Las tres caras de un polémico café

Un café, dos versiones, tres damnificados y un mar de dudas. Ese es el saldo de un escándalo que se llevó en su corriente

Un café, dos versiones, tres damnificados y un mar de dudas. Ese es el saldo de un escándalo que se llevó en su corriente al viceministro de la Presidencia, Daniel Soley; que también erosionó las bases de la confianza en la Procuradora General, Ana Lorena Brenes; y, sobre todo, se llevó el caudal político y margen de maniobra del ministro de la Presidencia, Melvin Jiménez.

Ana Lorena Brenes, Procuradora General

A la abogada del Estado le sale fácil la sonrisa cuando habla en público, y la gravedad del ofrecimiento que le imputa al exviceministro Soley no fue impedimento para soltar alguna risa en su comparecencia ante la Comisión de Ingreso y Gasto Público de la Asamblea Legislativa.

El escenario le era conocido, pues es la procuradora general desde agosto del 2004, tras ser propuesta por el presidente Abel Pacheco (2002-2006) y ahí fue ratificada, luego se le extendió la permanencia en el cargo por seis años más tras recibir la confianza de la presidenta Laura Chinchilla, aunque con una votación dividida 31 a favor y 24 en contra, voto secreto y largas negociaciones de por medio.

Tampoco las comparecencias le son ajenas. El caso de la mina Crucitas le restó simpatías en el sector ambientalista, pues en criterio de muchos el “abogado del Estado” terminó siendo el abogado de la empresa minera, en un juicio que al final demostró el contubernio entre la minera y la administración Arias Sánchez.

Por este caso fue llamada antes a la Asamblea Legislativa, donde reconoció que Óscar y Rodrigo Arias le llamaron para preguntarle por el recurso de casación que iba a presentar tras perder juicio de Crucitas, y confesó también haber llamado a Rodrigo Arias (cuando este recién había salido del gobierno) para preguntarle a él (y no a la presidenta Chinchilla) si tenía los votos para su ratificación en 2010.

Con el actual gobierno su relación ha sido menos cercana, según admitió a los diputados. Cuestionó el levantamiento del veto para otorgar a los artesanos la calle 13 bis y la constitucionalidad del nombramiento de Melvin Jiménez por su condición de obispo luterano.

Dice que le mostraron el catálogo de embajadas para que dejara su cargo, Soley lo niega y el presidente Solís le expresó su confianza. Por respeto a Solís ella dice que no habló hasta la comparecencia. Todo hace indicar que terminará su periodo como procuradora general en 2016, a menos que se demuestre que mintió sobre los ofrecimientos de Soley, o pase algo más en el trayecto.

Daniel Soley, exviceministro de la Presidencia:

Sin sobresaltos, el exviceministro de la Presidencia negó todo lo que según la Procuradora General él le había dicho en el famoso café del 6 de enero. La conversación que Ana Lorena Brenes pintó de amenazas y ofrecimientos, Soley la dibujó como un encuentro de amigos. Al responder el interrogatorio con frases sencillas y contundentes, fue empatando el partido que perdía por goleada. “Ella mintió”, dijo sin dudar.

Este exjuez tramitador en el Contencioso-administrativo de San José, y exjuez civil de Hacienda ya se había acostumbrado a lidiar con esos diputados que buscaban la mínima fisura en su blindado argumento.

Llegó al gobierno de Luis Guillermo Solís a finales de su mes de estreno, como una extensión de ese brazo político que el ministro de la Presidencia parece tener cada día más corto. Muy rápido se encontró con el juicio severo de Ottón Solís, quien lo cuestionó por supuestamente haber influido en la contratación de su hermana en la Caja del Seguro Social en 2008, cuando era defensor adjunto de los Habitantes. Sin embargo, no se movió de su cargo.

Meses después, el deseo de Ottón Solís de verlo fuera se cumplió gracias a la versión del café de la Procuradora y la mala estrategia de escondérsele a la prensa que adoptó junto a su jefe una vez que el escándalo estalló.

Alguna vez puso su nombre a concurso para optar por el cargo de Fiscal General, pero su nombre no fue incluido en la nómina que recomendó la Corte Plena y que tiene en ese lugar hoy a Jorge Chavarría.

Concursó en 2005 para ser defensor adjunto, recomendado por la entonces defensora Lisbeth Quesada. Su último concurso fue en la Comisión de Ingreso y Gasto Público, donde compitió con Brenes por la versión más creíble. Al final poco importó cuántos le creyeron, pues ninguno de ellos podía tampoco desmentirlo.

Melvin Jiménez, Ministro de la Presidencia

Al ministro de la Presidencia lo llamó la Asamblea Legislativa para  hablar del café que no se tomó. Melvin Jiménez no estuvo el 6 de enero en Giacomín, pero eso no impidió que fuese el más buscado por la prensa y el más criticado por los diputados. Durante una semana guardó silencio, por respeto a aquellos que en recinto parlamentario lo esperaban con la bandeja en la mano, esperando que su cabeza rodara. Una diputada le pidió la renuncia y otros tantos le criticaron lo poco que dijo saber sobre lo que había hecho su exsubalterno al hablar con la procuradora.

Melvin Jiménez es para los diputados de oposición como aquellas “velitas mágicas” que por más que se soplan se vuelven a encender. El problema para el Ministro es que lo han soplado tantas veces, que se les está acabando la parafina.

Entre velas y rezos era mucho más tranquila la vida del bonachón obispo luterano, que se ganó las simpatías de los movimientos sociales cuando se metió de cabeza a apoyar la campaña contra el TLC y otras causas.

Luis Guillermo Solís lo sacó del activismo y la religión para hacerlo el jefe de campaña de su insospechada victoria. No había entrado al gobierno cuando un recurso ante la Sala Constitucional cuestionaba su nombramiento por su condición de obispo en aquella poco conocida denominación cristiana, en la que los sacerdotes se casan y las personas homosexuales tienen cabida.

Una de sus tareas es la de hablar con la Asamblea Legislativa,  pero es justo eso lo que más le ha costado. Lo han acusado de hablar poco, de no estar presente, de no ser buen negociador y tener poca claridad en la propuesta de la agenda.

Las redes sociales y las páginas de prensa arden en críticas al Ministro, pero en Casa Presidencial, Luis Guillermo Solís es su mayor defensor y el mástil del que se aferra Jiménez en medio de la tempestad. Quien debería ser el escudero del presidente, ha hecho del presidente su escudo.

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