El FMLN en el Gobierno de El Salvador: ¿Continuidad o cambio? ¿Derecha o izquierda?

Salvador Sánchez Cerén asumió como nuevo mandatario de El Salvador el pasado 1 de mayo y fue el candidato de una coalición encabezada por

Salvador Sánchez Cerén asumió como nuevo mandatario de El Salvador el pasado 1 de mayo y fue el candidato de una coalición encabezada por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

¿Continuidad o cambio? ¿Derecha o izquierda? Salvador Sánchez asumió la presidencia de El Salvador el pasado domingo 1 de junio, después de unas apretadas elecciones, en las que se impuso al candidato de ARENA, Norman Quijano, en un final cerradísimo, por 50,1% a 49,9% de los votos, con una ventaja de poco más de 6000, en casi 1,5 millones de votos que recibió cada uno.

Con el país dividido, se reencendió un debate que siempre ha sido activo en El Salvador, donde la guerra se resolvió en el terreno de la política y los guerrilleros nunca llegaron al poder por la vía armada, como ocurrió en Nicaragua.

El Salvador es un país donde el empate político no se ha podido resolver, como lo mostró el resultado de la pasada votación; tampoco se puede obviar que los 20 años de Gobierno de derecha han cambiado de signo en las dos últimas elecciones.

A principios de abril pasado, el politólogo Héctor Perla publicó en el periódico salvadoreño El Faro un artículo titulado “Las aparentes contradicciones dentro del FMLN: el socialismo del siglo XXI en El Salvador”, en el cual afirma que

en los últimos años “el Gobierno del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) ha sido criticado no sólo por políticos de la derecha, sino también por elementos de la izquierda que argumentan que las estrategias implementadas por el FMLN contradicen sus ideales revolucionarios. Señalan como ejemplos la decisión de no sacar al país del Acuerdo de Libre Comercio de Centroamérica (CAFTA) y la selección de Mauricio Funes como candidato presidencial (a pesar de que él no era miembro del Frente)”.

Funes, el presidente saliente (2009-2014) que acaba de entregar el poder a Sánchez, fue electo por una coalición encabezada por el FMLN, pero no pertenecía a ese Partido. Si, bien, la coalición nunca se rompió, surgieron tensiones entre el Presidente y el Partido en diversas ocasiones durante su quinquenio.

Precisamente, el también exguerrillero y hoy crítico del FMLN −desde una posición más radical−, Dagoberto Gutiérrez, defendía hace poco más de dos años −después del fracaso electoral del FMLN en las elecciones parlamentarias y locales− que este debería haberse retirado del Gobierno que encabezaba Funes.

El FMLN “dejó a un lado la lucha por el poder y lo sustituyó por la lucha por el Gobierno”, criticó Gutiérrez.

En su crítica, sugería también una polémica interpretación política: “El partido FMLN no es el FMLN”, una alianza de comunistas, anticomunistas y no comunistas que, en su opinión, muere cuando se firman en México los acuerdos de paz en enero de 1992, que pusieron fin a más de 15 años de guerra en El Salvador.

SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

«¿Las fuerzas productivas en América Latina han madurado lo suficiente como para permitir la realización de las transformaciones socialistas de inmediato, o es una etapa capitalista progresista necesaria para iniciar un proceso socialista?», se pregunta Héctor Perla.

El FMLN “es una organización de izquierda que cree que en El Salvador es necesaria una etapa progresista del capitalismo, [a] diferencia de los movimientos radicales de la izquierda que buscan una transición a corto plazo hacia el socialismo”, afirma el politólogo.

De ese modo concluye que lo que inicialmente parecían ser inconsistencias o contradicciones entre la ideología y la práctica del FMLN es, de hecho, “bastante compatible con sus objetivos y visiones estratégicos revolucionarios”.

Perla reconoce que el FMLN “hasta el momento no ha implementado transformaciones estructurales en la economía del país, pero tampoco ha renunciado a su intención de hacerlo”; además, estima que haber elegido a Funes pues “dio la oportunidad necesaria para iniciar el desarrollo de un país donde la economía es democratizada, como paso previo y necesario para la construcción del socialismo”.

El politólogo habla de “democratización de la economía” y cita la eliminación de cuotas voluntarias para los pacientes durante sus visitas a los hospitales públicos, o a los padres en las escuelas también públicas, así como lo “reactivación el sector agropecuario”.

INTERROGANTES Y DESAFÍOS

Roberto Pineda, docente de la Universidad de El Salvador y comentarista habitual de la política salvadoreña, plantea que el nuevo Gobierno se enfrenta a diversos interrogantes y desafíos.

“Es el peso político del movimiento social y popular que respalda al FMLN y que se expresa en las calles cada primero de mayo, lo que le permite continuar derrotando a la derecha en general y a ARENA en particular”, estimó Pineda. Pero agregó que “la realidad es que es un movimiento sindical y popular altamente desmovilizado, ideológica y políticamente”.

En El Salvador se creó “una nueva instancia de coordinación del movimiento popular y sindical” ese 1 de mayo que, de consolidarse, podría transformarse en un importante actor social. Pero no será fácil, advierte.

Según Pineda, entre los desafíos que enfrenta el FMLN está la necesidad de tomar decisiones, en cuanto a “respetar o sustituir el modelo económico neoliberal”, definir las alianzas internacionales: Alianza del Pacífico o Alba, Fomilenio II o Petrocaribe, y tratar de forjar una unidad nacional en el país, algo que estima “ilusorio”.

“Desmontar el modelo económico neoliberal debería ser una de las tareas principales de este segundo gobierno. Es urgente que el Estado recupere su papel y se sustituya este modelo nefasto, que nos impuso la dolarización y las privatizaciones”, externó Pineda. “Este modelo neoliberal lleva en su matriz un chip que bloquea toda posibilidad de redistribución de la renta. Está ideado para reproducir desigualdad”, acotó.
Con su economía dolarizada, el Gobierno asume, metido en una camisa de fuerza, que como en el caso de Ecuador –con su economía también dolarizada– solo pueden abandonar con un gran costo económico y político.

El Gobierno del FMLN se encontrará con que “la globalización neoliberal permite que en oficinas de Medellín, Colombia, se tomen decisiones que afectan la banca en El Salvador”. Según datos de la revista El Economista, citados por Pineda, un 53% del sistema bancario salvadoreño “está controlado por la banca colombiana”.

Entre los cinco principales bancos del país, al cierre de 2013, el Banco Agrícola, propiedad de Bancolombia, va a la cabeza, con un 28,1% de activos del sistema. Lo sigue el también colombiano Banco Davivienda, que recientemente extendió sus actividades a Centroamérica, incluida Costa Rica.

DOS DISCURSOS

¿Continuidad o cambio? Esa es la otra pregunta que se hacen los analistas de la situación salvadoreña, al iniciarse el nuevo gobierno.

El FMLN, a lo largo de estos años, “ha mostrado madurez política y sentido de la realidad, que lo lleva al lugar en el que ahora está. A veces su discurso es populista, pero en los hechos actúa con un sano pragmatismo”, estimó Rogelio Núñez en un análisis hecho para la agencia Infolatam.

La ratificación de diversos ministros del Gobierno anterior, como el de Defensa, David Munguía, o el de Hacienda, Carlos Cáceres, es indicio de este esfuerzo de continuidad.

Del mismo modo, Sánchez reafirmó la permanencia −en el aeropuerto internacional de El Salvador− de una base de monitoreo instalada por autoridades estadounidenses, pero habrá cambios en la política de combate a la violencia y a las maras. El Salvador se incorporará a Petrocaribe, la iniciativa venezolana que facilita el suministros de petróleo a países de la región en condiciones favorables, y es probable que se vea también un acercamiento al Alba, la coalición de países progresistas que buscan nuevos modelos de desarrollo alejados del neoliberalismo.

Como se ve, son dos discursos que el nuevo Presidente tendrá que conciliar y que, probablemente, no dejará de crear alguna tensión en el partido que lo llevó al poder.

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