¡Cada ciudadano, un diputado!

La democracia ideal no es aquella en la cual están representados todos los individuos capaces de tomar las decisiones políticas de un Estado; es

La democracia ideal no es aquella en la cual están representados todos los individuos capaces de tomar las decisiones políticas de un Estado; es aquella en la que podrían estar todos ellos físicamente presentes. Hasta hace pocos años eso era imposible, pero hoy las cosas han cambiado.

En el año 2006, en Estonia, se realizó la primera votación legislativa del mundo por medio de Internet. En ese momento algunos cuestionaron la seguridad del voto «online», a lo que los estonios respondieron: «Si confiamos nuestras transacciones financieras, declaramos impuestos por Internet… ¿Por qué íbamos a desconfiar del voto por Internet?”. Todas esas facilidades  y más las  tenemos hoy en Costa Rica.

Teniendo en cuenta que la función de los diputados se resume en proponer y aprobar proyectos de ley, ¿por qué no ir nosotros un paso más adelante, eliminando la figura del diputado, y que cada ciudadano ejerza esa función, hoy tan desprestigiada en manos de esos señores?

La actividad del poder legislativo realizada por técnicos, comunicadores, programadores, informáticos, redactores y asesores necesarios para tramitar un proyecto de ley, en contraste con la de los legisladores, pareciera ser una fuerza laboral seria y fundamental,  disponible mientras exista ese poder.

Aprovechando esas infraestructuras y tecnologías del Congreso y del país en general, Costa Rica estaría en capacidad de prescindir de los diputados y reinvertir ese inconmensurable ahorro en reforzar esa parte técnico-administrativa con especialistas y equipo, para que el servicio sea de lujo. Este sistema podría, además, implementarse a nivel  provincial, para que asuma también la función paralela de alcaldes y gobiernos locales.

De acuerdo con un protocolo especial, con un mínimo de firmas de interesados, regulaciones de planteamiento, motivación y otros requisitos, los ciudadanos podrían hacerse presentes proponiendo los proyectos  de ley que serían dirigidos al Congreso o a la sede municipal que corresponda.

Cada proyecto enviado por los ciudadanos, siempre que cumpla los requisitos, sería puesto en las páginas de Internet del Congreso y estaría disponible al público por un período suficiente, con el fin de que los ciudadanos lo estudien, hagan su proselitismo, y sea discutido a cualquier nivel (radio, televisión, Internet, plaza pública, etc.).

Superado ese período de estudio y discusión vendría la votación del proyecto, para lo cual contaría la comunidad también con un lapso suficiente, estimado para que voten la mayoría de los habitantes interesados. Los ciudadanos que lo requirieran recibirían ayuda del Estado y de la fase técnica, como la confección de un carné y firma electrónica, para acceder  al proceso en cualquier etapa.

Se procedería tan fácil como que cualquier ciudadano, desde una computadora entraría en una página especial del Congreso, estudiaría el proyecto de ley y luego le daría su aprobación o rechazo con un SI o un  NO. Más  simple que si se tratara de hacer una transferencia de dinero vía Internet, de las cuales se hacen cientos de miles todos los días. Todo ciudadano tendría acceso irrestricto a cualquier proyecto de ley, y tendríamos tantos “diputados» como habitantes hábiles para votar.

Esa es la maravilla de la era cibernética. Ya no habrá solamente 57 individuos decidiendo por usted y por nuestros millones de compatriotas. ¡Sueños de democracia: Cada individuo representado por sí mismo! Ahora será usted quien decida su  futuro y el del país. Y no dejamos de pensar ansiosamente en los tiempos que vendrán cuando el gobierno, en su totalidad, llegue a ser sustituido por las supercomputadoras de un futuro cercano, que tomarán las decisiones «pensando» en lo mejor para cada comunidad; y por un costo risible, comparado con lo que nos cuestan los «Padres de la Patria».

Tendrá, ¡por fin! el ciudadano, algún valor en el rumbo de la política nacional. Se acabarán el derroche de la inmoral deuda política y sus robos paralelos; los impostores y mediocres gobernando; las náuseas que nos provocan… Estaremos a las puertas del camino hacia una democracia. Solo faltaría la aprobación de los Señores Diputados, para  que puedan irse a disfrutar su merecido despido; pero… ¿Lo aprobarían?

¡Gracias hoy a la Internet

Cada individuo mayor

Puede ser legislador,

Sin más representación

Que su propia decisión,

Su dignidad y su honor!

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