Economista mexicano Andrés Peñaloza:

La Europa sin ilusión de Donald Tusk

Para el presidente del Consejo Europeo, “los Balcanes son una región sensible y crucial para la seguridad europea y la geopolítica. Hoy esa región inestable

Una Europa ingenua y sin ilusiones. Esa es la visión de Donald Tusk (58), un “conservador liberal” polaco que desde diciembre pasado preside el Consejo Europeo, órgano que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 países miembros de la Unión Europea (UE).

“Nosotros necesitamos una evolución, no una revolución”, dijo en entrevista concedida al diario francés Le Monde, publicada el pasado sábado 18 de julio. “Me siento cerca del ordoliberalismo alemán de la posguerra, que tenía una visión pragmática, sin ilusión”.

El ordoliberalismo es el fundamento teórico de la Economía Social de Mercado de la posguerra. La “resurrección del ordoliberalismo” que propone Tusk es el sueño de un orden estrictamente procedimental, orientado por las reglas del libre mercado.

Surgido en la Escuela de Friburgo, tuvo en el economista Walter Euken (1891-1950) y los juristas Franz Böhm y Hans Grobmann-Doerth sus principales defensores. Su preocupación fundamental era el orden de los mercados, el establecimiento de una competencia “sin privilegios para nadie”, la definición de la economía de mercado en el orden constitucional alemán. Un Estado bajo la vigilancia del mercado, no el mercado bajo la vigilancia del Estado.

A Tusk le atribuyen un papel clave en las negociaciones del nuevo acuerdo con Grecia. “Mi objetivo era evitar que hubiese un ganador y un perdedor el domingo”, dijo en la entrevista ya citada.

Tusk se refería a las tensas negociaciones que se dieron en Bruselas, entre ese país y los ministros de Finanzas del eurogrupo, que terminó con un polémico y drástico acuerdo aceptado por el primer ministro griego Alexis Tsipras, en la madrugada del domingo 12.

En opinión de Tusk, Alemania “no es la ganadora, porque es la que deberá prestar la mayor parte del dinero a Atenas”, como si ese dinero fuera a parar a las arcas griegas y no a los organismos financieros internacionales y a la banca, sobre todo la alemana.

La posición de Alemania –estimó– “no fue amable, pero no salió fortalecida ese fin de semana.

Consultado sobre la posición de economistas como Paul Krugman y su crítica a las políticas europeas de austeridad, Tusk afirmó que “los principales actores del debate actual son intelectualmente brillantes y sus argumentos parecen muy seductores. Desgraciadamente, esto no tiene nada que ver con la realidad política de Europa. Ciertamente, tenemos necesidad de nuevos argumentos, de nuevas propuestas. Pero tenemos hoy, sobre todo, necesidad de discusiones pragmáticas y realistas sobre lo que podemos hacer de la UE y del euro, más que debates intelectuales espectaculares”.

El ‘Grexit’

El ‘Grexit’ (salida de Grecia de la zona del euro) era el mayor temor durante ese debate. Para el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, era mejor, tanto para Grecia como para el eurogrupo, que esta saliera del euro. “Pero estoy seguro que para la canciller Angela Merkel la posibilidad del ‘Grexit’ era un instrumento de negociación, muy útil, pero no un objetivo político”, externó Tusk.

También para Estados Unidos era “importante evitar el ‘Grexit’ y las consecuencias terribles del terremoto que eso produciría”.

Las consecuencias a mediano y largo plazo de la ‘Grexit’ son más políticas, geopolíticas e ideológicas, no tanto económicas, estimó Tusk.

“A ratos me parece que ciertos políticos europeos y algunos intelectuales están listos para cuestionar todo en Europa: los tratados, pero también la manera tradicional de pensar Europa, la construcción europea y nuestros valores. Rusia no es el elemento más importante de esta amenaza. Me parece que la atmósfera es hoy muy similar a la de 1968 en Europa. Siento un estado de espíritu quizás no revolucionario, pero impaciente. Cuando la impaciencia se vuelve un sentimiento colectivo, puede conducir a una revolución. El desempleo masivo de los jóvenes es quizás la razón más clara y visible. Los Balcanes son una región sensible y crucial para la seguridad europea y la geopolítica. Hoy esa región está inestable de nuevo”, advirtió.

Hizo ver que los países del este europeo se comportaron de forma leal, disciplinada y ayudaron mucho. Para ellos el ‘Grexit’ era inaceptable, una pesadilla. “¿Cómo explicar a nuestros ciudadanos que el euro es reversible?”, se preguntó.

Pese a ese temor que generaba el Grexit, Alemania y, principalmente, su ministro de finanzas, Schäuble, jugaron duro. El documento final transmitido “por los ministros de finanzas a los jefes de Estado y de Gobierno sugería una salida temporal de Grecia del euro (propuesta por Schäuble) y la creación de un fondo de privatizaciones (una idea alemana) muy provocadora para Tsipras”.

Estrangulamiento financiero

Firmado el acuerdo con Grecia y aprobadas las primera reformas por el Parlamento tres días después, el 15 de julio, el eurogrupo acordó abrir negociaciones sobre el tercer “paquete de ayuda” a Grecia desde el 2010.

“No puedo aceptar el argumento de que Grecia o el señor Tsipras hayan sido punidos. Todo el proceso de negociación ha tenido como objetivo ayudar el país. Si vamos a discutir los hechos, solo hay una cifra sobre la mesa: 80.000 millones de euros de ayuda, en condiciones relativamente razonables. ¿Qué hay de humillante para Grecia en eso?”, se preguntó Tusk.

El análisis de esa “ayuda” revela, sin embargo, la naturaleza más profunda de los acuerdos. A cambio de esos millones de euros que recibirá en tres años, Grecia deberá hacer reformas –relativamente razonables, en opinión de Tusk–, en particular un enorme programa de privatizaciones, estimado en $50.000 millones, de los cuales la canciller alemana quería destinar solo un 20% a programas de inversiones. El resto serviría para pagar la deuda.

La carga de la deuda

Finalmente, se acordó también un “préstamo de urgencia” de 7.000 millones de euros a Grecia, por tres meses, para hacer frente a pagos ya vencidos o por vencer en los días siguientes. De ese modo Grecia pudo pagar $4,2 mil millones al BCE y saldar su deuda de $2.000 millones con el FMI. Este dinero sale de un Fondo de Urgencia (FESM) creado por los países de la UE, algunos de los cuales no son miembros del euro, como Inglaterra, que protestó por esa decisión. Junto con la República Checa, rechazaron asumir cualquier riesgo por este préstamo, lo que obligó a que se les otorgara garantías especiales, parte de las ganancias obtenidas por el BCE con fondos de la deuda soberana griega, que alcanzan los 1.850 millones de euros.

Pero Grecia debe, además, pagar otros 3.200 millones de euros al BCE el 20 de agosto próximo. Los mencionados 7.000 mil millones no serán suficientes para saldar ese compromiso, por lo que el país necesitará nuevamente recursos frescos, a cambio de los cuales, ciertamente, deberá hacer nuevas y dolorosas concesiones.

Presionado por la carga de una deuda impagable, cuya necesidad de reestructuración ha sido reconocida inclusive por el FMI, el presidente del BCE, el italiano Mario Draghi, se manifestó contrario a una reducción del monto (que el gobierno alemán no acepta). Para aligerar esa carga propuso revisar los plazos y las tasas de interés de los préstamos griegos.

“La deuda en un problema global (…) Debemos ser prudentes, porque ese debate es también peligroso en ciertos países europeos”, dijo el político polaco.

En estas circunstancias, según un artículo de Le Monde fechado en su oficina europea de Bruselas, “el riesgo de descarrilamiento y del ‘Grexit’ no están excluidos, si las negociaciones del tercer plan fracasan en pleno verano europeo”.

Grecia se resistía a que los funcionarios de los organismos financieros internacionales llegaran a Atenas para supervisar las cuentas del país, una situación que consideraba humillante e inaceptable, por lo que las negociaciones se venían llevando a cabo en Bruselas. Pero, después de la firma del nuevo, las negociaciones se reanudarán en la capital griega.

“Este acuerdo no es una garantía para los meses venideros, pero permite evitar el riesgo del caos, de una bancarrota griega. Por ahora, funciona”, dijo, aliviado, Tusk.

“¡Por ahora!” parece suficiente para Tusk.

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