“El teatro y la dramaturgia son un espacio de libertad”

Los títulos de las obras (y las obras de Arístides Vargas) son poemas. Son la síntesis perfecta de un universo metafórico, de ese hecho escénico

Los títulos de las obras (y las obras de Arístides Vargas) son poemas. Son la síntesis perfecta de un universo metafórico, de ese hecho escénico creado por el dramaturgo argentino, director, actor y maestro, en el cual los personajes hablan con la libertad y por ella, con una ética comprometida, un humor que altera la realidad con la risa, el cuestionamiento y la reflexión política.

Vargas –argentino radicado en Ecuador y director del legendario grupo Malayerba– está en Costa Rica gracias a las gestión del Núcleo de Experimentación Teatral (NET) e Iberescena, entre otras instituciones, para participar en un conversatorio, un taller de escritura escénica y en el montaje de su más reciente obra Instrucciones para abrazar el aire (ver recuadro adjunto).

También visita el país su compañera de escena y de vida, la española Charo Francés, para impartir una clase maestra, participar en otro conversatorio y actuar en la obra Instrucciones…, que habla sobre una abuela, su nieta desaparecida, y los hombres y mujeres que lucharon por derrotar un sistema dictatorial y represivo que no les pudo robar el ingenio, la voluntad y la alegría, a pesar de ser perseguidos y finalmente asesinados.

UNIVERSIDAD conversó con Arístides Vargas este lunes 18 temprano por la mañana, con el aroma del cafecito recién chorreado y las palabras buenas en el aire.

A propósito del taller de dramaturgia que viene a impartir, ¿cómo aborda el proceso de escritura, porque usted afirma que sus textos terminan de hacerse en el escenario?

–El proceso de escritura teatral siempre es extraño porque la lectura final es una lectura visual; por lo tanto, siempre que uno escribe lo hace con el propósito de ser escuchado y visto, y eso se distancia de las otras formas literarias. Por eso, uno no lee teatro como lee un cuento o una novela. Es mucho más intenso cuando uno ve el teatro, porque es una palabra para ser vista y escuchada. Por otro lado, creo que es una escritura situada en las fronteras de lo paraliterario y lo parateatral, donde el autor siempre está en un territorio fantasmal, en el que conviven determinados lenguajes.

¿Cómo percibe la sensibilidad, las inquietudes de las diversas generaciones que realizan sus talleres, de qué hablan mediante las propuestas dramatúrgicas que hacen?

–Por lo general, en los talleres a jóvenes dramaturgos de América Latina, lo que intento es establecer procedimientos de escritura que se sitúen alrededor de sus propias experiencias de vida, es decir, que de ninguna manera el sistema de escritura determine lo que van a escribir sino que lo que escriban sea de sus propias vivencias, que cada uno escriba sobre sí mismo. Bertold Brecht decía que cada uno hable de sus miserias que yo hablaré de las mías; por tanto, es primordial que cada uno hable porque los procesos de sanación del espíritu del alma, de las psiquis, pasan por hablar, escuchar y contener. No hay un solo teatro, hay teatralidades diferentes que cada uno a partir de sus tropiezos, sus aciertos, su universo descarnado y extraordinario sabrá abordar desde su particularidad.

El eje de lo ético transversa sus obras más que el discurso político. ¿Eso también lo trabaja en sus talleres?

–Por supuesto. Para mí, lo ético también implica una actitud política, pero no desde un fundamentalismo o de una verdad absoluta que prima sobre otras particularidades, sino que es una manera de entrar en el universo del otro y comprenderlo para establecer una convivencia entre dos sensibilidades, entre dos maneras diferentes de estar en el mundo. Yo siento que es fundamental la ética en un mundo que ha perdido totalmente la posibilidad de relacionarse sanamente y que, por lo general, lo hace mediante regulaciones de carácter mercantil y económico. Hay que volver a la ética que es una norma mucho más humana y de acuerdo con las particularidades de cada uno.

Usted habla en sus obras de cómo nos silenciamos los seres humanos, de cómo no decimos las cosas, no solo por la violencia impuesta de afuera que nos calla sino por nosotros mismos.

–El teatro y la dramaturgia son un espacio de libertad, en donde uno ensaya las formas de ser libre, aunque muchas veces no pueden ser llevadas a la práctica, lo cual es una gran paradoja: ensayas algo que es impracticable en la realidad, pero es extraordinario como posibilidad, porque constata en ese ensayo que sí es posible producir cambios. Vivimos en realidades altamente represivas; lejos de vivir en libertad, vivimos en regímenes morales, educacionales, religiosos, bajo un régimen de control severo. Por eso, me parece importantísimo que las personas se junten, discutan, hablen; hablar no solamente a través de Internet, de nuestros teléfonos celulares, sino juntarse, salir y hablar porque de este modo podemos alterar la realidad.

En su dramaturgia y puestas en escena, el recurso humorístico y la voz poética provocan una ruptura que generan reflexión. ¿Por qué aborda el hecho escénico de esta manera?

–El humor es parte fundamental de la vida, es un acto de liberación y en los momentos más trágicos uno puede… también puede morir con alegría, por lo menos la generación a la que yo pertenezco cegada, desaparecida. Entonces, es necesario también reivindicar no el heroísmo al estilo del realismo socialista, sino de la extraña alegría que produce el haber intentado cambiar algo, con todas las consecuencias que eso implique. Y la poesía también. Cuando comencé a escribir teatro fue porque las palabras empleadas en ese entonces no me contenían, porque eran muy parecidas a la realidad y me empecé a percatar que a través de las metáforas me aproximaba más intensamente a una realidad construida de universos poéticos. A mí, en lo personal, me revelaba una forma de inventarme una nueva manera de estar en el mundo.

Sobre la formación del actor y al analizar el estilo de la actuación en sus obras, ¿cuál es la clave, el desafío para no recargar, no hacer hiperbólica la interpretación?

–Muchas veces el teatro se le relaciona con la “re-re-representación”, con lo tres veces representado. Son como cucharadas de azúcar, y te queda algo recargado, una actuación acartonada, llena de clichés. Esa “re- re-representación” tiene la dirección hacia uno mismo, no estoy buscando llegar al otro, tiene un retorno hacia mí, relacionado con el ego centro, para demostrarme lo acertado que estoy en mis presupuestos artísticos. Yo tengo como principio el sentido de pérdida, es decir, que lo que hice en tal obra lo perdí porque me diluí en el otro, en el que me está mirando, y eso es lo mejor que puede pasarme, porque en ese acto hay un intento honesto en no volver hacia mí sino instalarme en la otra sensibilidad.

Instrucciones para seguir a Arístides y Charo

Qué: Instrucciones para abrazar el aire, del Grupo Malayerba de Ecuador

Dirección: Arístides Vargas

Cuándo: 3, 4 y 5 de junio

Dónde: Teatro Eugene O’Neill

Precio de la entrada: ₵5.000 general

Más información: [email protected]

Auspician: Teatro Popular Melico Salazar e Iberescena, NET, Compañía Nacional de Teatro, Centro Cultural de España, Centro Cultural Costarricense Norteamericano, Casa Cultura, Casa de Cultura José Figueres Ferrer del Banco Popular, Alianza Francesa, Instituto de Investigaciones en Arte de la Universidad de Costa Rica, Escuela de Artes Escénicas de la Universidad Nacional y su asociación de estudiantes e Impromptu Giratablas.

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