La imaginación ecológica y los povos da floresta

Cuando se vuela de Porto Velho, Rondonia, a Rio Branco, capital del estado brasileño de Acre, es impresionante observar el contraste en cobertura boscosa

Cuando se vuela de Porto Velho, Rondonia, a Rio Branco, capital del estado brasileño de Acre, es impresionante observar el contraste en cobertura boscosa entre ambos estados. Mientras que en Rondonia la minería, la explotación maderera, y la ganadería han deforestado gran parte de su selva, en Acre los movimientos ambientalistas y políticos progresistas han sido exitosos en preservar gran porcentaje del bosque lluvioso amazónico. Desde el aire la mirada se pierde en una interminable extensión verde, kilómetros y kilómetros cuadrados de selva amazónica virgen.

La ciudad de Rio Branco en sí, atravesada por el barroso río Acre, parece mucho mejor planeada y organizada que otras ciudades amazónicas. Hay, por supuesto, problemas y desafíos como aquellos relacionados con la pobreza de la población. Pero hay también excelencias. El diseño y planeamiento urbano, que incluye numerosos parques y áreas verdes, revela una loable consciencia ambiental. Una de estas áreas es el Parque Ambiental Chico Mendes, ubicado hacia el sur del centro de la ciudad, atravesando el río. El parque honra el nombre del conocido líder sindicalista y ambientalista acreano.

Chico Mendes dirigió un exitoso movimiento sindical que defendía los derechos de los extractores artesanales de caucho a proteger el bosque y extraer sus recursos sin talarlo. Durante la época de la dictadura militar en el Brasil y aún después, ha habido poderosos intereses económicos que han querido y logrado abrir la Amazonia a la explotación económica, especialmente maderera y ganadera. Chico Mendes lideró la lucha ambientalista en ese contexto.

Sin embargo, no eran solamente los caucheros -llamados seringueiros debido a que la hevea o árbol del caucho se llama seringueira en portugués- quienes se veían acosados por el avance económico y militar sobre Acre. Los pueblos indígenas también veían sus territorios y culturas amenazados. Entonces, en un acto creativo de imaginación ecológica, Mendes y otros dirigentes de su movimiento forjaron el concepto de los povos da floresta, es decir, los pueblos del bosque, que unía a indígenas y seringueiros en una alianza con identidad, intereses, y objetivos comunes. En especial, buscaban defender a los bosques acreanos de los proyectos deforestadores y latifundistas de militares y fazendeiros o hacendados brasileños, financiados por el Banco Mundial.

Mendes lideró luchas y resistencias ambientalistas que desembocaron en su asesinato a manos de un fazendeiro. Este evento, sin embargo, fortaleció la alianza de los povos da floresta, cuyos subsiguientes logros sociales y políticos no solamente protegieron la selva y las formas de vida de sus pueblos, sino que crearon una conciencia ambiental bastante singular entre los acreanos.

Es conmovedor leer su historia en un pequeño museo del parque, santuario donde se palpa en la corteza de las heveas aquello que defendió. Cuando se camina por los senderos del Parque Chico Mendes, con suerte puede encontrarse uno también con el señor Aragão, un cauchero de origen cearense que hace 65 años trabaja como seringueiro y artesano y es también un líder ambientalista. Llegó al Acre en su infancia, tras un largo viaje desde el noreste de Brasil por ríos y selvas entonces casi impenetrables. Narra su historia y habla de su pasión por el bosque con humildad, a pesar de haber viajado a muchos lugares del orbe a enseñar sobre su arte y su visión de vida. Hoy en día continúa extrayendo látex, produciendo caucho y creando artesanías diariamente.

Son estas vidas y movimientos los aliados éticos e históricos de personas e instituciones afines en Costa Rica. Y son testimonio de que la imaginación moral y ecológica y el compromiso con ideas y principios aún pueden detener injusticias, transformar sociedades, y crear culturas ricas en humildad y sabiduría.

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