Promueven el fútbol contra la violencia social

¿Qué aportaría el fútbol a la disminución de la xenofobia? ¿O a la movilización cultural indígena? ¿Podría el deporte combatir la violencia entre pandillas?Estas

¿Qué aportaría el fútbol a la disminución de la xenofobia? ¿O a la movilización cultural indígena? ¿Podría el deporte combatir la violencia entre pandillas?

Estas preguntas fueron parte de los temas del panel “La transformación social a través del fútbol en el marco de la violencia en América Latina”, como parte del “III Congreso latinoamericano de fútbol para el desarrollo social”.

La actividad se celebró en el auditorio de la Ciudad de la Investigación de la Universidad de Costa Rica (UCR), el pasado 26 de abril, organizada por Servicios de Educación y Promoción Juvenil (SEPROJOVEN), streetfootballworld, Fundación Fútbol para el Desarrollo y Fútbol por la Vida.

El panel versó acerca de tres experiencias en las que la práctica del futbol callejero contribuyó al mejoramiento de la condición de vida de distintas comunidades: la ciudadela josefina La Carpio, los territorios indígenas costarricenses y Guayaquil, Ecuador.

DEPORTE E INMIGRACIÓN

Karen Banda, de Fútbol por la Vida, abrió el foro con los testimonios y vivencias de los jóvenes en La Carpio, que se han beneficiado por la práctica del futbol calle.

La problemática social que experimenta esa zona, explicó Banda, está influenciada primordialmente por las características del fenómeno migratorio que se presenta en la zona.

“A pesar de que La Carpio está en la Gran Área Metropolitana, muchos de nuestros jóvenes no pueden tener acceso a servicios básicos, como la educación o la salud. El Hospital México queda a diez minutos en bus, y lo primero que hacen, porque nos consta, es que nos piden la documentación, aun siendo menores de edad”, criticó Banda.

En su opinión, la falta de documentación y educación formal, y la dificultad para conseguir empleos de mejores condiciones alimentan, junto con otros factores, las situaciones de violencia en los jóvenes.

Para contrarrestarlas, Banda señaló la prevención de la violencia de género y el emprendimiento juvenil de la población migrante, con objetivos que se planteó la organización para la zona.

Las reglas que establecen los mismos jugadores, la participación de mujeres y hombres en un mismo partido, y la reflexión al final del partido permiten —en su criterio— que “los jóvenes migrantes pueden solucionar sus conflictos y desarrollar habilidades sociales, no solo en el espacio de la cancha, sino que nos permitan trascender y llegar a otros procesos comunitarios”.

FORTALECER CULTURA INDÍGENA

Aunque no juegan con las mismas reglas del fútbol callejero que en La Carpio, Roger Blanco y Roy Arias también han visto los frutos de utilizar el balompié como herramienta para la movilización social.

Esto lo han logrado mediante la Copa Indígena, evento que ya se ha llevado a cabo en tres ocasiones y que en el 2011, se celebró en el nuevo Estadio Nacional. Roger Blanco, del Centro Cultural Koswak, destacó como un logro fundamental de la iniciativa el que se hable de asuntos importantes para la comunidad indígena, fomentando el aprecio por su riqueza cultural.

Este mismo aspecto lo compartió Roy Arias, de SEPROJOVEN. Desde su experiencia, concibe la Copa Indígena como un modo de resistencia contra la opresión que las personas indígenas sufren en todo el continente.

“Hay una negación, una invisibilización de la presencia de nuestros pueblos originarios. Hay un sistema de exclusión y discriminación, que niega y prohíbe que se pueda ver toda la riqueza que han tenido en estas tierras”, denunció Arias.

El panel finalizó con la proyección del cortometraje “Gangster’s Granny(La abuela de los gánsteres). El minidocumental cuenta el trabajo que Nelsa Curbelo, una mujer ecuatoriana, ha realizado con la fundación Ser Paz, para combatir la violencia entre pandillas.

A través del fútbol callejero, Curbelo y Ser Paz han conseguido que grupos organizados violentos resuelvan sus diferencias en la cancha, entreguen sus armas al ejército ecuatoriano para ser destruidas e incluso formen pequeñas empresas utilizando la misma estructura social de las pandillas.

“Todos los seres humanos somos capaces de lo mejor y lo peor” es la premisa de Curbelo para la labor que realiza.

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