Reflexión sobre Copenhague y el cambio climático

El cambio climático es un crimen que está cometiendo un grupo muy poderoso de grandes empresas, aliadas con gobiernos también muy poderosos que les

El cambio climático no está simplemente “ocurriendo”, sino que es el resultado de un modelo económico socialmente injusto y ambientalmente destructor, impuesto en todo el planeta por una minoría empresarial.

El cambio climático es un crimen que está cometiendo un grupo muy poderoso de grandes empresas, aliadas con gobiernos también muy poderosos que les garantizan impunidad.

La Conferencia sobre Cambio Climático celebrada en Copenhague en diciembre pasado concluyó con escasos o nulos resultados. Este evento representó una buena oportunidad para consensuar medidas globales ante el calentamiento del planeta. No se logró firmar un nuevo tratado en sustitución del Protocolo de Kioto-1997 que sería vital para nuestra civilización. Quizás, como se evidenció, estuvo dominada por los intereses de las transnacionales.
El “acuerdo” alcanzado, lamentablemente, no contiene compromiso alguno de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Este “acuerdo” no garantiza, la adopción de medidas mínimas que permitan evitar una gravísima catástrofe para el planeta y la especie humana. Y todo se dio por falta de transparencia y negociaciones excluyentes. Por eso, la Conferencia Copenhague sobre Cambio Climático resultó ser un fiasco, un desengaño. Pero, sin mucha ilusión, todavía esta la posibilidad de algún acuerdo para diciembre 2010 en México.
Hay soluciones a la crisis del clima. Lo que necesitan los pueblos y el planeta es una transición justa y sustentable de nuestras sociedades a un modelo que garantice el derecho a la vida y la dignidad de todas las personas, y entregue un planeta más fértil y vidas más plenas a las generaciones presentes y futuras (manifiesta el Klimaforum09 en Copenhague).
Según la evidencia científica, las naciones industriales deben reducir sus emisiones entre 25 y 40 % para 2020, respecto de 1990, para que haya alguna “esperanza” de que la temperatura no aumente más de dos grados; además de reconocer, pagar y compensar la deuda climática por el consumo excesivo del espacio atmosférico y los efectos negativos del cambio climático sobre los pueblos y poblaciones afectados; rechazar las falsas y peligrosas soluciones orientadas al mercado y centradas en la tecnología que proponen muchas compañías transnacionales como la energía nuclear, los agrocombustibles, la captura y el almacenamiento del carbono, los Mecanismos de Desarrollo Limpio, los cultivos transgénicos, la geoingeniería y la reducción de emisiones a través de la deforestación y la degradación de los bosques, que agravan los conflictos sociales y ambientales; soluciones reales a la crisis climática basadas en el uso seguro, limpio, renovable y sustentable de los bienes naturales, y la transición a la soberanía alimentaria, energética, sobre la tierra y las aguas. Entre sus enemigos están los países industrializados como Estados Unidos, Japón, la misma Europa y otros emergentes como China, la India, Rusia, que han contribuido a dicha degradación climática.
El sistema económico debe sufrir una profunda transformación en sus valores y principios. En el sistema agrícola, la agricultura de pequeña escala es más productiva y sabemos que la agricultura de base agroecológica puede producir iguales o mayores cantidades de alimentos que la agricultura convencional. No existe razón científica para seguir atados a esta irracionalidad agroindustrial y el mercado desregulado, que ha demostrado ser dañina para el planeta. La miopía de este sistema nos está dejando sin futuro.
La realidad exige un decrecimiento al productivismo y consumismo desenfrenado, que esta relacionado con el Cambio (mejor dicho degradación) Climático. Para ello, se debe generar un proceso de desarrollo sustentable en lo ambiental, social y económicamente, y que culmine en un tratado jurídicamente vinculante, creando un mecanismo que controle y vigile estrechamente las operaciones de las empresas transnacionales y las políticas plutocráticas. El Decrecimiento es regular la concentración de la riqueza, como la causante de la pobreza y los problemas ambientales en la actualidad. Pues el actual desarrollo hace un manejo irracional de los bienes naturales y acelera el ciclo económico, en detrimento del ciclo ecológico. El Decrecimiento es considerar en el desarrollo las externalidades de la economía y la ecología. De ahí, que todo resulte ser un problema político.
Frenar el cambio climático es el gran reto al cual la humanidad debe enfrentarse de forma inminente. Los causantes del calentamiento global no son tan sólo la industria y el transporte, nuestros hábitos alimentarios también tienen un coste ambiental notable (cultivos, procesos de elaboración, envase, refrigeración, transporte, cocción…).
Si se hubiese llegado a un acuerdo en Copenhague pasado, se tendría que haber aplicado un decrecimiento, es decir, bajar el ritmo ascendente superproductivo (agrícola, industrial) o económico-productivo, pero que no desmerite el desarrollo humano. Para eso, se debe entender cuáles son los obstáculos al decrecimiento: las políticas neoliberales, la producción de monocultivo y su énfasis en la agroexportación, las actividades de extracción (donde la riqueza se va del país); además de la industria convencional con su tecnología de energía fósil.
Este decrecimiento debe reivindicar los derechos humanos a la vida sana, a la alimentación, al agua, como un bien publico y no un mero servicio. Es replantear el modelo de desarrollo de vida.

 

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