Crónicas telúricas

Los procesos naturales internos y externos que moldean y transforman la superficie del planeta han impactado y condicionado el modo de vida

Los procesos naturales internos y externos que moldean y transforman la superficie del planeta han impactado y condicionado el modo de vida del ser humano desde su aparición.

Estos procesos han acompañado la cotidianidad de las sociedades a través de la historia y han formado parte de su imaginario en forma de deidades, seres míticos y leyendas, o bien, han sido explicados de muchas maneras según el credo religioso o tradición oral.

Del mismo modo, los procesos naturales han quedado plasmados en las artes plásticas, la literatura, en sellos postales y monedas, entre otros. En América Central, particularmente, los procesos naturales acompañaron a nuestros antepasados indígenas y pasaron a formar parte de su cultura, lo que sorprendió a los conquistadores europeos, en quienes infringieron miedo, asombro o bien terminaron por utilizarlos para su propio beneficio.

El libro Crónicas telúricas de América Central es un verdadero paseo a través del pasado colonial de América Central, en el que nos narra, con gran riqueza literaria y didáctica, diferentes episodios históricos sobre desastres asociados con procesos geológicos, tales como terremotos y erupciones volcánicas, así como las vicisitudes sociales, políticas y religiosas concomitantes de las sociedades de esas épocas.

El autor no escatima en verbos y letras para no solo exponer los hechos acaecidos de una forma casi pictórica, sino también para situarnos en el contexto histórico de cada hecho y crear conciencia de que, como él mismo lo indica, “los eventos naturales no pueden ser sinónimos de desastres, sino que detonan situaciones sociales, políticas, psicológicas, económicas o culturales encubadas en procesos que ignoran las características naturales del territorio y que vulneran diferentes sectores sociales, sobre todo los menos favorecidos”.

Este viaje propuesto en el libro inicia con una reseña sobre cómo el paisaje en que vivimos y los procesos geológicos que lo modifican han dejado una impronta en innumerables expresiones culturales a lo largo de nuestra historia, como lo son: las monedas, los escudos nacionales, las estampillas y algunos monumentos arqueológicos.

Inmediatamente después, sin más preámbulo, el autor decide “jugar” con el lector y llevarlo de la mano por todos los países de América Central, intencionalmente sin orden específico, para mostrarnos la codicia española por la “materia amarilla” que brotaba del fondo del cráter del volcán Masaya, “la boca del infierno”; las dolorosas facetas de la esclavitud del indígena, el mestizo y el negro a las órdenes de los españoles, en medio de los terremotos de 1607 , 1671 y los de 1717; de la codicia y la crueldad pasamos a La ciudad maldita, León Viejo en Nicaragua, afectada por sismos y abandonada por la maldición que se cernió sobre ella por el asesinato del monseñor Valdivieso, de la mano de Rodrigo de Contreras, yerno del cruel y temido Pedro Arias de Ávila o, Pedrarías.

Temblores y piratas

La suerte le toca luego a la ciudad de Panamá, la cual aunque afectada por temblores y el temor a un tsunami, paradójicamente el peligro vino del mar, pero no de la mano de la naturaleza, sino del pirata Henry John Morgan, quien la destruyó en 1671.

El autor nos hace una parada de dos crónicas en la ciudad de San Salvador, para contarnos “El infierno desatado” por el volcán San Salvador en 1658, acompañado “por un terremoto que destruyó la ciudad homónima” y las vicisitudes políticas por el deseo de trasladar esa ciudad a otro sitio.

De El Salvador nos invita a Costa Rica, a las brumas de Cartago, para narrarnos “Los celos religiosos” entre los franciscanos y agustinos y cómo en medio de esta intriga sale a la luz el manejo político de la información sobre procesos sísmicos.

Regresamos a Guatemala, de donde se nos cuenta la suerte que corrió la ciudad de Santiago de los Caballeros por la erupción del volcán de Fuego y el terremoto de San Miguel de 1717, así como los “dimes y diretes por un intento de traslado” de esa ciudad. Del volcán de Fuego el viaje nos lleva al volcán Irazú, en febrero de 1723, a vivir “las congojas de los vecinos de Cartago” por la actividad sísmica y volcánica.

Esto es solo parte de la travesía. Invito con gusto al lector a descubrir cada una de las historias, las cuales, sin duda, serán igual de interesantes y aleccionadoras.

Esta obra es la expresión de la amalgama entre Geología e Historia en la búsqueda del rescate de la memoria histórica en América Central, y nos recuerda que nosotros, como parte de esa sociedad, debemos ser partícipes en los procesos de gestión del riesgo.

Esta obra con seguridad no pasará desapercibida por los anales de la literatura costarricense y es un verdadero vaso de agua fresca para nuestra sociedad sedienta por un cambio cultural en el que la ética, el rescate de nuestra historia, valores e identidad nacional, y el entendimiento sobre el territorio en que vivimos, sean los ingredientes fundamentales para la prevención y una mejor calidad de vida.

Crónicas telúricas de América Central es un libro para disfrutar, aprender y, sin duda alguna, es la mejor forma de acercarnos a la historia, la geología, al entorno de América Central de una manera diferente. Es un libro que no solo podrá servir para el complemento de clases universitarias, es un libro que espero, llegue a ser de consulta indispensable en la currícula escolar y de secundaria.

 

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