El maltratado

ANTECEDENTES La globalización imperial ha generado cinco grandes procesos en la América Latina de la transición entre siglos. La explosión de la deuda externa

ANTECEDENTES


La globalización imperial ha generado cinco grandes procesos en la América Latina de la transición entre siglos. La explosión de la deuda externa (1982) abrió paso a los ajustes estructurales que tendían primero a pagarla y que hoy se requieren para funcionalizar nuestro papel en el mercado global. Los tratados de ‘libre’ comercio operan en un sentido semejante, aunque en el caso centroamericano acentúan su sumisión a Estados Unidos. Los resultados de estos dos mecanismos, después de 25 años, gestan los otros factores: el fortalecimiento de la migración  masiva hacia el norte o hacia Europa en busca de ingresos para sobrevivir e implantar a los hijos en espacios ‘modernos’, el abandono de la idea nacional por las minorías dirigentes y empresariales allegadas, y el consecuente abismo económico, social y cultural entre los grupos modernos y dependientes y los sectores precarizados y excluidos. La «década perdida» de los ochenta» y el «quinquenio perdido» de los noventa, prolongado hasta hoy, pueden considerarse signos  del fracaso de América Latina por ser algo diferente a un subproducto en las relaciones hemisféricas.

Ideológicamente  la época queda marcada por el desenfreno y el cinismo. Culturalmente se aprecian síntomas de rebeldía y resistencia sociales con efectos políticos, como lo ilustran las situaciones de Ecuador, Argentina y Bolivia.

 

TRATADOS DE ‘LIBRE’ COMERCIO O TRÁFICO PREFERENCIAL

Los tratados de ‘libre’ comercio se inscriben en esta confrontación entre la negligencia grosera y criminal y la protesta social y pueden reforzarla, como en el caso mexicano afectado ya diez años por un trato que debería haberlo llevado al ‘desarrollo’, según prometió en su momento el presidente Salinas. Los efectos negativos de los tratados no tienen que ver con su naturaleza perversa, sino con la ausencia de políticas económicas y sociales internas que posibiliten que las aperturas comerciales  funcionen a favor de la constitución de naciones abiertas al tráfico pero a la vez creciendo desde raíces y, también, desde sus ahorros y del fortalecimiento de su productividad mediante un ejercicio laboral gratificante. Cuando se habla del éxito del modelo en Chile se invisibiliza que ese país soporta 30 años de disciplinamiento de su fuerza laboral, que su modelo económico es insostenible económica y ambientalmente y que la desigualdad en la distribución del ingreso se acelera año con año.

Por supuesto, no podemos influir, excepto Brasil, en las pretensiones hegemónicas y en las ambiciones del Estado y empresas trasnacionales estadounidenses (cuyos intereses decisivos se debaten en la Organización Mundial de Comercio). Eso se da por descontado. Pero sí deberíamos habernos exigido voluntad y capacidad políticas para realizar las transformaciones a que obliga el imperio capitalista globalizado.

AMÉRICA CENTRAL: BOBOS ASTUTOS, VÍRGENES NECIAS Y SOBREVIVIENTES

Para sociedades como las latinoamericanas existen dos posibilidades de ingreso a los tratados de ‘libre’ comercio. O se espera reactivamente que el flujo mercantil, como una especie de pomada milagrosa, modernice y torne competitivas las economías trayendo bienestar para todos, o se adoptan medidas de redistribución de la propiedad y del ingreso, se invierte en educación de calidad  y salud, se liquida el uso patrimonialista del Estado (y con él el clientelismo), y se estimula el ahorro para proceder a una desrregulación nacionalmente orientada. Por desgracia para el segundo camino, y en el caso centroamericano, los políticos han perdido más de veinte años y en algunos países, como Nicaragua o Guatemala, toda su historia. Por eso la primera opción, de fácil auge en sectores oligárquicos y ventajistas, prospera o como resignación generalizada o bajo la fórmula del «no hay de otra». En Nicaragua, precisamente, la embajada estadounidense caracterizó a la población como «tan pobre que ocupa su tiempo en sobrevivir sin interesarse en el comercio internacional». Un caso extremo de indigencia y corrupción. Los nicaragüenses suponen que con cualquier cambio les irá mejor. Podrían estar equivocados.

Por supuesto, no todos los partidarios de la maravillosa pomada del ‘libre’ comercio están en la situación nicaragüense. Entre el oportunismo y la frivolidad generalizados sobresalen los Bobos Astutos, usualmente políticos/empresarios que utilizan el ámbito público para incrementar alianzas estratégicas mediante la participación en activos locales y su posicionamiento en los negocios internacionales. El paradigma aquí es Salinas de Gortari, tan físicamente parecido a Figueres Jr. Los Bobos Esféricos claman porque el tráfico preferencial bajará los precios (efecto imposible debido al carácter monopólico y oligopólico del mercado), ampliará las posibilidades de los consumidores (lo que se produce es su segmentación) y generará empleo (de mala calidad  mientras destruye otros ligados a las tramas sociales básicas). Existen tipos de Vírgenes Necias: los drogados, como los del Movimiento Libertario en Costa Rica, los empresarios codiciosos que saludan los tratados como gestas patrióticas equivalentes a la hazaña de Juan Santamaría (oído en CANARA) y los ‘periodistas’ de los medios comerciales, desinformados y autocensurados para no desagradar a sus empleadores. Sin duda, correrán distinta suerte.

MES DE GRACIA

En algún tiempo, la mayor parte de la población se ubicará entre los sobrevivientes. En el caso costarricense, añorarán un pasado de medicina social y seguridad para sus ancianos, se informalizarán o trabajarán en la maquila, emigrarán  geográfica o culturalmente. Tarde o temprano serán muertos en vida. Se lo deberán a sus políticos descocados (que insistieron en reelegir), a sus bárbaros economistas e impúdicos negociadores, al periodismo perverso, a sus dirigentes gremiales y sindicales y, sobre todo, a su inercia para informarse, resistir organizadamente, botar políticos y sacar adelante otro tipo de país. Lo peor es que tuvieron oportunidades e historia.

Como es mes de gracia, quizá los convenios puedan incorporar una cláusula para que, después de 20 años, si la tristeza vital se ha agudizado en el área, los tratados queden sin efecto  y todos impunes. Si no se pudiera, que quienes los manipularon con frivolidad, ocurrencias y cinismo, puedan ser perseguidos en todo el planeta, expropiados sus bienes e invitados a trabajar en maquiladoras y casinos con salarios máximos de 35.000 colones al mes. Y sin aguinaldo.

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