Un juego de dobles

Una de las fuentes de donde brotan los celos y sus derivados, es la proyección en la pareja inocente de los propios y personales

Una de las fuentes de donde brotan los celos y sus derivados, es la proyección en la pareja inocente de los propios y personales deseos  de infidelidad. Ese es el castigo neurótico que sufre una subjetividad afectada hasta los tuétanos por el imperativo monogámico. Lo que ocurre con el Diario de Finisterre, la novela que G.A. Chaves publicó recientemente con la editorial Uruk, es que el delirio de un celoso se convierte en ficción, en una ficción que contiene muchas ficciones, un diario lleno de diarios.

Esta novela, como diario que es, está estructurada por capítulos que llevan los nombres de los días de la semana y está narrada por G.A. Chaves, no el hombre que viste y calza, sino el otro, el de la novela, el personaje. Sí, porque G. A. Chaves es uno de los personajes de la novela y a su vez es el narrador principal, sin contar que se llama igual que su autor y que, al igual que él, también es escritor y vive en una vieja casa de San José en los alrededores del Parque Morazán.

G.A. Chaves con sus poemas eróticos, sus referencias bibliográficas, sus amigos escapistas y su serenidad, contiene y recibe a Carlos Agustín Galsonati, el profesor de música, aquel otro personaje que llega a él desbordado, angustiado y delirante, porque cree haber visto por las calles de San José, de la mano de otro hombre, a su esposa, a quien él suponía en Brasil.

“Galsonati se daba cuenta de que no estaba haciendo otra cosa que transformar sus propias inseguridades en acusaciones contra Sonia, pero era lo único que tenía para razonar: la había visto abrazada con otro hombre y alguna explicación debía de haber para eso. Era ella; ahora estaba seguro. El mismo caminado, la misma voz que gritó a causa de la misma maña de usar tacones altos en las ruinosas aceras de San José y arriesgarse así a torcerse un tobillo”.

Galsonati no hizo nada, ni siquiera un beso, sólo algunas llamadas, un par de salidas con otras mujeres y la culpa lo comienza a acechar dando paso a la ficción, a la ficción de los celos y a Diario de Finisterre, novela que alcanza sus mejores momentos cuando este personaje sufre por las calles de San José con una novela en la cabeza y otra en la mano, como cuando monta guardia a una casa desde una soda para taxistas fingiendo que lee una novela titulada Boca del monte, mientras sospecha que en su interior su esposa goza con otro hombre en la noche josefina.

Con una narración ágil y un lenguaje con tintes de adolescencia, G. A. Chaves, el autor, construye una novela que entretiene, en la cual, además de presentar las tribulaciones de Galsonati, presenta una visión particular de la ciudad de San José. La capital costarricense aparece en un primer momento como telón de fondo o escenario de los encuentros y desencuentros de los personajes. La ciudad, en esta novela, es un lugar agradable, lleno de actividad cultural, de restaurantes, de academias, de cafés. Los personajes recorren una ciudad que no les incomoda. En un segundo momento, la ciudad aparece en la reflexión teórica de G.A. Chaves, el escritor que vive en ella y que se opone a la forma en que la tradición literaria costarricense ha pensado y construido en sus ficciones a San José. Él, junto a Susana Domingo, otra escritora que también es personaje del Diario de Finisterre, pretende diferenciarse planteando que en la capital no todo está mal. A su vez, como señal de los tiempos, esta novela se inscribe en la lista de obras contemporáneas de ficción que se sienten interrogadas por la ciudad.

“Todavía hoy en día uno ve a escritores que piensan que retratan a San José hablando de prostitución o de basura; o que piensan que debajo de cada piedra de Barrio Amón hay una familia de oligarcas tramando una conjura para vender el país al capital extranjero o para exterminar las tortugas baula. (…) Cuando Susana y yo éramos jóvenes y no teníamos nada mejor que hacer, nos pasábamos los días tejiendo una venganza literaria para San José, para devolverle su dignidad de ciudad y punto, para eximirla de sus culpas y hacer acopio de las nuestras”.

Carlos Agustín Galsonati encuentra en los diarios que lee alivio para sus culpas y un motivo para la fuga, un motivo para salir de San José y de su matrimonio. G. A. Chaves, el personaje, encuentra en Galsonati un motivo para escribir Diario de Finisterre, novela de dobles en la que por lo menos una cosa queda clara, en ella todo es ficción y ambigüedad, es una ficción llena de ficciones.

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