Manuel Zelaya, expresidente de Honduras:

“No hay camino para la paz, la paz es el camino”

La frase no es nueva, pero suena bien y probablemente es cierta: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.

La frase no es nueva, pero suena bien y probablemente es cierta: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Aunque la dificultad comienza aquí: ¿cómo lograr esa paz que todos dicen querer?

Quien la dijo en esta ocasión fue Ruslán Spírin (48), embajador de Ucrania en México y concurrente en Costa Rica y otros países de la región.

UNIVERSIDAD conversó con él poco antes de que volviera a México, el pasado lunes 11 de mayo, un día después de la reunión que sostuvieron en Moscú la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente ruso, Vladimir Putin, en torno a la situación en Ucrania.

Un día antes, ni Estados Unidos ni los países europeos arroparon a Rusia durante el desfile que conmemoró en esa nación los 70 años del triunfo contra el nazismo, pero Merkel encontró una fórmula intermedia. Llegó al día siguiente y dijo inclinarse “ante los millones de víctimas que tuvieron el pueblo soviético y otros, por culpa de los nacionalsocialistas de Alemania”. Parece suficiente, por ahora. Después vinieron las discrepancias sobre las políticas hacia Ucrania.

A continuación, un resumen de la conversación con el embajador Spírin.

El  presidente ruso,Vladimir Putin, y la canciller alemana, Angela Merkel, se reunieron el 10 de mayo en Moscú. Sin dejar de señalar las diferencias, parece que predominó el interés de encontrar una salida a la crisis provocada por la situación en Ucrania. ¿Cómo evalúa los resultados de esa reunión?, ¿qué importancia tiene para Ucrania?

−Lo más importante es que todo el mundo sabe que Ucrania está defendiendo valores civilizados, el derecho internacional, luchando contra Rusia (aunque esa guerra no está declarada, podemos llamarla híbrida) porque participan más de 15.000 soldados rusos, más de 700 tanques y carros armados, equipos complejos, tan sofisticados que permiten derribar aviones a más de 10.000 metros de altura. Están en territorio de Ucrania, pero sin insignias, sin banderas, y eso permite a las autoridades rusas decir que no hay presencia de su país en territorio de Ucrania. Tenemos evidencias, capturas de satélites, videos, conversaciones, rusos apresados que confiesan como fueron trasladados a Ucrania; pero aun así, los rusos siguen diciendo que no pasa nada, que todo está bien. Nadie respeta la palabra de Rusia, porque todo es engaño. Rusia se convierte de papagayo en payaso.

Es en el marco de ese apoyo internacional que debemos ver esa plática de Merkel con Putin, que le pide el retiro sus tropas de Ucrania.

Rusia celebró con un impresionante desfile militar los 70 años del triunfo sobre la Alemania nazi. Estados Unidos y los países de Europa occidental boicotearon el acto, una actitud que el ministro brasileño de Defensa, Jacques Wagner (presente en el acto), calificó de un “error”. ¿Cuál es su punto de vista al respecto?

−¡Mira quién apoya a Rusia hoy en día! ¡Los esclavos políticos y los mercenarios pagados!

¿Brasil entre ellos?

− No Brasil, sino algunos del gabinete. La influencia de Rusia se basa en su propaganda, desde la revolución bolchevique y la II Guerra Mundial. Todo es pura propaganda, no coincide con la realidad. Putin necesita la imagen de un enemigo para distraer a la población de los problemas internos. Necesitó, como pretexto, esa guerra con Ucrania. En Donetsk y Lugansk dice que luchan prorrusos, pero ¡no! Son rusos, mercenarios, delincuentes. La situación de derechos humanos en Rusia es horrible: mueren 50.000 personas por consumir drogas, otro tanto por consumir vodka de mala calidad, 150.000 mueren por delincuencia. En 20 años Rusia perdió 19 millones de habitantes. Por eso necesitan algo para distraer a la gente. Y dedican mucho dinero a la propaganda. Ucrania no tiene recursos para eso, todos van para la defensa contra Rusia.

En un análisis del presidente de la empresa de inteligencia Stratfor, George Friedman, en marzo del año pasado, su país parece una pieza en la nueva estrategia de contención de Estados Unidos contra Rusia, similar a la aplicada contra la Unión Soviética en la época de la Guerra Fría. ¿Está de acuerdo con esa visión?

−Eso es parte de la propaganda rusa. Para encontrar algunas excusas, mentiras cínicas, lanzan esa información para culpar a cualquier otro, menos a Putin. Antes tenían un enemigo y ahora reviven las posiciones anteriores, acusando a Estados Unidos de enemigo. Pero Estados Unidos abrió sus puertas a Rusia en todos los aspectos de la vida. Sin embargo, para Rusia es más conveniente acusar a sus amigos que desarrollar de verdad esa amistad. Pero no es Estados Unidos el que se anexó la península de Crimea o el que ocupó territorio de Ucrania, tampoco el que financia los soldados en Lugansk y Donetsk. Son rusos.

Usted escribió en un artículo el año pasado: “Ucrania quiere ser europea y esto afecta a Rusia, que teme mucho la aproximación de la OTAN a su territorio, porque es la fuerza militar que la puede enfrentar. Si Ucrania fuera parte de la Unión Europea, la OTAN estaría en la frontera rusa”. Me parece una idea muy peligrosa. ¿Cómo concibe ese enfrentamiento de las fuerzas militares de la OTAN con las rusas?

−Primero, no veo ese enfrentamiento porque Ucrania, por ahora, no se propone ingresar a la OTAN. La Unión Europea (UE) es nuestra meta estratégica en política exterior. Estamos llegando a eso paso a paso. Por eso se dio la ‘revolución de la dignidad’ en la plaza Maidán. La población salió a protestar cuando el anterior presidente, Víktor Yanukóvich, no quiso sumarse a la UE. Pero la idea sigue igual: dirigirnos rumbo a Europa. Queremos vivir en ese mundo y no en el imperio ruso, en el mundo post soviético. No hay otra alternativa para nuestro futuro más que ingresar a la UE.

Vamos a seguir hasta integrarnos totalmente a la UE. Después de la ‘revolución de la dignidad’ firmamos un acuerdo de asociación con ella, tanto político como económico. Las mercancías de Ucrania van a la UE con arancel cero, aunque seguimos cobrando aranceles por las importaciones desde Europa. Eso asusta a Rusia y es una de las razones por las que sigue luchando en territorio de Ucrania. Ya no quiere anexarse esos territorios. Están intentando congelar un conflicto en territorio de Ucrania porque, con territorios en disputa, no tenemos posibilidad de ingresar en la UE.

Hablando de Crimea, tenemos que recordar que esa ocupación rusa fue considerada por las Naciones Unidas como territorio temporalmente ocupado por Rusia. Y debo agradecer a Costa Rica porque, hace un año, no solo votó a favor de Ucrania, sino que fue coautora de la resolución para no reconocer la anexión de la península de Crimea a Rusia. En cuanto a la OTAN, la idea es aproximarnos, pero no de ingresar a esa organización.

A la caída del entonces presidente Víktor Yanukóvich, el año pasado, el presidente Petro Poroshenko prometió ganar la guerra civil en un mes. Un año después, el conflicto y la corrupción siguen (algunos dicen que aumentan) y la economía ucraniana está destrozada. ¿Tiene futuro la política actual del gobierno de Ucrania?

−Seguro. Esta situación es resultado de la política anterior. La idea es cambiar todo el sistema del Partido Comunista de la antigua Unión Soviética. Estamos intentando reformar todos los sistemas. Hemos aprobado decenas de leyes aproximando nuestra legislación a la de la UE, para evitar la corrupción. Estamos aprobando una ley de autonomía de las regiones. Nuestro presidente no solo declaró, sino que ha hecho todo lo posible para recuperar nuestro ejército, del cual un tercio es de civiles que están dispuestos a defender sus hogares, sus familias, contra cualquier amenaza exterior. Ucrania está unida como nunca.

El primer ministro Victor Yatseniuk fue presentado desde el inicio como el hombre de Washington y el resultado no ha sido el esperado: una caída del PIB de 7,5% este año, según el Banco Mundial, superior a la caída de 6,8% del año pasado. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de esa situación para el país?

−En un país en guerra, la economía no surge; pero eso es culpa de Rusia. Si quisieran la paz, ya la habríamos podido establecer hace un año. Pero los rusos que quieren la paz mandan sus tropas a esas regiones y están destruyendo el sistema de infraestructura.

Si los ‘prorrusos’ quisieran independizarse, no deberían destruir nada en su territorio; ellos no pretenden vivir ahí, están destruyendo todo, las carreteras, los hospitales, las escuelas. La idea es cómo terminar con el proceso. Para eso necesitamos inyecciones financieras. Nos ayudan muchos países del mundo. Con el FMI también tenemos acuerdos. Vamos a recibir apoyo, lo que nos permitirá recuperar más rápidamente la economía. Es también un momento muy favorable para los inversionistas. La caída de nuestra economía no es tan grave como la de Rusia, de 9%. Con las sanciones internacionales Rusia está aislada y su economía, que en 85% depende de los hidrocarburos, pierde billones de dólares con la caída de los precios. Ellos no tienen guerra en su territorio, pero gastan mucho dinero en el ejército para mantener la guerra latente. Pierden dinero con eso y van a perder mucho más. Y ellos ya lo entienden.

Al parecer todos los sectores apuestan a la aplicación de los Acuerdos de Minsk, de setiembre del 2014, para lograr la paz en Ucrania. En febrero pasado, los líderes de su país y de Rusia, Alemania y Francia definieron 13 medidas para avanzar en el cumplimiento de ese acuerdo, que incluía el alto al fuego, diálogo, medidas políticas de descentralización y medidas humanitarias. En su criterio, ¿esos siguen siendo los puntos necesarios para un acuerdo?, ¿son medidas viables?

− Claro que son viables. La única salida de esa situación es el cumplimiento de todas esas obligaciones. No puede ser solo una, debe ser todo el paquete. Acordamos un cese al fuego y la retirada de las tropas, pero los rusos no dejan pasar observadores internacionales. Además, necesitamos elecciones en esas dos regiones de Donetsk y Lugansk, transparentes y con observadores internacionales. Con los líderes electos podemos tratar todo. Ese es el siguiente paso. En las dos regiones viven de 2,5 a 4 millones de habitantes. Hay ya un millón de refugiados de esas regiones. Esas son zonas industriales, con importantes minas de carbón. No pretendemos cortar nuestro territorio y dejarlo a los terroristas. Ahí viven ucranianos.

 

Peligroso conflicto

Hace siete meses, en noviembre del año pasado, el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) presentó el estudio “Ucrania: revolución y guerra civil. Una visión alternativa a la crisis”.

El estudio señalaba: “La crisis en Ucrania, comenzada en noviembre de 2013 tras rechazar el expresidente Yanukovich la firma del Acuerdo de Asociación y Libre Comercio con la UE, ha evolucionado hasta convertirse en el más grave desafío para la seguridad europea desde el final de la Guerra Fría. Las debilidades como Estado de ese país eslavo, unido a las evidentes interferencias de diversos actores externos, han acabado provocando un conflicto armado con la muerte de miles de civiles, algo que parecía impensable en nuestro continente. A pesar del alto el fuego firmado a principios de setiembre, la situación dista mucho de haber sido estabilizada”.

Desde entonces, en un esfuerzo por encontrar una solución negociada al conflicto, se firmó el 5 se setiembre del año pasado el Acuerdo de Minsk, un protocolo de 12 puntos para celebrar un alto al fuego inmediato y llevar a cabo elecciones locales en las regiones rebeldes de Donetsk y Lugansk, entre otras medidas humanitarias.

Meses después, el pasado 12 de febrero, luego de 16 horas de negociaciones entre los presidentes de Ucrania, Piotr Poroshenko; de Rusia, Vladimir Putin; de Francia, François Hollande, y la canciller de Alemania, Ángela Merkel, se aprobó el documento “Serie de medidas para el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk”, para poner fin al conflicto al este de Ucrania.

Las dificultades para la aplicación de esos acuerdos fueron parte importante de las discusiones entre la canciller alemana y el presidente ruso, la semana pasada, en Moscú.

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