Comentarios a una entrevista comprometedora

Una lectura a la entrevista a la Sra. Alejandra Cárdenas: “Las democracias solo funcionan si son laicas”, especialista en derechos humanos, y participante en

Una lectura a la entrevista a la Sra. Alejandra Cárdenas: “Las democracias solo funcionan si son laicas”, especialista en derechos humanos, y participante en un foro –Alcances sobre la sentencia sobre el caso de la Fecundación in Vitro− organizado por la Defensoría de los Habitantes, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la Asociación Demográfica Costarricense y la Colectiva por el Derecho a Decidir, hija de aquella, y ambas parte de la IPPF internacional.

Aunque el artículo se vincula a derechos humanos las intenciones no lo son tanto:

Si los supuestos alcances del fallo de la CIDH eran una salida a la infertilidad de doce parejas, sugiere otras que movilizan al Fondo de Población y a dos de las organizaciones pro-aborto más activas del planeta.

La primera pregunta obvia es si este fallo desde el principio lo que buscaba era abrir portillos al aborto, y nuevas leyes de control social y poblacional en Costa Rica. El aborto lo es, su fin es poblacional.

La interpretación que la Sra. Cárdenas establece es que el derecho a la privacidad y a la intimidad esta relacionado únicamente a la libertad de decidir la identidad sexual, en una gama pre-diseñada, lo cual contraviene el derecho mismo a la intimidad, la privacidad y la libertad. Si bien reconoce que el Estado no puede intervenir en este tema, sí lo puede hacer una oficina de las Naciones Unidas. ¿Tiene el fallo un alcance “inapelable” de tipo poblacional y agenda global, para cumplir con el objetivo de acabar con la pobreza, eliminando los pobres del tercer mundo? Lo que termina diciendo es que le niega al Estado costarricense la posibilidad de intervenir a esta invasión a la soberanía nacional y a su estado de derecho.

Desde ahí se entiende la idea de que la democracia funciona desde una postura laica. Es cierto. La etimología de la palabra laica (griego laos), que significa “del pueblo”, que pertenece a todos en general y no a un grupo en particular. Lo que quiere decir la Sra. Cárdenas es que no quiere límites éticos para imponer su laicismo ideológico, aunque sea contrario al pueblo, diseñado por un grupo particular de personas quienes deciden quiénes deben vivir y quiénes no.

Esta experta en derechos humanos, adicionalmente intenta introducir −y no lo son− los derechos sexuales y de identidad sexual pre-establecidos como derechos humanos; mientras por otro lado elimina el derecho a la vida, como un molesto “superderecho”. A quien le molesta la vida es quien piensa violentarla. Como hace el propio fallo al concluir −sin razones científicas, humanas o éticas− que el embrión humano carece de condiciones existenciales para ser considerado sujeto de derecho. Violenta el derecho humano al fraccionar la persona y sus transiciones mediante derechos individualizados, con la perversa presunción de interpretar cuáles son humanos y cuáles no.

Sin el derecho fundamental a la vida, aunque quieran pasarlo como fundamentalista, ninguno de los otros derechos tiene sentido sino subsidiariamente dependientes. ¿De qué sirve la libertad de pensamiento y  expresión o el derecho a la intimidad y la privacidad, si estás muerto? Los derechos de asociación con otros muertos es la mejor definición de un cementerio. Todos los demás derechos exigen el derecho a estar vivos, y en libertad, para que se puedan movilizar plenamente.

Desde el punto de vista de la filosofía del derecho, relativizar las leyes y los derechos lastima la vida social de las personas. ¿Relativizar el robar, matar, tráfico de drogas, corrupción o la invasión de un país por otro? Si relativizamos la madeja de la ley y del derecho por supuestas violaciones a aquellos que no gustan de los semáforos: ¿que pasará con todo el ordenamiento jurídico y la necesaria trama de principios de convivencia social que nos permiten resolver conflictos y diferencias?

Aunque lo llamen salir de la Edad Media, es entrar en una peor edad media. Volver a la ley de la selva, aunque se vistan de avanzada y progreso. Flamarión decía a propósito de esta clase de argumentaciones: “No tienen tan sólo la desgracia de ser falsas, sino también la imperdonable culpa de ser ridículas”.

 

 

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