Grabadores contemporáneos: Tendencias del grabado no tóxico en la Escuela de Artes Plásticas

El Mag. Olger Arias Rodríguez, el Dr. Salomón Chaves Badilla, el estudiante Vicente Alpízar Jiménez y el Dr. Francisco Hernández Chavarría se consideran grabadores

El Mag. Olger Arias Rodríguez, el Dr. Salomón Chaves Badilla, el estudiante Vicente Alpízar Jiménez y el Dr. Francisco Hernández Chavarría se consideran grabadores contemporáneos (foto: Laura Rodríguez).

Son gente creativa, con conciencia ecológica y abierta a nuevas ideas. Prefieren utilizar materiales reciclados, no tóxicos, ni contaminantes, y son portadores de una nueva estética en el grabado.

Así son los grabadores contemporáneos de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica (UCR). Una generación de artistas que ha decidido explorar diferentes técnicas amigables con el ambiente y seguras para la  salud.

Hace una década en el taller de grabado de la UCR existía un cuarto de ácidos, un sitio cargado de químicos que desprendían gases tóxicos y causaban en los artistas dolores de cabeza, atrofias en las manos y enfermedades respiratorias a largo plazo, entre otros problemas de salud.

Sustancias como el ácido nítrico y el ácido clorhídrico (conocido como ácido muriático) formaban parte del ambiente de trabajo cotidiano de los artistas, pues se requerían para grabar las placas metálicas. A esto se sumaban barnices y solventes derivados del petróleo, como varsol, thinner y gasolina, los cuales son sustancias altamente tóxicas, dañinas para la salud y el ambiente.

NUEVAS TENDENCIAS

En la actualidad, en el taller de grabado el Dr. Salomón Chaves Badilla, el Mag. Olger Arias Rodríguez y el Dr. Francisco Hernández Chavarría experimentany enseñan a sus alumnos técnicas no tóxicas para el grabado en metal, mediante el uso de materiales más seguros y amigables con la naturaleza.

Ellos trabajan con sales inorgánicasy electricidad, en vez de ácidos, para lograr la impresión de las placas metálicas.

En su espacio de trabajo se encuentran agua y sal, piezas metálicas recicladas, cargadores de celulares viejos, crayolas, betún, cera para pisos, prensas de ropa y tarros reutilizados.

El camino hacia el grabado no tóxico en la Escuela de Artes Plásticas tomó fuerza en el 2006, con la incorporación del Dr. Hernández, un científico de larga trayectoria en el campo de la microbiología y la microscopía electrónica, quien se convirtió en estudiante de Artes Plásticas.

Hernández se ha dedicado a investigar los materiales, sustancias y procedimientos involucrados en el grabado no tóxico y ha recuperado técnicas, como la electrólisis y la electroquímica, cuyos resultados han sido satisfactorios por su eficiencia, bajo costo y sencillez. Estos avances permitieron la erradicación del ácido nítrico del taller de  grabado.

ELECTRÓLISIS Y ELECTROQUÍMICA

La electrólisis es una técnica para el grabado en metal que en los últimos años ha ganado un lugar importante entre los artistas de la UCR. Con este método se puede grabar placas de cobre, hierro o aluminio, empleando, como electrolitos, soluciones de sulfato de cobre, cloruro ferroso o sulfato de aluminio (alumbre).

Hernández explicó cómo funciona este método: “Consiste en colocar dos placas metálicas en una solución de una sal de ese metal, que denominamos electrolito. La placa con el diseño que se va a grabar se conecta al electrodo positivo de una fuente de corriente directa y la otra, que denominamos receptora, se conecta al electrodo negativo; el paso de corriente disolverá el metal en los surcos del grabado excavándolos, y el metal arrancado se depositará en la placa receptora”.

Para llevar a cabo este proceso, se usan materiales de bajo costo y fáciles de conseguir, por ejemplo, cargadores de celulares como fuentes de poder, cajas o tarros para sumergir las placas de metal en el electrolito y prensas de ropa  para sostenerlas. Además, el electrolito no se consume y se reutiliza.

Una opción más sencilla y económica, que Hernández ha incorporado al taller, es el grabado electrolítico por sacrificio metálico, en el que la placa metálica que se quiere grabar (cinc, aluminio, hierro o acero inoxidable) se conecta al electrodo positivo, el negativo se conecta a cualquier pieza de un metal más noble, como el cobre que no se altera, y como electrolito se utiliza agua con sal de mesa (NaCl).

Otro método de grabado utilizado por los artistas de la UCR es el electroquímico. En este se emplean soluciones de sales que incluyen iones metálicos más reactivos que el metal de la placa de grabado y, por lo tanto, lo corroen.

“Al final de cuentas, lo que ocurre entre el mordente y la placa metálica es un robo de electrones, pues el ion activo del mordente los arranca del metal, erosionando su superficie, lo que equivale a grabar la placa”, detalló Hernández.

HACIA EL GRABADO SOSTENIBLE

Más que un cambio de materiales y procesos, el grabado no tóxico implica un cambio en la apreciación estética de la obra, pues las características del grabado electrolítico son diferentes a las que se obtenían anteriormente mediante el uso de ácido.

Este es un aspecto que los grabadores contemporáneos tienen claro y que han aprendido a entender como una ventaja. “Tratamos de una u otra manera de transgredir la técnica tradicional”, aseguró Arias.

Para Salomón, “lo que realmente es valioso de las investigaciones nuestras es formar un equipo muy barato y accesible y, sobre todo, el reciclaje de materiales”. En esta línea han experimentado con barniz hecho con betún y crayola, cera de abeja con cera de pisos o simplemente abrillantador para pisos.

También están reemplazando los solventes derivados del petróleo por aceite de cocina o por manteca vegetal, tanto para adelgazar la tinta como para limpiarla. Y recientemente, Hernández experimentó con limón y miel de abejas, en vez de ácido fosfórico y nítrico para realizar litografías (grabado en piedra).

Con el propósito firme de impulsar las nuevas tecnologías del grabado libre de ácido y de sustancias nocivas para la salud y el ambiente, estos tres artistas e investigadores, junto con el físico Dr. Eliam Conejo, docente de la Escuela de Física e investigador del Centro de Investigaciones Nucleares y Moleculares (Cicanum), de la UCR, desarrollan un proyecto inscrito en la Vicerrectoría de Investigación. Además, cuentan con el apoyo del Dr. Eduardo Libby, de la Escuela de Química.

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