El ICE desde adentro: la mirada de un colaborador

Quizás será la visión negativa propia de la dinámica mediática para vender. Tal vez sea el optimismo iluso típico de un conglomerado ciudadano cegado

Quizás será la visión negativa propia de la dinámica mediática para vender. Tal vez sea el optimismo iluso típico de un conglomerado ciudadano cegado por el espectáculo y el dinero. No sé, de todo escucho en la calle, pero solo las personas trabajadoras del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) conocemos el statu quo de la empresa hoy, y también ‘intuimos’ (construimos) su futuro.

Sin los apremios inútiles de querer saber todo y sin la quimera de tener toda la razón, muestro el escenario que afecto como colaborador, positiva o negativamente, en el ICE. Paso ahí mínimo 48 horas a la semana. Conozco la historia del ICE con sus aciertos y yerros, y soy parte de su pasado reciente y de la actualidad en el contexto que se quiera encasillar. Quiero darles mi versión, desde adentro.

Un 16 de febrero del 2009 ingresé a esta empresa como colaborador temporal, cubriendo una incapacidad. Estaría seis meses nada más, pero ha transcurrido un poco más y aquí estoy. Soy colaborador, seguro de que el tiempo y la intensidad con la que vivo mi trabajo, me dan la potestad de diagnosticar la empresa.

El ICE es una institución emblemática y lo que nos ha dado es imborrable, porque su huella estlbi ﷽﷽﷽﷽﷽﷽poco desde 1949. En menos tiempo, krabajadoras han tejido las redes elncha o en tierra firme. Hasta Peñas Blancas y Uvá presente en todo el país, en todos sus habitantes. El ICE es ícono eléctrico y de telecomunicaciones aquí y afuera, y desde ya voltea su mirada a todo el orbe.

Dentro, su fuerza laboral cambia y se ‘depura’ de acuerdo con las condiciones del entorno y las exigencias, y con base en la dinámica propia del cambio generacional, siempre con excepciones. Lo cierto del caso es que el compromiso es palpable en unos más que en otros, pero somos más los que imprimimos el ímpetu y el conocimiento diarios.

Desde Paso Canoas, en la agencia o en la calle. Desde la Isla del Coco, en lancha o en tierra firme. Hasta Peñas Blancas y Uvita y Talamanca y… ¡En todo lado! Todas las personas trabajadoras del ICE hemos tejido las redes eléctricas que mueven el país, poco a poco desde 1949. En menos tiempo, kölbi ha cumplido y cobija de redes y señales todo el territorio, con sus ‘pendientes’ y debilidades propias de una tarea en proceso.

No solo quiero expresar mi compromiso, sino el de esa fuerza amarilla. Quiero que quienes aún no se han ‘inyectado’ de entusiasmo y de historia, lo hagan y aporten al ICE y al país las habilidades y el conocimiento, claves para consolidar la tarea que iniciaron otros, que nos hizo grandes y que debemos honrrar, por el bien propio y de los demás. Solo los grandes tienen historia y debe ser nuestra inspiración todas las mañanas, tardes y noches.

Siempre he creído que en la medida en la cual se fusiona la vida y el trabajo, se vive feliz, se disfruta lo que se hace, sin pensar en el salario quincenal, sino en hacer lo que nos gusta, en que nos guste lo que hagamos. Ojalá todos y todas pensáramos así, porque lo material siempre llegaría por añadidura y no prisioneros de añorar lo imposible.

Apenas he cumplido cinco años en el ICE y no lo conozco todo, aunque mi trabajo me lo permite. Me falta mucho y mientras que esta enorme empresa me dé la confianza, trabajaré con ética y valores, innovando constantemente y revisando lo hecho, para hacerlo mejor y diferente.

Desde mi escritorio o desde cualquier sitio del país donde se levanta una obra iceísta y esté presente, quiero dar el ejemplo y seguir el de mis líderes siempre que sea positivo.

Dentro, el ICE es fuerte, resistente, flexible al cambio, consciente de que todos los días debe mejorar. Dentro, el ICE tiene una enorme fuerza laboral, que cree en lo que hace, y quienes aún no están muy convencidos, se están dando cuenta de que la responsabilidad del ICE, de cada persona dentro, tiene efectos sobre el país. Esa es la imagen que queremos transmitir.

Esto no “es paja”, no me pagan por esto, lo redacté un domingo en casa. Es solo una breve muestra de aprecio y cumplimiento del deber, para retornar algo de lo que esta Patria me da.

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