¿Por qué el SEP no ha podido funcionar como un verdadero Sistema?

El actual Sistema de Estudios de Posgrado (SEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) es un universo heterogéneo

El actual Sistema de Estudios de Posgrado (SEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) es un universo heterogéneo y multivariado de programas y carreras, que funciona gracias al carácter solidario de su modelo de gestión de los recursos, al fuerte apoyo de muchas unidades académicas y a la creativa propuesta formativa de diversos actores universitarios con gran compromiso e intereses diversos.

Es además un espacio por donde la Selección Natural no ha pasado, ya que casi todo lo que alguna vez fue creado, existe todavía.

Por analogía podríamos decir que el SEP es como una quimera, con estructuras y características de diferentes instancias. No se le considera una Unidad académica, tiene un Decanato pero no es Facultad, con cierta autonomía como una pequeña Vicerrectoría y a diferencia del Sistema de Educación General, no tiene una Escuela propia por lo que carece de Asamblea formalmente establecida. Además, por razones desconocidas, se le permite inscribir proyectos de acción social, pero no de investigación.

En el documento del I Seminario de Posgrado llevado a cabo en 1984, podemos ver cómo hace 30 años los problemas del SEP eran exactamente los mismos de ahora, tanto normativos como presupuestarios, lo cual parece evidenciar que, aunque al aumentar en gran medida su tamaño y complejidad todo se ha ido complicado cada vez más, es desde su creación que las condiciones para poder funcionar integrada y articuladamente, nunca le fueron concedidas.

Por otro lado, no es que haya sido ilógico imaginarlo dentro de la Vicerrectoría de Investigación, aunque debería mantener también una fuerte conexión con la de Docencia y una cada vez mayor relación con la de Acción Social. Pero si se pretendía establecer la investigación como eje central de la formación de posgrado, debieron asegurarse los procesos de diálogo entre las instancias, lo cual no se logra únicamente asignando un asiento para los Vicerrectores en el Consejo del SEP.

¿Pero cómo podría funcionar el SEP como un Sistema si no tiene una Asamblea formalmente establecida por normativa, donde los directores de los diferentes programas de posgrado pueden reunirse, dialogar y tomar acuerdos con impacto real sobre lo que hacen diariamente? Es necesario un espacio de decisiones vinculantes en donde se puedan coordinar proyectos conjuntos, favoreciendo la articulación de los procesos que aseguren la mejor utilización de los recursos y la potencial interacción entre estudiantes de diversas disciplinas.

No es de extrañar entonces que todo siga igual, ya que el Reglamento actual del SEP data de 1979 y aunque en varias ocasiones se ha tratado de modificar y actualizar, las propuestas presentadas ante el Consejo Universitario (CU) nunca han salido de allí.

Dice también el documento de 1984 que es fundamental que el SEP tenga una “inserción armónica y adecuada en la estructura de la Universidad”, algo que a mi criterio, ni siquiera se logra a nivel ideológico, y se cuestionaba incluso fuertemente el papel de los Consejos coordinadores de área en la elección, tanto de los representantes ante el Consejo del SEP, como de los candidatos a la decanatura, cuya designación final le corresponde, según el Estatuto Orgánico, al CU.

Tal vez el hecho de que sea el CU quien nombra a la persona que se encargará por cuatro años de dirigir el SEP, no ayuda mucho en lo que respecta a que se pueda lograr esa inserción dentro de la Universidad, ya que esa persona queda desde el inicio desvinculada de los planes y proyectos de la Administración de ese momento y sin una línea clara de lo que las autoridades superiores de la Universidad tienen pensado sobre la dirección que debe seguir la formación a nivel de Posgrado.

Todo lo mencionado nos lleva a pensar que a pesar de la buena voluntad de todos, mientras no podamos cambiar las reglas del juego, estamos atados de manos en lo que corresponde a funcionar como un verdadero Sistema, orgánico e integrado y sin los nudos y obstáculos que nos toca superar constantemente.

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