Director de la Compañía Nacional de Danza, Adrián Figueroa:

Educación es primordial para hacer de la danza un arte inclusivo

Adrián Figueroa, director de la Compañía Nacional de Danza, considera que la institución estaba “un poco” cerrada para el sector independiente y el creador nacional.

Adrián Figueroa está al frente de la Compañía Nacional de Danza, del Ministerio de Cultura y Juventud, desde hace dos años.

Aunque estudió planificación en la Universidad Nacional, su vocación artística lo fue encaminando invariablemente hacia la danza, cuando a los seis años el programa televisivo Atisbos le abrió la ventana a imágenes de unas bailarinas.

“El programa lo daban a las 11 de la noche, cuando en teoría yo no tenía que estar despierto, pero mi abuelita me dejaba, y lo vacilón era que veía a aquellas mujeres vestidas de negro bailar, y yo decía que eran brujas y hasta me escondía detrás de las enaguas de mi abuelita”, recordó Figueroa.

Pero no eran brujas, era la versión coreográfica de Bernarda Alba, creada por Cristina Gigirey con música del “Bolero” de Maurice Ravel. “Impactante”, expresó el artista.

En entrevista con UNIVERSIDAD, Figueroa revivió estos recuerdos que lo definieron como bailarín y coreógrafo; asimismo, revisó su trayectoria, que incluye el Premio Nacional de Cultura a mejor intérprete (2013) y que lo llevó a la dirección de la institución estatal encargada de la danza costarricense.

Adrián Figueroa Rosales en la obra: Homotextual.
Adrián Figueroa Rosales en la obra: Homotextual.

¿Cómo empezó tu relación con la danza?

−Tengo poco de estar en la danza, como 12 o 13 años de haber iniciado. Soy de la Zona Sur, de Palmar Norte, Osa; allá está toda mi familia. A los 17 años, cuando terminé el colegio, la ley era “vaya a ver qué hace; estudie, trabaje, haga algo”. Entonces, fue cuando decidí venirme acá a estudiar. Como en la Universidad Nacional está la carrera de Danza, siempre había representaciones en algún momento de la semana y yo las veía. Me empecé a acercar y me metí en el programa de Margarita Esquivel a llevar cursos. Un día fui al Teatro Nacional y cuando empezó a sonar de nuevo aquella música impactante –que me llevó a los 5 años de edad− salieron aquellas mujeres de nuevo, y era la representación de Bernarda Alba para un aniversario del Teatro, en la que bailaba Ileana Álvarez como Bernarda. Eso marcó más por donde iba.

¿Algo hizo clic?

−Algo hizo clic y decidí: voy a ser bailarín. Me metí en el Atelier de Ballet con el cubano Fidel Herrouet por cuatro años intensivos, y poco a poco me fui formando. Mientras tanto, llevaba cursos de danza con Humberto (Canessa), en los que aprendí un montón.

¿Cómo sentís ese tránsito en la formación?, porque se dice que es mejor empezar de pequeño.

−La danza ha ido cambiando con el tiempo. Estuve en un taller de composición y creación con Jimmy Ortiz, explora un concepto muy importante que creo que deberíamos incorporarlo ya, que es el de la democracia corporal; la danza contemporánea hoy en día ha trascendido a eso, permitiendo al trabajador del cuerpo explorarlo desde todas sus capacidades. Ahora no solo es importante subir la pierna 180 grados; ahora hay características específicas de una persona que se pueden explotar al máximo y a partir de ahí hacer una propuesta artística corporal.

¿Cómo ha sido la experiencia de estar al frente de la Compañía Nacional de Danza?

−No ha sido desgastante. Mucha gente dice que llegar a la función pública es terrible, pero tengo un personal administrativo muy eficiente; eso me ha ayudado a estar concentrado en la parte artística y administrativa.

¿Cuál ha sido tu norte con la compañía?

−En primera instancia, la compañía ha tenido muchos aciertos durante sus administraciones y no quería perder eso, porque tiene proyectos muy importantes, como “Mudanzas”; pero, sí quería pensar en una compañía más inclusiva para el gremio nacional.

¿En qué sentido?

−La compañía ha tenido una imagen artística de mucha calidad en los últimos años, pero ya la sentía un poco cerrada para el sector independiente y para el creador nacional; entonces me fui enfocando en abrir más espacios para que el sector tenga un chance de convivir con la compañía. La compañía no es la solución para el sector, porque tiene objetivos específicos ligados a la distribución del arte, al plan nacional de desarrollo; entonces no es la solución para el crecimiento del sector independiente, pero es una herramienta para que pueda optar por espacios de creación.

¿No tiene el modelo de la Compañía Nacional de Teatro para hacer coproducciones?

−No, porque no tenemos presupuesto para eso. Contratamos bailarines independientes, pero no tenemos presupuesto para contratar a muchos, porque tiene un elenco estable. Lo que he tratado es de acercar al sector a través de ciertos proyectos, como Contacto Independiente, que inició Carlos Ovares, que es un espacio para entrenamiento para profesionales del sector independiente, que se aprovecha como plataforma de creación; también coreógrafos invitados nacionales. La idea es que el sector vea a la compañía como un espacio de crecimiento, porque crear para la institución tiene su nivel y te abre más puertas en el mercado; estamos sacando a convocatoria las coproducciones, en las que se les ofrece el teatro con taquilla, y la parte técnica y apoyo logístico, todo lo que no tenga que ver con dinero; ofrece espacio de ensayo en los salones para los grupos independientes que no tienen dónde ensayar.

¿Y qué pasa con el elenco estable?

−La compañía tiene que pasar por un cambio. Hablando de los bailarines y la diversidad de cuerpos y edades, vuelvo a la democracia corporal, lo que la hace muy particular, no es como la de otros países. Creo que una compañía nacional de danza no debería tener ese tipo de puestos, de plazas. Mientras sucede ese cambio tiene que seguir funcionando con lo que tiene, principalmente en lo artístico; tiene que manifestar propuestas acordes a su recurso humano.

¿Cómo definís esa línea?

−Con propuestas accesibles para público de calidad, propuestas inclusivas.

¿Cómo hacer que esas propuestas sean inclusivas?

−A partir de la educación, mediante la formación de nuevos públicos, y no me refiero a llevarle la danza a la gente solo por llevársela, sino que la gente sepa qué es la danza, qué es el arte en general. Que tengan conocimiento para generar criterio, que se cuestionen y pregunten; sea que estés viendo danza, música o teatro o una película, vas a tener criterio para relacionarlo con tu vida o con tu entorno. Por eso digo que viene desde la educación en las escuelas, porque los niños van a ser en el futuro el público que esperamos esté en las salas sentado. Hemos venido haciendo propuestas que acerquen al público, hemos incursionado con las acciones performáticas que le den chance a la gente de participar, propuestas familiares, divertidas.

Siguen haciendo extensión…

−La planeamos por año, de acuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo; este año fuimos a la Zona Sur. Hicimos dos bloques de giras, una en mayo y otra en agosto; fuimos como a diez comunidades.

¿Cómo fue la respuesta del público?

−El público de las zonas rurales está deseoso de ver arte. Sienten una necesidad real, que nos obliga a desconcentrarnos más o que haya más estímulos en la comunidad, para que se desarrollen propuestas creativas.

¿Hay un vínculo sostenido?, ¿se hacen talleres?

−Damos taller y función a donde vamos. Como la compañía es un programa parte del Teatro Popular Melico Salazar, hemos estado trabajando con el Taller Nacional de Danza; la idea es que, si fuimos a la Zona Sur a diez comunidades, por lo menos que en dos o tres el Taller permanezca durante 5 o 6 meses dando cursos. Estamos tratando de darle esta continuidad para que no sea en vacío, para que no sea en vano la visita. También estamos haciendo funciones didácticas aquí en el teatro, para que vengan poblaciones de todo tipo, infantil, adultos mayores, personas con discapacidad.

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