrado, puntualizó Piotrowski.
“El vocabulario, las expresiones que se utilizan, que en muchas ocasiones buscan la divinización de los narcos, es captada por la novela del narcotráfico, la cual reproduce un habla particular”.
En criterio del profesor de la Universidad de La Sabana, se busca sacralizar a los personajes que inspiran ese mundo, por lo que los mecanismos literarios y lingüísticos intervienen para poner en guardia al lector.
De esta forma, el nombre de un personaje de El Divino–novela que marcó pauta en su momento en Colombia, de Gustavo Álvarez Gardeazábal–, cuyo nombre es Ramsés Cruz, es una forma de llamar la atención sobre el universo de absolutismo y poder en que se mueven las figuras del narco.
“Vemos que Ramsés es un nombre faraónico y que su apellido Cruz nos remite al cristianismo. El autor juega con ambos elementos”.
Precisamante, otro de los rasgos de la novela del narco es el “oropel de la droga” y es así como se crea un cosmos de fantasía con mujeres exuberantes, riquezas impensables y un lujo que todo lo toca y todo lo corroe.
Para ilustrar el tema, basta pensar en el reportaje del profesor de la Universidad de Antoquia y destacado periodista y escritor, Juan José Hoyos.
En “Un fin de semana con Pablo Escobar”, Hoyos cuenta una a una las extravangacias que se concentran en el entonces zoológico de Escobar, con animales traídos del mundo entero en una finca de dimensiones colosales.
Era un sábado de enero de 1983 y hacía calor.
“En el aire se sentía la humedad de la brisaque que venía del río Magdalena. Alrededor de la casa, situada en el centro de la hacienda, había muchos árboles cuyas hojas de color verde oscuro se movían con el viento. De pronto, cuando la luz del sol empezó a desvanecerse, centenares de aves blancas comenzaron a llegar volando por el cielo azul, y caminando por la tierra oscura, y una tras otra se fueron posando sobre las ramas de los árboles como obedeciendo a un designio desconocido. En cosa de unos minutos, los árboles estaban atestados de aves de plumas blancas. Por momentos, parecían copos de nieve que habían caído del cielo de forma inverosímil y repentina en aquel paisaje del trópico. Sentado en una mesa, junto a la piscina, mirando el espectáculo de las aves que se recogían a dormir en los árboles, estaba el dueño de la casa y de la hacienda, Pablo Escobar Gaviria, un hombre del que los colombianos jamás habían oído hablar antes de las elecciones de 1982”.
Ese era el oropel de la droga transfigurado en el poder de los hipopótamos importados del otro lado del mundo y de aves exóticas que para entonces ya empezaban a contaminar a la política colombiana.
“La novela que profundiza en el narcotráfico indaga sobre si la vida es solo existir para tener, si el hombre debe existir para tener, o si el hombre debe existir para ser”, enfatizó Piotrowski.
Tarde o temprano, los victimaros se convertirán en víctimas y este es un rasgo principal de la novela del narco, porque de esa forma capta la tragedia humana que se esconde detrás de los paraísos de felicidad y opulencia.
Otro elemento, no citado por el profesor, pero que predomina en la mayoría de los textos es que la narconovela se vale de las estructuras tradicionales de la novela negra para contar esas realidades.
Balas de Plata del mexicano Elmer Mendoza es una de las tramas que recurre a dicha estructura. Ganador en el 2008 del premio de novela Tusquets, el libro tuvo una excelente recepción entre la crítica y se editó tanto en México como en España.
Precisamente esta semana, Mendoza se encuentra en Alemania, a donde viajó para presentar la traducción de su novela, elogiada y criticada por partes iguales en diferentes esferas.

NARRADORES

Si bien la novela que aborda el fenómeno de la mafia no es nueva, está El Padrino, de Mario Puzo, que dio pie a la espléndida saga de Francis Ford Cóppola, la narconovela sí se nutre de situaciones y circunstancias muy puntuales.
De ahí que el subgénero tomara fuerza en un principio en Colombia, con narradores como Álvarez Gardeázabal y le siguieron otros autores como Jorge Franco, con “Rosario Tijeras”; el siempre controversial Fernando Vallejo, con “La virgen de Los sicarios”; Laura Restrepo con “Delirio y Leopardo al sol”; Gustavo Bolívar con “Sin tetas no hay paraíso”; Gabriel García Márquez con su reportaje novelado “Noticia de un secuestro”  y Oscar Collazos con “Morir con papá”.
Collazos piensa, según entrevistas dadas a medios colombianos, que el subgénero de la narconovela ha ganado tanta fuerza que hay un sector, como lo es la televisión, que lo ha banalizado.
De Colombia, asegura Piotrowski, la novela sobre el narcotráfico tuvo un desplazamiento hacia México que padece en la actualidad la extensión del narcotráfico en todo el país, lo que dio con la decisión del presidente Felipe Calderón de comenzar una guerra sin cuartel.
Esas consecuencias de tan encarnizada lucha, que ya deja más de 28.000 muertos, empieza a manifestarse en el ámbito del periodismo y de la literatura.
México dio pie para que el escritor español Arturo Pérez Reverte se inspirara, en el 2002, en un narcocorrido y escribiera “La reina del sur”, la cual pronto será vista por los espectadores de Telemundo, cadena que la convirtió en una telenovela.

¿Y COSTA RICA?

Es probable que los escritores costarricenses empiecen a interesarse por la narconovela, toda vez que el país, como ya lo aceptó oficialmente el pasado 15 de septiembre la presidenta Laura Chinchilla, está inmerso en el tráfico y consumo de drogas a una escala tal que Costa Rica ha sido cuestionada por los Estados Unidos, e incluida en la lista negra.
Es inevitable que tarde o temprano la problemática social que entraña el narcotráfico se revierta en el campo literario con escritos que busquen profundizar en un tema que cada día es más universal, destacó el experto colombiano.
“En nuestras sociedades nadie está exento de lo que puede representar el sicariato; de ahí que el narcotráfico es un desafío que afecta a todos y cada uno de los ciudadanos, por lo que hay que estar alerta del fenómeno”, advirtió.
La realidad con asesinatos por encargo, barrios tomados por el narco y políticos que se mueven en las sombras son elementos que podrían volcarse en una producción local asociada a la narconovela, que cada vez gana más lectores en el mundo hispano.

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