Blindaje legal inútil ante invasiones

El biólogo del Tribunal Ambiental Administrativo, Juan Sánchez, muestra el manglar sano al fondo, tras una zona de mangle talado o quemado en Puntarenas.

El biólogo del Tribunal Ambiental Administrativo, Juan Sánchez, muestra el manglar sano al fondo, tras una zona de mangle talado o quemado en Puntarenas. En este punto donde se ubicaba el técnico, el suelo estaba mojado y lleno de pequeños crustáceos. (Foto: Diego Arguedas)

Desde hace 21 años hay un caso que lleva la Procuraduría General de la República. Se trata de un intento por recuperar 150 hectáreas en los linderos del manglar de Puntarenas que actualmente están registradas por una sociedad anónima y que la Procuraduría asegura que pertenecen al Estado.

Pese a que el país cuenta con un blindaje legal complejo que debería de proteger a los manglares desde varios frentes, las afectaciones continúan desde hace décadas.

Desde la promulgación de la Ley de la Zona Marítimo Terrestre, en 1977, los manglares son catalogados como reserva forestal y zona pública, por lo que no pueden ser ocupados de ninguna manera. Aún cuando un área de manglar está titulada en una propiedad, el Estado todavía puede reclamarla.

Por su parte, la Ley Orgánica del Ambiente señala que se prohíben “las actividades orientadas a interrumpir los ciclos naturales de los ecosistemas de humedal», categoría donde caben los manglares.

Actualmente, el Tribunal Ambiental Administrativo tiene abiertos 34 expedientes en el manglar de Puntarenas que corresponden a parcelas ubicadas al norte del manglar donde hay daño ecológico. Todos esos son herederos de un solo expediente abierto en 2010 para toda la afectación del manglar. En Sierpe Térraba hay media docena de casos y unos cuantos en otros manglares del país.


Manglares son aliados ante marejadas, sedimentos y toxinas

Aunque ocupan menos del 1% del territorio de Costa Rica, los manglares son uno de los ecosistemas más ricos y más importantes que tiene el país, por la variedad de servicios ecosistémicos que ofrecen, que van desde la crianza de especies vitales para la economía local hasta la captura de carbono.

Las cerca de 31.000 hectáreas de manglar en el Pacífico costarricense facilitan el ciclo de nutrimentos, la captura de sedimentos, filtración de toxinas, hábitat para multitud de especies y protección de las costas ante el embate del oleaje, huracanes y marejadas, por lo que resultan un formidable aliado ante el cambio climático.

“Los ecosistemas de manglar son para los ecosistemas terrestres lo que el hígado y los riñones son para el cuerpo humano”, explicó Bernardo Aguilar, director de la Fundación Neotrópica.

Además de los beneficios que tiene la costa marina por la presencia de los humedales, los seres humanos se ven favorecidos por el aporte a la pesca artesanal.

“Estos ecosistemas son muy importantes ecológicamente porque son zonas de hábitat de reproducción, crecimiento o alimentación de especies de peces de interés comercial, lo que implica que se mantenga un stock de este tipo de peces, además de otras especies como crustáceos y bivalvos que son explotados comercialmente, como almejas, pianguas, chuchecas o cangrejos (jaibas)”, explica un informe técnico del Tribunal Ambiental.

En 2012, un muestreo de la cooperación alemana GIZ en 28 puntos del manglar de Térraba Sierpe determinó que cada hectárea de manglar puede contener alrededor de 400 toneladas de CO2.

Según los cálculos del informe, la deforestación de manglares liberó unas 1600  toneladas de carbono entre 1991 y 2012. Eso equivale a cerca del 10% de las emisiones de Costa Rica al 2012.


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