Cómo cambia la gente

Desde que se maridan esperma con óvulo, todo comenzó a cambiar. La fertilización como realidad de la naturaleza es el proceso de fusión que pretende

Desde que se maridan esperma con óvulo, todo comenzó a cambiar. La fertilización como realidad de la naturaleza es el proceso de fusión que pretende la continuidad de una especie. Los seres humanos somos mamíferos humanos. Es obvio que a nadie le gusta que le digan animal, y menos si se lo espetan con certeza positiva, superlativamente rebajándole su estado a algún cuadrúpedo que considera inferior.

Pero no hay por qué alarmarse, la morfología humana actual y la futura que se hace constantemente, deviene de la evolución de la naturaleza como un todo orgánico que se ha mostrado imparable durante miles de millones de años. Somos hijos de la Creación y de las estrellas, que nos liga con un principio y un fin.

Una vez que dio comienzo la génesis venimos heredados y ya somos versión modificada por causa del ADN y la biblioteca que se nos traspasa, así como el valor agregado al producto en gestación, estímulos externos incesantes de orden material psicosocial que promueve conductas a priori. Una idea deseable que late en el corazón de los humanos padre / hombre, y madre / mujer, es la de producir estimulación temprana en el vientre o los sacos de granja que se hinchan con el embarazo creciente.

Estimular al feto desde el exterior, por ejemplo, con música de Mozart, ¿para lograr qué efecto? Suponemos que al nacer el nuevo ser humano será mejor, ¿quién lo asegura? Las ratas también son estimuladas y siguen siendo ratas, algunas o todas indeseables.

Uno de los asuntos clínicos que tienden a desenredar los psicólogos y los no psicólogos, es el de los egos, aquel estado de conducta de nuestro yo individual que da una visión y presencia personal para asumirse, a sí mismo, como especial respecto a los otros, donde se proyecta como sujeto único: claro que necesita su propia barra que le haga bulla, entonces surge su otro yo, la imagen de sí mismo, el espejo.

En ojos del entendimiento de los demás, caen mal, porque su signo se torna en el complejo Yó-Yó, y solo Yo. Muchos de estos yoyos son personas que olvidan el sentido de compartir una inteligencia exitosa en el contexto y la circunstancia donde las acciones de grupo pueden dar mejores frutos, exitosos con un líder de fuerte personalidad que provoque la empatía colectiva con una ética de trabajo, donde discurso y acción vayan juntos y se puedan medir los beneficios que crea, produce y que debería compartir solidariamente la sociedad.

En atención a las posiciones de poder y dominio que logran tener en sus manos, en la familia, en el círculo social, la empresa, la economía propia y su bonanza, es la carne viva del ser humano como ser político: la política, siempre asociada y hermanada con el poder y los beneficios directos que le reporta a quien se adhiere a ella. Y la podredumbre en que se desenvuelve. El ser humano como ser político, producto de la cascada del ADN y de los estímulos.

La gente cambia. Cambia los roles sociales, cambia de sexo, de moral, de negocio espiritual, de maquillaje camaleónico, parte del complejo yo, y del Yó-Yó que fabrica para su beneficio y delirio de grandeza, con el culto de adoración llamado egolatría. Solo Yo puedo gobernar este país; solo Yo sé hacer lo que ustedes no logran ni todos juntos; solo Yo tengo que hacerlo todo.

¿Cambia entonces la gente, o algo por dentro ya traía en sus genes y se aguzó con estímulos? Pudiera ser que es un bastante de uno y un poco menos del otro.

Lo que nos sugiere una radiografía exploratoria al interior de la sociedad es que el dinero, las posesiones materiales y bienes de consumo, son el sentido de la existencia de millones de personas, llenos de mercadería basura, no de una raza humana que haya evolucionado hacia mejores derroteros, sino de seres desechables que consumen objetos, y que a la vez son consumidos por la cadena de consumidores.

Y si no, miren qué han hecho los seres humanos de todo el planeta con su casa madre, con su madre Tierra.

No todo estuvo perdido siempre, unos cuantos hombres y mujeres, en todas las épocas, nos han hecho avanzar con su luz indispensable para que los demás vean el camino de la liberación constructiva a través de otro útero.

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