Delincuencia y sociedad civil

Actualmente, nos encontramos ante una tendencia legislativa que se aboca por el aumento en las sanciones y los tipos penales, promoviendo

Actualmente, nos encontramos ante una tendencia legislativa que se aboca por el aumento en las sanciones y los tipos penales, promoviendo a su vez la política cero tolerancia ante la comisión de un delito como medio paliativo ante la inseguridad ciudadana. Lo anterior tiene una relación directa con el aumento del hacinamiento carcelario (hasta un 100% en algunos centros penales) y el mantenimiento de una alta tasa de reincidencia delictiva.

Ante tal panorama, surge la interrogante: ¿Existe una relación entre el crecimiento de la población de privados de libertad y una reducción significativa de la comisión de delitos? Lamentablemente, pareciera ser que haciendo parangón de lo anterior, nos encontramos cada vez ante una sociedad más insegura, donde la adquisición de una vivienda sin rejas resulta ser impensable, donde existen zonas metropolitanas donde ni siquiera entran los policías ni las ambulancias, y donde por temor a que nos asalten no nos detenemos ni a darle la hora a un extraño. Vivimos en una sociedad con miedo, y eso no está en tela de duda.

Es entonces como se puede determinar, sin necesidad de realizar un análisis muy profundo, que los efectos perjudiciales de la criminalidad a nivel social no han disminuido de manera perceptible, y que los fines resocializadores de la ley penal en pocos casos se cumplen, debido al poco apoyo a nivel estatal y social que tiene una persona en conflicto con dicha legislación. A esto, se le debe sumar el hecho de que un alto porcentaje de las personas sometidas a un proceso penal provienen de estratos sociales bajos, y poseen un reducido nivel de formación, situación que en nada se ve mejorada cuando permanecen recluidas en un centro penal debido a la falta de condiciones para ello; por lo que a su egreso no resulta posible insertarse inmediatamente al sector laboral nacional dada su falta de capacitación y experiencia.

Ante esta situación, como miembros de la sociedad civil, debemos tener una participación activa en el ofrecimiento de oportunidades para que estas personas puedan desenvolverse como miembros útiles en esta, por un motivo muy simple: si no nos involucramos y comprometemos a tomar nuestro rol de agentes de cambio del paradigma expuesto, nos vemos envueltos en un círculo vicioso, donde todos sufrimos de manera directa o indirecta los efectos negativos de la delincuencia. Es decir, permanecemos en la misma condición de inseguridad, con altos índices de criminalidad y reincidencia delictiva, por la ausencia de oportunidades de reinserción social. Se debe recurrir entonces al planteamiento de cambios sociales que generen efectos permanentes, para lograr reducir de manera palpable los índices mencionados.

La propuesta de este artículo es generar una reflexión en sus lectores sobre el involucramiento como miembros de sociedad civil dentro de esta problemática actual, ya que aunque somos afectados por ella, no asumimos la responsabilidad que conlleva el pertenecer a una colectividad, que debe procurar la búsqueda activa de soluciones que promuevan el bien común, y, sobre todo, que fomenten una sociedad inclusiva en donde se permita generar iniciativas tanto de formación como de empleo a las personas que se encuentran en conflicto con la ley penal, y que promuevan una efectiva reinserción social.

 

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