Arte y salud mental encuentran sus raíces en proyecto de danzaterapia

El derecho a la cultura no es solo ser espectador de danza o teatro, o ir a una exposición de arte a contemplar

El derecho a la cultura no es solo ser espectador de danza o teatro, o ir a una exposición de arte a contemplar, es poder ejercer la cultura, apropiarse de ella y convertirse también en creador. Este derecho es el que han puesto en práctica pacientes del Centro Diurno para la Salud Mental del Hospital Psiquiátrico Chacón Paut, en el cantón de La Unión, Cartago.

Tras dos años de experiencias, Marcia Romero (danzaterapeuta) y Gabriela Romero (psicóloga), vecinas de dicho cantón, pretenden mantener el proyecto −actualmente bajo los fondos de “ProArtes”− como un servicio a la comunidad y extender la danzaterapia a otros centros de salud, por ejemplo a la población joven en el Hospital Calderón Guardia.

¿Alguien quiere sentir la tierra?

Después de quitarse los zapatos, cerca de 25 pacientes se reúnen alrededor de una pequeña planta en el centro del salón de la Casa Cultural de Tres Ríos. “Hoy, como esta plantita, vamos a crecer”, les dice Marcia Romero.

La danzaterapia, inspirada en la bailarina argentina María Fux, es una metodología que estimula el movimiento auténtico y la expresión de emociones mediante palabras o imágenes generadoras. Estos estímulos ofrecen una guía para el movimiento que viene de la misma naturaleza: el mar, la semilla que crece, la hoja que cae.

“Estar presente y trabajar con elementos tan cotidianos como las plantas, sabiendo que ellos las cuidan siempre, puede activar esas sensaciones que solo se despiertan con el movimiento, que no se sueltan a través de la palabra”, explica Romero.

Tras varias repeticiones de movimientos, cada participante deja el suelo –donde eran pequeñas semillas–, crecen lentamente buscando la luz y llegan a estar de pie, como los árboles, para sentir en sus dedos las hojas y el viento. En este bosque de diversidad, después de una hora de movimientos, se da por terminada la sesión.

Cuerpos endurecidos

“¡Rollito en el piso, levántese y corra!”, me describe emocionado William Bambagué sus sesiones de danzaterapia. “Después de estar tiesos o en un rincón, ahora somos gente liberada de tensiones, gente que nos movilizamos más rápido, nos gusta el baile, nos gusta el humor”, afirma.

También Ana Isabel Sánchez, participante desde hace tres meses en las sesiones, se refiere a los beneficios de la técnica: “Hemos usado papelitos de colores y tomado el movimiento junto al movimiento del papel con el viento. Con el cuerpo me ha ayudado a movilizarme mejor, me ha ayudado a normalizar, a fluir con el viento y el cuerpo. Me ayuda a desbloquearme y a que fluya la energía”, comenta.

La danzaterapia ha sido implementada en el Centro Diurno para la Salud Mental de Tres Ríos, con el objetivo de devolverle la expresividad a los cuerpos de sus pacientes, muchas veces endurecidos por las pastillas.

Para Jorge Sánchez, psiquiatra encargado del proyecto, es necesario buscar la manera de contrarrestar los bloqueos que generan en el cuerpo el uso de medicamentos. “Hay que darle un lugar al movimiento, a que el cuerpo exprese”, expone.

Según Gabriela Romero, la psicología y la psiquiatría han hecho a un lado a estas personas, etiquetándolas bajo diversos estigmas y limitaciones. Dentro de una concepción más amplia de salud, aunque muchas veces el lenguaje oral esté comprometido, el lenguaje corporal es el vehículo para generar autoestima y la vinculación con los demás.

Así lo han visto Ashley y Karla, las más jóvenes entre las participantes. Para ellas, la danzaterapia no solo ha significado relajarse, sino también un momento para estar con nuevas personas, compartir y disfrutar. “Aquí me siento útil y me siento bonito. ¡Qué lástima que solo sea una vez a la semana!”, expresa Ashley.

El cuerpo habla por sí mismo

Romero cree que hay poco interés en que la cultura trascienda esas barreras de espectador encerrado entre cuatro paredes, y las instituciones artísticas no están preparando gente para transmitir el arte a este tipo de poblaciones. Es aquí donde se alza la bandera de la democratización de la cultura.

Si bien la Política Nacional de Salud Mental (2012-2020) plantea la importancia de encontrar procesos distintos que regeneren −desde lugares creativos y comunitarios− el lazo social, hay fuerzas en pugna entre paradigmas psiquiátricos que limitan los procedimientos alternativos.

Para Sánchez, la salud mental no es algo intrapsíquico, sino que ocurre en un contexto sociohistórico y comunitario, donde el sujeto actúa. Para darle espacio a los actos de producción creativa en los procesos de rehabilitación psicosocial, son necesarias aún muchas luchas.

“Son procesos de concientización y de resistencias a lo interno de las instituciones. Son lentos, pero si uno logra ir articulando lo creativo y lo clínico puede darle un lugar al cambio”, advierte el psiquiatra Sánchez.

A diferencia de la terapia psicológica, que descansa en el discurso del paciente y trabaja desde la lógica racional, la danzaterapia no busca que los participantes usen palabras. El cuerpo alberga emociones y el movimiento puede expresar más que una palabra.

Las palabras de Luis, participante desde hace más de un año, muestran hasta dónde se puede llegar si el arte y la salud encuentran sus raíces:

“Hoy crecí como la planta, y pensé en todo lo que había hecho en mi pasado. Recuperé la autoestima, porque ellas lo motivan mucho a renacer dentro de uno. De eso fue la clase de hoy. Recuperé la confianza con mi cuerpo”.

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