Christopher Marinello:

El “Sherlock Holmes” del mundo del arte

Apenas dos años después de fundar Art Recovery, una empresa especializada en la búsqueda y la restitución de obras de arte robadas, desaparecidas o saqueadas

Apenas dos años después de fundar Art Recovery, una empresa especializada en la búsqueda y la restitución de obras de arte robadas, desaparecidas o saqueadas, Christopher Marinello ya es una estrella.

“La mujer sentada”, de Matisse, fue restituida a finales de mayo a la familia Rosenberg gracias a él. Asimismo, “Retrato de un hombre”, de El Greco, fue devuelto hace cuatro meses a los descendientes del coleccionista judío Julius Priester. Otra vez gracias a él.

La prensa especializada bautizó a este hombre de 53 años, de penetrantes ojos azules y acento de Brooklyn, con el apodo de “Sherlock Holmes”.

“Mi equipo se burla de mí en ese aspecto”, sonrió el interesado, mostrando un pequeño libro dedicado al más célebre de los detectives de ficción, que domina una de las estanterías de su despacho londinense.

Convertido en abogado, después de resignarse a abandonar los estudios de arte –a falta de talento, según él–, Christopher Marinello se labró un nombre en Art Loss Register, para quien trabajó durante siete años.

Después de dejar la empresa con algunos compañeros por “divergencias de opinión”, montó Art Recovery en otoño de 2013 para “servir al mundo del arte de forma ética, responsable y legal”.

Su empresa –actualmente dotada de una pequeña decena de empleados en Londres, de una quincena en Nueva Delhi y de una representación en Nueva York y Milán– estableció una base de datos de obras de arte robadas o desaparecidas que aspira a ser la más completa a nivel mundial.

“La mujer sentada”, obra del pintor francés Henri Matisse, fue devuelta por Art Recovery a sus legítimos dueños.
“La mujer sentada”, obra del pintor francés Henri Matisse, fue devuelta por Art Recovery a sus legítimos dueños.

Operaciones encubiertas

Encontrar y devolver obras robadas está lejos de ser fácil. La restitución del cuadro de Matisse a los herederos del coleccionista de arte judío francés Paul Rosenberg le valió “18 meses de tortura” por los puntillosos procedimientos administrativos de las autoridades alemanas, suspiró.

En raras ocasiones, Christopher Marinello se pone el traje de agente secreto, como esa vez en la que recibió una llamada de un misterioso “Darko” diciendo saber dónde se encontraban obras de arte robadas en 2008 en California, valoradas en $20 millones.

“Ayudé a la policía de Los Ángeles a establecer una operación donde le hicimos creer que tenía que encontrarse con un agente de una compañía de seguros, cuando en realidad se trataba de un policía”, recordó con malicia. Como resultado, hubo varias detenciones y la recuperación de las obras.

Se puede entender por qué el hombre, nacido en Nueva York de padres italianos, prefiere ser discreto en su vida privada. Las operaciones encubiertas siguen siendo, sin embargo, excepcionales y a menudo su rol se resume al de mediador. El jueves terminó con el robo de una escultura de Rodin valorada en $100.000.

El caso avanzó poco desde que esta pieza, robada hace 24 años, fue identificada en 2011, durante una subasta en Nueva York. “En cuestión de un mes, obtuvimos un acuerdo para devolver la escultura a sus verdaderos propietarios”, se alegró el abogado.

“Es una de nuestras especialidades: nos metemos en el medio de un caso y encontramos una manera de obligar a todo el mundo a ceder para solucionarlo”, explicó.

Cuna de la civilización

Christopher Marinello a veces trabaja gratuitamente; por ejemplo, cuando una galería malintencionada le roba sus obras a un artista, cuando una iglesia londinense quiere encontrar un busto del Siglo XVII robado o cuando la policía quiere identificar obras incautadas.

Como agradecimiento, las fuerzas del orden de todos los países le dejan cantidades de pequeños “recuerdos” (una gorra de la policía polaca, una corbata de la Interpol, un calendario de los carabinieri italianos, etc.).

Presta igualmente servicios gratuitos a los museos e intenta animar a aquellos de las zonas afectadas por las destrucciones de la organización Estado Islámico (EI) a introducir lo antes posible las obras robadas en su base de datos.

“Podemos impedirles alcanzar el mercado occidental. Es nuestra pequeña contribución” explicó el abogado, horrorizado por los desgastes causados al patrimonio cultural e histórico en Irak y en Siria.

“Esta parte del mundo es la cuna de la civilización. No tenemos ni idea de lo que hay bajo tierra, porque las tecnología más recientes no han podido utilizarse y ahora la gente cava con excavadoras”, se lamentó.

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