Algunos sectores creen urgente que retroceda el neoliberalismo y la Europa alemana

Entre el jueves 22 y el domingo 25 de mayo, los europeos votarán para elegir un parlamento y, de forma indirecta, al nuevo Presidente

Entre el jueves 22 y el domingo 25 de mayo, los europeos votarán para elegir un parlamento y, de forma indirecta, al nuevo Presidente de la Comisión Europea. (Foto: DPA)

Los europeos acudirán a las urnas la próxima semana y durante cuatro días –del jueves 22 al domingo 25 de mayo– votarán para elegir un parlamento y, de forma indirecta, el nuevo Presidente de la Comisión Europea, una especie de ejecutivo que dirige la Unión Europea.

Son casi 500 millones de ciudadanos de 28 países los que acudirán a las urnas, en un marco de políticas de austeridad que han ido acabando con la Europa social y empujando hacia la derecha la política europea.

Para evitarlo, el candidato a la presidencia de la Comisión por la izquierda, el griego Alexis Tsipras (39 años), afirma que es “urgente hacer retroceder el neoliberalismo y la Europa alemana. Hacer que la política de la jefa de Gobierno alemana, Angela Merkel, sea minoritaria en Europa, aislarla políticamente, derrotarla, acabar con la austeridad para recuperar la democracia, recuperar Europa”.

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique en español, estimó que “una cosa es segura: las elecciones europeas de finales de mayo se traducirán en un aumento notable del voto de extrema derecha”.

En un artículo publicado en la edición de mayo del periódico, Ramonet analizó por qué crece la extrema derecha en Europa. En particular, “las clases medias –afirma– garantes hasta ahora del equilibrio político de las sociedades europeas, están viendo cómo su situación se desmorona sin remedio”, ante las políticas de austeridad impuestas en Europa, desde el estallido de la crisis financiera del 2008.

Ante la crisis, ha sido esa extrema derecha la que ha salido al encuentro de los ciudadanos con las propuestas más radicales.

En Francia, por ejemplo, asegura Ramonet, “Marine Le Pen ataca con mayor radicalidad que cualquier dirigente político de la izquierda al ‘capitalismo salvaje’, a la ‘Europa ultraliberal’, a los ‘destrozos de la globalización’ y al ‘imperialismo económico de Estados Unidos”.

Le Pen, hija de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional que acaba de multiplicar la representación de su partido en las recientes elecciones locales francesas, seduce a “amplios fragmentos de las clases sociales trabajadoras azotadas por la desindustrialización y las deslocalizaciones que aplauden a la líder del FN cuando declara, citando a un exsecretario general del Partido Comunista francés, que “hay que detener la inmigración; si no, se condenará a más trabajadores al paro”.

“La Unión Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha más poderosa que el viejo continente haya conocido desde la década de 1930. Sabemos cómo acabó aquello”, dice Ramonet; además, se pregunta: ¿Qué esperan los demócratas para despertar?

Actualmente,los partidos llamados de “ultraderecha” se concentran en dos grupos en el parlamento europeo: el Movimiento por la Europa de las Libertades y de la Democracia (MELD) y la Alianza Europea de los Movimientos Nacionales (AEMN). Entre ambos suman 47 eurodiputados –apenas el 6% de los 766 escaños actuales–, una cifra que, según Ramonet, va a crecer sustancialmente y hará temer por el bloqueo de algunas iniciativas de ley en el parlamento.

Una extrema derecha que crece aupada por la derecha que gobierna en países como Alemania o España y una socialdemocracia que hace mucho abandonó sus veleidades sociales para sumarse a las políticas de austeridad que están ahogando Europa y empujando a las clases medias a posiciones más radicales denuncian dirigentes de la izquierda europea.

ACABAR CON AUSTERIDAD

Tsipras, líder de Syriza, el Partido que estuvo a punto de derrotar a las dos formaciones tradicionales de la política griega y poner en jaque las medidas extremas de austeridad que la troika –La Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI)– ha impuesto al país, puso en primer lugar de sus propuestas acabar con los programas de austeridad.

En entrevista al periódico español El mundo obrero, Tsipras aseguró que “Europa está en una coyuntura histórica. O continuamos con la austeridad, el desempleo y la pobreza por muchos años, con menos democracia, o cambiamos el rumbo fomentando el crecimiento, la justicia y el trabajo decente, con más democracia”.

Esas políticas triplicaron con creces el número de griegos sin empleo desde el 2008, cuando comenzó la recesión que ha reducido ya en 25% el Producto Interno Bruto (PIB) de Grecia. La tasa de desempleo en ese país llegó a 27,5% en el último trimestre del año pasado.

“Estoy seguro −aseveró Tsipras− de que el mensaje de esperanza y de cambio de la izquierda europea ha llegado. También estoy seguro de que la gente ya sabe que hay una alternativa creíble a la Europa neoliberal de Angela Merkel. Ahora saben que la izquierda europea presenta políticas alternativas realistas para satisfacer las necesidades de la Europa del siglo XXI”.

Entre esas propuestas está la celebración de una conferencia europea sobre la deuda, para plantear “el no pago de la deuda ilegítima”. El programa incluye también “la reorganización democrática de las instituciones europeas y acabar con la economía de casino que empobrece precipitadamente a los trabajadores”.
“La izquierda europea –dijo Tsipras– tampoco aceptará un acuerdo comercial que se sume a la carrera a la baja en lo social, laboral, seguridad y salud y las normas medioambientales, que está generalmente implícita en los acuerdos comerciales”.

“Nunca aceptaremos un acuerdo comercial que permite a las empresas privadas promulgar procedimientos legales contra los Gobiernos nacionales”, agregó.

El neoliberalismo “no es invencible”, sostiene Tsipras. “Sólo es resultado de la correlación de fuerzas del momento. Para poder cambiar Europa, lo primero que tenemos que cambiar es el balance de fuerzas políticas en Europa. Cuando esta correlación de fuerzas cambie, la economía política cambiará”.

“El primer paso imprescindible e inmediato sería acabar con la austeridad e introducir una política orientada a la demanda interna, centrada en el incremento de los salarios y, por tanto, en la capacidad de consumo de las clases bajas y medias”.

“Un paso paralelo –agregó– sería el llamado ‘New Deal Europeo’, un plan de inversión pública en las áreas de educación, investigación e innovación, nuevas tecnologías e infraestructura con una fuerte y marcada financiación europea”.

El tercer pilar sería la Conferencia Europea de la Deuda. En eso ha centrado su campaña el líder de la izquierda europea en estas elecciones, para quien los candidatos del conservador Partido Popular Europeo −el mayor grupo en la cámara− el exprimer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, y de los socialdemócratas, el alemán Martin Schulz, “son políticamente complementarios. A pesar de sus diferencias, son parte del mismo consenso neoliberal”.

OTROS CANDIDATOS

Además de Juncker y Schulz, representantes de los dos grupos políticos mayoritarios en el parlamento Europeo y ampliamente favoritos en las elecciones para Presidente de la Comisión Europea, y de Tsipras, candidato de la izquierda, otros dos grupos presentan candidatos.

Se trata del exministro belga Guy Verhofstadt, candidato de los liberales europeos, y del veterano activista francés José Bové, y la joven alemana Ska Keller, candidatos de los verdes que, en el Parlamento Europeo, se coaligan con el grupo Alianza Libre Europea, formado por representantes de nacionalismos regionales.

Los conservadores reformistas –una coalición que se compone de partidos euroescépticos, entre los que se incluye a los conservadores británicos, y diferente de los conservadores del Partido Popular− no han designado ningún candidato a la presidencia de la Comisión, un puesto que hoy ostenta el portugués José Manuel Durão Barroso, como premio por haber sido el anfitrión de la cumbre en la que los entonces gobernantes de Estados Unidos, Inglaterra y España decidieron la invasión de Irak.

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