Un libro da voz a los ticos que lucharon en el FSLN

El autor, José Picado, explicó que era importante publicar el libro para que no pasara desapercibida una historia de enorme solidaridad de Costa Rica

El autor, José Picado, explicó que era importante publicar el libro para que no pasara desapercibida una historia de enorme solidaridad de Costa Rica con Nicaragua. (Portada del libro)

Algunos volvieron y otros no. Muchos vieron la muerte directo a la cara. Para varios de ellos, simplemente no pasa un día sin que no piensen en aquello, en la época cuando pelearon junto al Frente Sandinista.

En el libro Los amigos venían del sur, de José Picado Lagos, publicado por la EUNED, un grupo de costarricenses rememora sus vivencias en la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza, en Nicaragua.

La obra recibió el premio Aquileo J. Echeverría 2013, en la categoría de Libro no ubicable. La Universidad Estatal a Distancia (UNED) hará una presentación oficial el 29 de mayo en el paraninfo de esa Institución, en Sabanilla de Montes de Oca.

Se calcula que unos 350 costarricenses participaron activamente con las fuerzas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en el Frente Sur, como parte de la brigada Carlos Luis Fallas y la brigada Mora y Cañas, en la década de 1970. Posteriormente, otros tantos enfrentaron a los contrarrevolucionarios apoyados por el Gobierno de los Estados Unidos, en los ochenta.

“Había que escribirlo porque ha sido una de las experiencias de solidaridad de la historia del pueblo de Costa Rica y que no podía pasar desapercibido”, dijo el autor, quien fue militante clandestino del FSLN en los años setenta.

“Éramos los protagonistas porque participamos en una guerra donde sale victorioso el pueblo y, por lo general, no hay libros que escriban sobre las victorias del movimiento popular”, explicó Picado durante una entrevista en el programa radial Desayunos, por Radio Universidad.

Picado compiló algunas fotos de la época, así como los testimonios que conforman; contó que las primeras personas que entrevistó se pusieron a llorar: “Muchos combatientes hombres, lo tenían muy guardado, treinta años…”, dijo con voz entrecortada el activista y escritor, nacido en El Salvador y naturalizado costarricense.

UN GRAN SALTO DE CONCIENCIA POLÍTICA

En los testimonios recopilados, varios excombatientes y colaboradores en otras tareas hablan de su participación. Varios explican cómo empezó su solidaridad con Nicaragua.

Israel Guillén, por ejemplo, recordó: “Yo estaba como en segundo año de colegio, tenía 14 o 15 años, y nos unimos a las grandes manifestaciones que se hicieron, a los bloqueos, a toda aquella lucha de Alcoa… ese fue un gran despertar político para nosotros”.

Fernando Camacho revivió la época en que estuvo activo el Movimiento de Acción Revolucionaria Socialista (MARS), en la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica (FEUCR), y que incluso se proyectó como movimiento a nivel nacional.

“Lo conformaban unos 50 jóvenes universitarios, entre ellos puedo recordar a José Picado, José Merino, César Solano, Raúl López, Huberth Méndez, Karen Granados, Adriana Laclé y Enrique Herra; era un grupo de cuadros destacados”, dijo Camacho.

Dentro de este idealismo el MARS organizó a unas 40 familias de campesinos de Santa Bárbara de Heredia que, luego, invadieron tierras en la finca del dueño de la cervecería Traube.

“Era la primera vez en la historia de nuestro país que una lucha de este tipo era organizada de manera exitosa por un grupo de estudiantes universitarios”, apuntó Camacho, quien junto con otros ya colaboraba con el FSLN en esa época.

Luis Alonso Zeledón aportó las historias de las llamadas Unidades de Defensa de Actos Públicos (UDAP), conformadas por unas 250 personas, asesoradas por compañeros que habían sido entrenados en manejo de armas y artes marciales en la antigua Unión Soviética.

El primer encontronazo de las UDAP –narró– en la antigua Embajada rusa, en San Pedro, no podía ser con nadie más que “el infame Movimiento Costa Rica Libre”, que llegó a apedrear la sede diplomática; pero que las UDAP “despedazaron a los agresores”.

Para 1977, todas estas organizaciones más la Juventud del Partido Vanguardia Popular se involucraron mucho más con el Frente Sandinista e instalaron casas de seguridad, redes de información y apoyo económico.

Uno de los testimonios es el de Ignacio, quien ya en 1977 con un grupo de compañeros se dedicaba a fabricar espoletas mecánicas, minas con dispositivos de tiempo y explosivos para el Frente. En plena producción hacían hasta 100 libras de explosivos al día.

“Montamos una fábrica en San Luis de Santo Domingo, la casa todavía está allí metida en un cafetal”, aseguró.

También se transportaron muchísimas armas desde La Habana hasta San José y de aquí hasta Nicaragua, con el beneplácito del Gobierno de don Rodrigo Carazo y con apoyo de varios finqueros de Guanacaste, se documenta.

LAS BOTAS SE PODRÍAN, LA ROPA SE PODRÍA”

Los costarricenses organizados en solidaridad con Nicaragua aportaron lo mejor que tenían en recursos humanos, deja claro el libro.

Picado destacó cómo muchos de ellos estuvieron hasta tres años en la selva del río San Juan, combatiendo a la Contra sin salir, en secreto, sin tomarse una cerveza, fumando de vez en cuando, aguantando hasta 15 días seguidos de lluvia y con los pies que se les deshacían de los hongos y las llagas.

Lo más difícil era la escasez de comida. Muchas veces sólo tenían una lata de atún para dos días y algo de leche condensada que mezclaban con agua.

Franco Martínez, otro combatiente, compartió: “Al día siguiente fuimos río arriba, donde encontramos unos chigüines [de la tropa somocista] muertos y ya agusanados. Es decir, la sopita que tanto bien nos había hecho la habíamos preparado con agua que seguramente había pasado sobre esa podredumbre. Ya no podíamos hacer nada, así que a uno de esos muertos le quité las botas, a las cuales, a su vez, tuve que quitar trozos de tejido descompuesto, y por primera vez gocé de buen calzado militar”.

Ignacio también añadió su crudo recuerdo. “Allí en esas condiciones se come de todo, nada de delicadezas, el hígado de la vaca crudo con limón era una delicia o lo que apareciera… cerdo de monte, monos, loras, una vaca que estuviera descuidada, carne en mal estado a la cual uno literalmente le quita[ba] gusanos y se la com[ía] tragada con agua, una crisis de diarrea tremenda de todo el mundo”.

LA LLEGADA A MANAGUA

El libro compila de forma muy detallada el entrenamiento en manejo de armas, las horas de combate, las emboscadas, los muertos, los heridos, los compañeros que nunca volvieron y el horror de la guerra. Incluye también las historias de la celebración del triunfo, cuando más de 3000 combatientes en camiones, a lo largo de varios kilómetros, llegaron a Managua a celebrar la victoria el 19 de julio de 1979.

“El viaje fue una experiencia que se vive solo una vez en la vida, el triunfo de una revolución, la gente de todos los pueblos tirada a la calle, festejando, abrazándonos, la columna tenía que parar a cada rato, pues la gente quería, simplemente, abrazar a los muchachos”, dijo Ignacio.

Todos ellos caminaron por noches sin luna, compartieron la soledad de la batalla, aguantaron y no se doblegaron, vivieron la alegría y la lucha y luego volvieron a Costa Rica, a sus familias.

Ignacio lo resumió así: “En el fondo todos queríamos lo mismo, un pedazo de tierra, el abrazo de una mujer, besar a nuestros hijos, un plato de frijoles con tortilla y libertad”.


Venían del sur

Presentación del libro Los amigos venían del sur, de José Picado Lagos. Jueves 29 de mayo, 6 p.m., en el paraninfo Daniel Oduber, UNED, Sabanilla de Montes de Oca.

El libro se puede adquirir en la UNED, en la Librería de la Universidad de Costa Rica, y en la Librería Internacional.


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