Mascareros térrabas: construyendo el retrato de un pueblo en lucha

Las máscaras y tallados de los indígenas térrabas reflejan su visión de mundo y retratan su entorno. (Foto: cortesía de Voces Nuestras)Trozos de madera

Las máscaras y tallados de los indígenas térrabas reflejan su visión de mundo y retratan su entorno. (Foto: cortesía de Voces Nuestras)

Trozos de madera convertidos en animales, en seres humanos y en seres humanos fusionados con animales. A simple vista, las máscaras que fabrican los indígenas térrabas no son más que eso, pero detrás de ellas existen manos que cuentan la historia y la forma de vida de un pueblo en lucha, por medio de talles, formas y colores.

En el territorio indígena de Térraba, en un pequeño taller al lado de una casita verde metida en la montaña, la familia Rivera Chavarría pasa sus días transmitiendo su forma de ver el mundo, pieza por pieza, trazo por trazo y corte por corte.

Son parte del pueblo Teribe Brörán, formado por unas 1.200 personas. Este pueblo, familia de los Näso Teribe en Panamá, sobrevive cultivando las cerca de 9.000 hectáreas que ocupan a orillas del río Grande de Térraba.

La familia está integrada por Volmar Rivera, Rosibel Chavarría y sus cuatro hijos: Gerson de 18 años, Alonso de 17, Kalorayn de 15 y Alison de 11. Todos participan en el proceso de fabricación de las máscaras térrabas que, a fin de año y a ritmo de las ocarinas, se usan para el juego tradicional El toro y la mula (ver recuadro: El toro y la mula).

El proceso de creación de las máscaras comienza al elegir y cortar el trozo del árbol de balsa sobre el que se trabajará. El padre explica que trabajan con esa madera porque es fácil de tallar y porque los árboles crecen y se engrosan rápidamente, de modo que el impacto sobre la naturaleza es mínimo.

Después, con puñales se da una forma base a la madera y se trazan las formas que la adornarán. Del lápiz de los dos hijos mayores salen lapas, tigres, monos, lobos, tucanes y caras humanas que quedarán reflejadas en la madera blanca.

Entonces, comienza el proceso más largo, el tallado. Con puñales, gubias y lijas, le sacan “colochos” a la balsa, el padre o los dos hijos mayores se encargan de crear profundidades y texturas.

Según cuenta Rosibel Chavarría, el último paso es la pintura, que está casi siempre a cargo de la misma persona que creó el diseño de la pieza; pero, si hay mucho trabajo, ella y sus hijas también pintan. Hojas, texturas de madera, flores, plumas. Colores y formas extraídos del entorno que rodea a los térrabas y que representan su forma de vida, así completan las obras que se venderán como suvenires para turistas o que utilizarán otros indígenas en las tradiciones de fin de año.

RETRATO DE UN PUEBLO EN RESISTENCIA

Para esta familia, las máscaras y los tallados artísticos que hacen, ya sea para vender o para el uso en las celebraciones tradicionales, son más que una forma de ganarse la vida, pues representan la manera en que su pueblo ve el mundo.

“La figura del indio es muy importante en estas piezas”, explica Alonso Rivera. “Las caras en los tallados no son sólo personas: son indios, no blancos”.

Además, dice, en todas las obras hay elementos de la naturaleza, animales y plantas que se mezclan con el ser indígena y explican cómo todos los seres vivos somos parte de una misma cosa, un mismo espíritu.

Las piezas que hacen fila en el taller de los Rivera Chavarría incluyen animales del bosque que son considerados espíritus protectores y que se fusionan con rostros indígenas, así como formas de árboles y plantas de la zona. Elides Rivera, familiar de los artesanos, detalló que las máscaras reflejan esa visión integradora de los seres vivos; tomó la máscara que su nieto de 6 años usó para el último juego de El toro y la mula −en la que una cara humana se muestra dentro de las fauces de un lobo− y destacó que “como en esta máscara, en la vida los seres humanos y los animales somos lo mismo, estamos conectados”.

La lucha cotidiana de este pueblo por conservar su tierra, sus tradiciones y su entorno está en cada trazo y hendidura en la madera. Cada color y figura en las máscaras refleja su constante empeño por defender su autonomía, porque su idioma y sus tradiciones no se pierdan, porque “los blancos” dejen de invadir sus tierras y dañar el medioambiente.

A orillas del río Grande de Térraba, los Teribe Brörán resisten cada día amenazas a su cultura: alrededor de 800 personas no indígenas habitan dentro del territorio, no hay reconocimiento gubernamental de sus autoridades autónomas (Consejos de Mayores) y existen constantes problemas de contaminación de su entorno. Los rostros, cuerpos, ramas y hojas que decoran su artesanía tradicional representan esta defensa del “buen vivir”, de sus tradiciones, su tierra y su forma de vivir en armonía con la naturaleza.


El toro y la mula

El juego de El toro y la mula es una celebración tradicional de los indígenas Teribe Brörán, que habitan el territorio indígena Térraba. Esta danza o combate es parte de las fiestas con las que los indígenas despiden cada año.

Así, del 24 de diciembre al 2 de enero de cada año, el territorio huele a comida tradicional y a maíz fermentado.

En el juego, mediante el uso de máscaras tradicionales −como las que se fabrican en el tallercito de los Rivera Chavarría−, los indígenas interpretan al toro, la mula y los animales del bosque.

El toro –que simboliza a los españoles– se enfrenta con violencia contra los animales del bosque, espíritus protectores del pueblo Teribe. Lapas, tigres, lobos y tucanes simbolizan al pueblo térraba enfrentando al invasor.

Alonso Rivera explicó que la mula, el personaje femenino de la fiesta, acompaña cada combate, defendiendo a los animales. Ella lidera la victoria de los animales sobre el toro y lo lleva “a matar”.

El invasor muere y el pueblo celebra “tomándose la sangre del toro, que es la chicha”, puntualizó Rosibel Chavarría.


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