Historiador estadounidense Juan Cole: “La gran inequidad provocó la primavera árabe”

Para el académico estadounidense Juan Cole, la explosión de movimientos que demandaron mayores libertades civiles, durante el año pasado, en el mundo árabe se

Para el académico estadounidense Juan Cole, la explosión de movimientos que demandaron mayores libertades civiles, durante el año pasado, en el mundo árabe se debió en parte a la aplicación de políticas neoliberales de acumulación de riqueza y privatizaciones de bienes del Estado.

Cole -reconocido profesor de historia de la Universidad de Michigan, especializado en temas del Medio Oriente y el mundo árabe- es constantemente entrevistado por diversos medios de su país; abordó con UNIVERSIDAD, tanto la realidad de esos países como la actualidad electoral de su país.

 

Ha pasado un año desde que se inició la llamada “primavera árabe”, ¿qué valoración hace de ese proceso?

-Es un fenómeno extraordinario; se vio la participación política masiva en una región que durante muchas décadas ha sido coercitiva políticamente. Han tenido dictadores, presidentes vitalicios e incluso casos en que esos gobernantes heredan el Gobierno a los hijos, y uno de los grandes resultados de estas revoluciones es que ponen fin a ello.

 

Al iniciar la primera protesta en diciembre del 2008 en Túnez, se decía que se trataba  de uno de los países más prósperos y estables de la región. ¿Cómo llegaron a suceder todos estos movimientos revolucionarios?

-Esa imagen de Túnez era una mentira. Las estadísticas del Banco Mundial o las Naciones Unidas sobre crecimiento económico son provistas por cada Gobierno, así que el de ese país le decía al mundo que su economía crecía un 5% al año. Probablemente, eso no era cierto. Aun si había crecimiento, el dinero creado iba al presidente Ben Ali, su familia y amigos; beneficiaba a una élite muy estrecha.

 

¿Una característica común a todos estos movimientos es la gran inequidad en sus países?

-Sí, la inequidad creció enormemente en los últimos 20 años gracias a las políticas económicas del neoliberalismo, que se basan en la privatización del sector estatal y dejar al mercado gobernar la economía. En estos países, hubo algunas privatizaciones y típicamente las nuevas industrias privadas fueron compradas por la élite gobernante,  lo cual disparó la desigualdad. A la familia Mubarak se le acusa de malversar unos $40.000 millones y colocarlos en bancos suizos y bienes raíces en España, mientras la tercera parte de los egipcios viven con $2 al día.

 

En Túnez, luego de los cambios, los islamistas ganaron las elecciones. ¿Cuán peligrosos son estos partidos islámicos -como la Hermandad Musulmana en Egipto- para el futuro de las libertades civiles y las instituciones democráticas?

-Los fundamentalistas musulmanes en el Medio Oriente tienen una larga historia. El primer grupo organizado se fundó en 1928. Han tenido periodos en los que han sido liberales y se opusieron a la democracia y a lo que ahora llamamos derechos humanos; no obstante, al entrar en severos conflictos con los Gobiernos, tras ser perseguidos, encarcelados y torturados, con el tiempo se interesaron en la política parlamentaria. Una organización como el Partido del Renacimiento, o al-Nahda de Túnez, logró 42% en el Parlamento, pero tiene que gobernar en coalición con partidos seculares. Este verano realicé varias entrevistas en ese país y esos sectores sostienen que han adoptado un compromiso con la democracia parlamentaria y el Estado de derecho.

 

¿Qué sucederá en Egipto, donde los militares una y otra vez han pospuesto las elecciones y parecen perpetuarse en el poder poco a poco y donde además el actor político más fuerte es la Hermandad Musulmana?

-La revolución egipcia fue llevada a cabo principalmente por gente joven, estudiantes o personas recién graduadas. Muchos de ellos eran de izquierda, algunos se decían socialistas; y una de sus demandas era terminar con el régimen autoritario y establecer una democracia parlamentaria, mas resultó que los partidos musulmanes fundamentalistas son muy buenos en ganar elecciones y los estudiantes no.

Hay temor de que tras ganar las elecciones parlamentarias, la Hermandad Musulmana no quiera mover mucho las cosas, para evitar problemas con los militares; así que un escenario posible es que ambos trabajen en conjunto.

Egipto será más democrático: el Gobierno estará más interesado en lo que piensa la gente, habrá más elecciones y la soberanía popular será más importante; la posición militar se verá inevitablemente debilitada. Aunque dudo que puedan ser del todo expulsados del poder, pues controlan el 5% de la economía. Habrá una forma de convivencia entre el poder civil y los militares.

Hay que recordar que Egipto era un Estado policial, en el que si usted criticaba al Gobierno llegaban en autos durante la noche para llevárselo y torturarlo, la gente era juzgada en cortes militares. Todo eso está llegando a su fin; hay avances como mayor libertad de expresión y de prensa, mientras que la policía secreta ha sido controlada. ¿Se aprobarán leyes feministas? No. Se trata de una sociedad patriarcal y un país muy conservador, así que es poco probable que haya avances significativos en cuanto a ciertos tipos de derechos humanos; sin embargo, ya no será un estado policial.

 

Mucha gente siente que el derrocamiento de Muammar Kadaffi en Libia fue un proyecto de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para hacerse con el petróleo y los oleoductos; luego han crecido preocupaciones ante el carácter religioso del movimiento.

-Uno de los efectos de la “primavera árabe” tiene que ver con el hecho de que los grupos fundamentalistas antes fueron reprimidos y ahora florecen. No los considero peligrosos en el ejercicio del poder; en Libia han manifestado agradecimiento hacia Occidente por haber intervenido y mantienen buenas relaciones con Europa y Estados Unidos. Son peligrosos en el sentido de que no necesariamente tienen un fuerte compromiso con las libertades individuales; empero creo que en ese país todo el mundo quiere un gobierno parlamentario; ese es el gran cambio en la región.

Me parece muy bien que los partidos fundamentalistas formen parte de la política parlamentaria, pues los viejos regímenes los marginaban, enviaban a sus líderes a prisión y los convertían en terroristas, mientras que ahora pueden expresarse y muchos de sus programas sociales no son tan diferentes de los de los demócratas cristianos de Alemania. Son conservadores, mas no creo que sean radicales. En el caso de Libia, hay que recordar que los combatientes más efectivos en la guerra civil fueron los bereberes del suroeste del país y ellos no son de orientación religiosa.

 

La comunidad internacional no ha hecho mucho en el caso de Siria, ¿se debe ello únicamente a la posición de China y Rusia contraria a cualquier intervención?

-Siria fue un Estado cliente soviético y Vladimir Putin quiere revivir algunos de esos nexos diplomáticos. Además, los rusos tienen una base militar en el Mediterráneo que alquilan de Siria, es la única que tienen en la región; así que tienen verdaderas razones geopolíticas para no querer que este régimen cambie.

Las protestas han debilitado al Gobierno y han logrado que se cuestione su legitimidad, ya que ha estado matando gente, incluso con francotiradores en azoteas de edificios,  lo cual es horrible y creo que cualquier Gobierno encontraría problemas para sobrevivir en el largo plazo comportándose así.

Conversé con un diplomático francés al respecto y contestó que no hay autorización para utilizar la fuerza. Los países europeos se toman muy en serio la Carta de las Naciones Unidas, la cual prohíbe el uso de la fuerza militares a menos que la autorice el Consejo de Seguridad, donde los chinos y rusos no permitirán una resolución en ese sentido.

Es muy interesante que las manifestaciones hayan continuado y no pierden fuerza, a pesar de que no han tenido gran éxito y el Gobierno no parece que vaya a caer pronto; no obstante, el movimiento continúa y eso mantiene la posibilidad de un cambio en el régimen.

El problema de la revolución siria es que los altos mandos militares están muy vinculados al poder político; en ese sentido, se parece más a Libia que a Egipto. Además, en Damasco, la seguridad económica de una parte importante de la población aún está vinculada al Gobierno, a lo que se suma que la policía secreta es muy efectiva.

 

¿Es Irán la amenaza nuclear que pinta gran parte de la prensa occidental?

-No. Hasta donde sabemos, no tienen un programa activo de armas nucleares. Intentan enriquecer el uranio para combustible, generadores y usos médicos, pero es de bajo enriquecimiento.

El problema es que la tecnología que utilizan podría permitir que se alimente el material nuclear a través de las centrífugas, lo suficiente como para que eventualmente se llegue a enriquecer en 95%, con lo cual se puede utilizar para fabricar una bomba. Sin embargo, no hay evidencia de que lo hagan en este momento y para realizarlo tendrían que expulsar a los inspectores internacionales.

Podrían llegar al punto de tener lo que se llama la “Opción Japón”: estar en capacidad de armar una bomba atómica rápidamente, si se sienten amenazados. Es algo que los poderes imperiales no quieren que tenga, porque solo esa capacidad lo haría más poderoso en la región.

 

Antes de que detonara la “primavera árabe”, hubo un movimiento fuerte de protestas en Irán,  tras el fraude electoral. ¿Qué posibilidad hay de que en este país se dé un movimiento revolucionario?

-Todas las revoluciones en el Irán moderno han sido producto de la coalición de los intelectuales de clase media, el sector de los comerciantes llamado “bazar” y los clérigos. En el 2009, el “bazar” y la mayoría de los clérigos no apoyaron la revuelta.

Tiene que darse esa alianza transversal para que el movimiento revolucionario sea exitoso. Por otra parte, el embargo que la Unión Europea ha impuesto sobre el crudo iraní no será muy efectivo, dado que hay mucha demanda por el petróleo. India y China ya dijeron que no se sumarían a ese embargo; de hecho anunciaron que usarán oro para comprarlo, para evitar el dólar y las sanciones económicas estadounidenses. Mientras la demanda mundial de petróleo sea alta,  Occidente no tiene manera para detener la compra de los 2.5 millones de barriles que Irán exporta al día.

 

¿Está Irán en la mira del Pentágono?

-Creo que mientras Obama esté en el Gobierno es poco probable que se dé un ataque. Él salió de Irak, tiene un plan para salir de Afganistán y no quiso involucrarse en Libia.

Si fueran a hacerlo, se verían portaviones dirigiéndose hacia el golfo Pérsico, un reacomodo de pertrechos militares en Kuwait o Qatar. Esas señales no se han dado.

 

¿Cómo valora la posición de los candidatos del Partido Republicano hacia el Medio Oriente? Si bien dice que Obama no tiene la intención de atacar Irán, ¿qué pasaría si gobierna algún republicano?

-En ese caso, hay que cancelar todas las apuestas. Los republicanos hacen campaña casi que a partir de la promesa de ir a la guerra en el Medio Oriente. Ese partido, por supuesto, tiene personas con una visión sobre lo que sucede allí, las cuales no están postuladas. Los candidatos le dicen a sus bases lo que estas quieren oír y ese partido ha sido capturado por los sureños y los evangélicos, así que las ideas sobre el Medio Oriente de la derecha protestante son las que se escuchan en estos candidatos.

Es muy peligrosa esa parte tan militante del partido; estuvieron a favor de la invasión a Irak y apoyan la idea de una acción militar contra Irán. Muchos estados dependen de la industria de guerra y muchos protestantes conservadores ven el Medio Oriente como un potencial campo para misioneros; tienen la fantasía de cristianizar la región.

Mi principal preocupación es el gran dinero en las campañas políticas. Se dice que en la campaña presidencial cada candidato costará $1.000 millones; además, ahora se le permite a las corporaciones hacer campaña de forma independiente. La democracia estadounidense ha sido debilitada; los espacios publicitarios son muy caros y los candidatos son más dependientes de las donaciones. Estados Unidos se convierte cada vez más en una plutocracia.

 

Personas, como el expresidente español José María Aznar -quien apoyó la incursión militar en Irak-, han utilizado el término “guerra de civilizaciones”, para describir las relaciones entre Occidente y el Medio Oriente. ¿Qué opinión le merece?

-Es demagogia; la guerra entre civilizaciones la creó él con su agresión injustificada. Esa forma de hablar es una manera de oscurecer el entendimiento del pueblo europeo y estadounidense, porque los partidos de derecha lo que buscan es quitarle la riqueza a la sociedad para dársela a los ricos y alejar a los pobres de los recursos y del poder político. La gente no votaría por eso, aunque si logran inculcar el miedo y decirles que si no votan por ellos alguien vendrá a matarlos y que solo ellos los pueden proteger, entonces estos partidos políticos de derecha tienen un buen chance de ganar las elecciones.

De lo que se trata es de azuzar el miedo; antes lo hicieron con el miedo al comunismo y ahora con esta nueva “amenaza islámica”, pero la realidad es que este último año tuvimos a millones de personas en el mundo árabe manifestándose, y lo que pedían no era la guerra contra Occidente, sino la democracia parlamentaria y elecciones justas y libres.

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