Escocia quiere hacer historia y emociones reemplazan argumentos

   Edimburgo, (dpa) – Alex Salmond sabía lo que le esperaba, el 11 de setiembre,  cuando pisó el escenario del Centro de Conferencias de Edimburgo. Por si acaso el primer ministro de Escocia y líder de la campaña independentista invitó, junto a periodistas de todo el mundo, a una docena de porristas que alentaron a […]

  

Edimburgo, (dpa) – Alex Salmond sabía lo que le esperaba, el 11 de setiembre,  cuando pisó el escenario del Centro de Conferencias de Edimburgo. Por si acaso el primer ministro de Escocia y líder de la campaña independentista invitó, junto a periodistas de todo el mundo, a una docena de porristas que alentaron a su héroe de manera entusiasta. Los argumentos concretos sobre el futuro de Escocia se diluyen para dejar lugar a las emociones.

Una semana antes de concurrir a las urnas, ambas partes despliegan todas sus energías en Escocia. En los pubs de Edimburgo se reúnen personas mayores con pins a favor del «sí» en sus solapas. «Es una chance gigantesca», afirma Craig, un maestro jubilado, que desayuna un «black pudding» en «Alexander Graham Bell».

Pero otros, como el joven camarero Adam, ya no quieren hablar sobre el tema que domina desde hace tres años las conversaciones en las calles de Edimburgo, Glasgow y Aberdeen. «Voy a votar y listo», apunta lacónico.

La importancia que el referéndum tiene para los escoceses se refleja en el elevado registro para la votación. Alrededor del 97 por ciento de los 4,4 millones de votantes a partir de los 16 años se inscribió, lo que representa por lejos un récord en elecciones en Escocia.

Para los encuestadores, el resultado del referéndum es «too close to call», como dicen los británicos, también en vista de la elevada participación: demasiado estrecho como para emitir un pronóstico certero.

«Todo lo que se puede decir es que es cabeza a cabeza. Pero hay una considerable tendencia al sí», explicó este jueves el renombrado encuestador Peter Kellner del instituto YouGov.

En tanto, el escocés solo puede hacer lo que practicó durante los últimos tres años: como un boxeador contragolpeador elude los golpes que le llegan sobre todo de las autoridades en Londres. En parte con humor, otras con una filosa y combativa retórica, Salmond replica a todo lo que se dispara contra él desde el gobierno, la economía y también los medios. Y no necesita argumentos, sobre todo privilegia burlarse de la otra parte.

No, Escocia no participará en acciones militares a nivel mundial. Sí, Escocia respalda las sanciones contra Rusia de la Unión Europea. No, no se dejará arrastrar para hacer declaraciones que marquen una pauta de Escocia sobre regiones como Cataluña. Sí, Escocia será un buen y cooperativo miembro de la UE. Así de aplicado responde Salmond a cada pregunta en busca de un primer criterio de diferenciación: «No como el señor Cameron».

El primer ministro británico David Cameron, durante largo tiempo vacilante sobre la cuestión escocesa, se convirtió en el blanco preferido del movimiento independentista. Así, Salmond desmenuzó hoy gozoso la visita del premier británico a Escocia, durante la cual no osó caminar entre los votantes, sino que se hizo entrevistar en lugares cerrados.

Cameron lucha poco y deja más bien que otros asuman la batalla, por ejemplo los bancos. Este jueves, justo una semana antes de la cita electoral, los parcialmente nacionalizados Royal Bank of Scotland (RBS) y el Lloyds Banking Group anunciaron que cuentan con planes de contingencia para domiciliarse en Inglaterra en caso de que los escoceses voten a favor de la independencia. La información ya había sido lanzada previamente por una parte interesada a la BBC.

Pero Salmond estaba preparado: el impuesto empresarial deberá pagarse donde tengan su sede los negocios y no donde estén registrados los bancos, fue su contragolpe. Además, señaló que brindarle informaciones relevantes para los mercados a los medios es algo punible. El asunto será investigado, le hizo saber al Ministerio de Finanzas en Londres.

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió hoy de inseguridad en los mercados financieros si Escocia se separa del Reino Unido. En caso de que la mayoría de los escoceses se pronuncie por la independencia, esto creará una situación nueva para divisas, finanzas e impuestos que puede llevar a consecuencias negativas en los mercados, señaló un portavoz. «Una votación por el sí abrirá una serie de preguntas importantes», consideró.

Ambas partes también cruzan sus argumentos en lo referente al futuro económico de una Escocia independiente. Cuanto más se acerca la cita electoral, las declaraciones son cada vez más curiosas.

Los opositores a la independencia sacaron al campo de juego a gente como el jefe de la cadena de tiendas británica John Lewis, Charlie Mayfield. Este logró mantenerse serio mientras afirmaba que los productos en Escocia podrían encarecerse si se independiza, ya que los costos de producción son diferentes a los del resto del Reino Unido.

Por su parte, el otro bando presenta al manager en inversiones Martin Gilbert, quien vaticina que a Escocia le aguarda un futuro brillante, más allá del resultado que emerja de las urnas el próximo jueves.

Ante la gran importancia del referéndum también para otros países, muchos esperan que Salmond tenga razón en al menos un punto: «Estoy seguro de que al día siguiente del referéndum los partidos se sentarán con buenas intenciones en la mesa de negociaciones».

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