La huella de Manuel Formoso

La huella dejada por el maestro Manuel Formoso, fallecido hace varios meses, reviste hoy particular vigencia dada la polémica que se ha suscitado

La huella dejada por el maestro Manuel Formoso, fallecido hace varios meses, reviste hoy particular vigencia dada la polémica que se ha suscitado en torno a la circulación de un borrador de un proyecto de ley, redactado por jerarcas del Ministerio de Ciencia y Tecnología que, a pesar de pretender regular la libertad de expresión, fue considerado como violatorio de ese derecho, tenido con razón como fundamental en un régimen democrático. Es por eso que oso pergeñar estas líneas, mezcla de sentimientos y recuerdos de un hombre que, gracias a la Universidad de Costa Rica, me fue muy cercano especialmente en la decisiva década de los 60. Su formación profesional la recibió en la Facultad de Derecho. Pero su vocación no fue el ejercicio de la abogacía, sino la teoría política en la cátedra de Filosofía Política de la Escuela de Filosofía de esta Universidad y la praxis política como compromiso revolucionario, tanto en el ámbito nacional como en el universitario, todo unido a la inquebrantable disciplina inherente al ejercicio de la docencia. En todos fue un maestro inolvidable, hasta tal punto de que, quienes tuvieron el privilegio de seguir sus lecciones o leer sus comentarios, lo siguen recordando como su insigne mentor. Como si fuera poco, a lo anterior se unió su inquebrantable vocación de periodista, heredada de su padre venido a Costa Rica huyendo del terror del régimen de Franco, ya que Formoso padre había sido activista de la República Española.

Analizando esta trayectoria de su larga y fecunda vida, podemos concluir que Manuel fue, ante todo, un comunicador y promotor de las más nobles causas, tanto desde la cátedra universitaria como gracias a su exquisita pluma de innato periodista. Si el pensamiento existe, es para comunicarlo como reclamaban los viejos sofistas, porque las ideas tienen como objetivo no el regodeo narcisista, sino la pretensión de cambiar las conciencias. “Pensar es cambiar” decía el filósofo Heidegger. Por eso las ideas pueden cambiar la sociedad y dejar una huella en la historia. Manuel se graduó de doctor en derecho por la Universidad de Madrid, con una tesis sobre el gran filósofo-teólogo jesuita Francisco Suárez, padre del derecho internacional y en quien se inspiró el holandés Grocio para darle forma definitiva al derecho internacional. Pero Manuel fue más allá del aula universitaria, que nunca abandonó sino hasta pensionarse. Como tantos de nuestra generación, fue de los ideólogos que inspiró la Reforma Universitaria mas importante que ha tenido la educación superior de Costa Rica, después de la reforma de Rodrigo Facio (1957), como fue la del trascendente Tercer Congreso, de cuya herencia todavía se nutre nuestra alma máter.

Dentro de ese contexto de “revolución ideológica”, se creó el Semanario UNIVERSIDAD. Manuel fue su primer director y supo imprimirle un hálito de libertad y espíritu crítico que lo caracteriza hasta el presente. Pero eso le costó ser la víctima de los ataques y el odio de sectores dentro y fuera de la Universidad , que lo descalificaron catalogándolo despectivamente de “rojo”, hasta lograr un par de años después que se fuera de la dirección del mencionado periódico. Pero Manuel había dejado huella: la marca de su indomable amor por el libre pensamiento y su inclaudicable lucidez crítica. Haciendo de las páginas del Semanario un eco de sus magistrales lecciones de filosofía política, se convirtió en adalid de la lucha por una democracia real, es decir, afincada en la justicia social y promovida por un Estado de Derecho. Contribuyó a hacer de los medios de comunicación de la UCR, que en la actualidad abarcan todas las formas de expresión: Semanario, Canal 15 y las frecuencias de radio, los medios más libres de nuestra “democracia”, gracias a lo cual no solo la familia universitaria sino todo nuestro pueblo, comenzó a darse cuenta de lo que quería decir Rodrigo Facio cuando definió la Universidad pública como la “conciencia lúcida de la Patria”. Como insigne mentor de varias generaciones de estudiantes, Manuel fue también quien en el área de las Ciencias Sociales, contribuyó a institucionalizar su cultivo y la investigación en este controversial campo. Fue el segundo decano de la Facultad de Ciencias Sociales y fundador y primer director de la Escuela de Ciencias Políticas, lo cual le da el honroso calificativo de fundador de la política como saber académico en el país. Poco después de morir, el decano actual de Ciencias Sociales organizó una mesa redonda en su homenaje. Aprovecho ahora estas líneas para sugerir que el Semanario UNIVERSIDAD bautice el edificio donde está alojado con su nombre y que la Escuela de Ciencias Políticas cree una cátedra libre que lleve su nombre. Pero Manuel fue mas lejos; extendió su compromiso por la libertad de nuestros pueblos a toda la región centroamericana. Como secretario general del CSUCA apoyó a los grupos guerrilleros en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, aun corriendo riesgos. Con esta actitud demostró que para un hombre como él, un puesto −aunque sea temporal− en un organismo internacional, no debe ser concebido como una función meramente burocrática, sino como una ocasión para servir y promover las mejores causas.

Sin embargo, el mejor y mayor homenaje que se puede hacer a Manuel Formoso Herrera es considerar que su memoria y su huella sea un acicate para continuar su lucha por un mundo más justo.

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