Las raíces de Chavela

Si usted ha escuchado hablar de la ruta Sabana-Cementerio, sabrá que recibe su nombre por dos de los lugares, recorridos por sus buses. De

Si usted ha escuchado hablar de la ruta Sabana-Cementerio, sabrá que recibe su nombre por dos de los lugares, recorridos por sus buses. De igual forma Joaquín García Monge, al ser enviado en 1901, a estudiar al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, debía tomar los autobuses de la ruta Carmen-Lira; así llamada por dos de las calles que éstos transitaban. Fue el mismo don Joaquín, quien más adelante aconsejara a una amiga que se iniciaba en el arte de las letras, adoptar el seudónimo de Carmen-Lira  para publicar sus escritos. Ella puso en práctica la idea, cambiando solo la «i» por una «y» en el apellido.

Y es que hace 115 años, el 15 de enero de 1887, según hallazgos de la investigadora Annie Lemistre, nace en San José Carmen Lyra, cuyo verdadero nombre fue María Isabel Carvajal, conocida por sus seres queridos como “Chavela”.

Estudiante del Colegio de Señoritas y maestra de escuela. Becada en 1919 para ampliar en Europa, sus conocimientos de enseñanza preescolar, regresa en 1921 y asume la Cátedra de Literatura Infantil de la Escuela Normal. Introduce el método Montessori al país, y funda en 1925 la Escuela Maternal. Son éstos algunos datos, presentes en su historia oficial.

 

Sin embargo, la historia oficial evita con frecuencia hablar de su inquieto pensamiento político. Activista en la lucha contra la dictadura de los Tinoco, cesada como maestra por cuestionar funcionarios del gobierno, y presunta vinculada con la quema del periódico “La Información”. Sus escritos y conferencias intentaban subvertir, lo que consideraba el injusto orden social de su época; denunciando la explotación laboral, el crecimiento de la pobreza, y la injusticia sufrida por los peones bananeros. Interesada en evidenciar argucias electorales, trasmitía a los trabajadores, sus ideas socialistas, llamándolos a la organización sindical.

Impresionada por la pobreza de los niños de hogares obreros, en 1931, al encontrar bajo la puerta de la Escuela Maternal el primer ejemplar del periódico del naciente Partido Comunista de C.R, ingresa a este, convirtiéndose en una hábil dirigente, y colaborando desde 1933, a impartir clases nocturnas de marxismo y economía, a los trabajadores de la época.

Su salud (deteriorada tiempo atrás), empeora por la tensión de la polarización que condujo a la guerra del 48. El 23 de abril de ese año, una Carmen Lyra enferma, se ve obligada a asilarse en la embajada de Méjico. El 29 de abril, es expulsada del país por la nueva Junta de Gobierno. Forzada a salir hacia Méjico, el exilio torna crítica su salud; agoniza meses preguntando por  seres queridos a quienes escribe así, días antes de morir: “Se que voy a morir, pero quiero estar por última vez en mi tierra, no quiero morir lejos de ella. Cuando no estoy en mi país me siento como una mata transplantada, de esas matas que ya sus raíces no pueden adaptarse a nuevas tierras».  (Carmen Lyra, citada por Chase y Succar, s.f.).

El 14 de mayo de 1949, muere Carmen Lyra. Las repetidas solicitudes de amigos y familiares, para que pudiera venir a morir a nuestro país, fueron denegadas por la Junta de Gobierno.  El 20 de mayo de ese año, su cuerpo llega al Aeropuerto de la Sabana, donde cerca de mil personas llegan a recibirla. Dos días y dos noches, el pueblo de Costa Rica desfila en la que fuera su casa para colmar su cuerpo de flores. El 22 de mayo, en el más grande acto fúnebre visto en muchos años, como bien cuenta el escritor nacional Alfonso Chase (s.f.) “María Isabel Carvajal, rodeada de su pueblo, fue sepultada en la tierra que tanto amó».

Hoy, que la criminal desigualdad social galopa, la evasión fiscal de “los de arriba” crece, y hay quienes buscan recetar más impuestos a nuestro pueblo ¿qué podría decirnos Chavela? Tal vez nos aconsejaría igual que a Tío Conejo, en el cuento del escritor nacional Carlos Rubio: “escribiendo en el aire y con tinta roja la palabra “libertad” y entregándonosla envuelta en un pañuelo, mientras nos pide que a esa palabra nunca la olvidemos; porque sí vale la pena permanecer lejos de la patria y sufrir por ella”.

Ojala las raíces del ejemplo de Chavela, continúen nutriendo la memoria de este pueblo, que (más allá de los caprichos de la entonces Junta de Gobierno), supo sembrarla en nuestra tierra, para que en los momentos necesarios, su dignidad florezca hecha en miles de conciencias. Descansa junto a nosotros,  junto a nuestras luchas, desesperanzas, sueños y voluntades… ¡presente hoy y siempre, Chavela!

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