El Farolito discute los márgenes de la institucionalidad en la cultura

Institucionalidad y cultura se recuperan tras el abandono de políticas socialdemócratas.

Rafael Cuevas recuerda cómo llegó a Costa Rica en diciembre de 1973. Su padre manejaba un automóvil en medio de una carretera de tierra, ubicada en La Cruz de Guanacaste. Guatemaltecos, recién ingresaban a suelo tico.

“Lo primero que vimos a la orilla del camino fue una muchacha que mi padre identificó como una campesina. Vi que estaba calzada y, aunque a ustedes les parezca extraño, ver a una mujer blanca, calzada y que fuera catalogada como campesina era algo muy extraño. Era inusitado” narra el filósofo y doctor en historia.

“Fue la primera vez que tuve conciencia de que había llegado a un país con características distintas a las del resto de Centroamérica” valora. Con el tiempo, Cuevas se daría cuenta de que una de las problemáticas más importantes de los costarricenses se hallaba en ese retrato: en la especificidad que han pretendido crear los costarricenses  y las diferencias que se plantean desde la identidad  con respecto al resto de los centroamericanos.

“En la Costa Rica se han dado toda una serie de procesos históricos que pueden asociarse con el resto de América Latina. Por ejemplo, en Costa Rica la identidad se ha construido a partir del Estado: sucedió en todo América Latina, pero aquí la institución Estado ha tenido un papel fundamental en la construcción de la identidad costarricense” valora.

¿Cómo ha influido la institucionalidad a la cultura costarricense? ¿Qué ha producido? ¿En qué forma nos hace crecer o nos limita? Se trata de algunas de las preguntas con las que el Centro Cultural de España desarrolló su quinta sesión acerca de los nuevos campos culturales en Costa Rica: esta vez enfocados en la institucionalidad, sus márgenes y limitaciones.

Invitados a la mesa,  la actriz Alexandra de Simone, el abogado Gonzalo Elizondo y el filósofo Rafael Cuevas compartieron durante una noche sus impresiones acerca del papel de la institucionalidad en la cultura costarricense.

Derechos culturales

El abogado Gonzalo Elizondo reflexionó acerca de los derechos culturales en Costa Rica, que considera los menos desarrollados entre los derechos humanos. Elizondo evade la expresión de cultura como derecho y prefiere hablar de derechos culturales (“tal vez no nos interesa proteger toda cultura –aclara–,  tal vez no nos interesa defender una institución cultural como la cliteroctomia o el racismo”).

Sin embargo considera que la institucionalidad puede ejercer un papel activo en la regulación de determinados derechos culturales. Por ejemplo, la protección de las minorías, en donde la apelación de las decisiones de las mayorías tiende a aplastar sus derechos. Destaca también la búsqueda de garantías que permitan poner en práctica el desarrollo de espacios culturales.

“Una obligación típica de hacer sería invertir el 1% del presupuesto nacional en materia de derechos culturales. Costa Rica nunca ha invertido el 1% y actualmente invierte menos del 0.5%” explica, y añade que la aplicación de las garantías en el campo de este tipo de derechos debe procurar ser protectora y cautelar, lo que permitiría una mayor eficiencia.

Agrega también un tercer elemento clave: la institucionalidad debe asegurar la participación en la construcción de ese escenario de derechos culturales, por naturaleza,  mutables y cambiantes.

Recuperarse de los golpes

La psicóloga social y actriz Alexandra de Simone conversó acerca de la evolución de la institucionalidad en la cultura durante el último siglo.

“Comienza, definitivamente, con el proyecto liberal” empieza, mientras describe los inicios de Costa Rica como una sociedad esencialmente agraria que se enfrenta a un Estado del Bienestar transformador que impulsa el desarrollo de  cambios en la idea de educación, el acceso a la salud y, sobre todo, en el desarrollo de una política pública universal.

“Esa nueva institucionalidad que lleva el nombre del Ministerio de Cultura es muy distinta de la de ahora. La de ahora tiene otros componentes que varían sustancialmente su sentido. Ese Ministerio de Cultura tenía adentro la Oficina de Mujer y Familia, tenía el Movimiento Nacional de Juventudes, tenía la Dirección del Desarrollo de la Comunidad (DINADECO)…  tenía un conjunto de estructuras que ligaban la cultura al desarrollo social y extrañamente esas estructuras fueron las que se sustrajeron de del cuerpo institucional. Ya no están ahí” lamenta.

Se trata de una época donde los presupuestos en cultura superaron el 1%, íntimamente ligado al modelo del estado del bienestar.

“Es muy interesante la mutación que sucede mucho tiempo después, porque el devenir histórico institucional cae y el cuerpo recibe golpes terriblemente fuertes para hacer posible un proyecto que estaba en marcha”

“En mi opinión” agrega Rafael Cuevas “ a partir de los años cuarenta -pero sobre todo a mediados de los 50- en Costa Rica se construye una identidad cultural mesocrática, es decir, de clases medias. La clase media creció en función de las circunstancias históricas que sucedieron en Costa Rica y tuvieron una importancia enorme” comenta.

Ahora los ejemplos de una institucionalidad cultural golpeada son diversos, afirman. Por ejemplo: las artes dramáticas se enfrentan a los mismos procedimientos de contratación administrativa que el resto de la institucionalidad, limitando sus posibilidades de desarrollo.

“Ahí la trampa estuvo en los procedimientos y hoy tenemos un cuerpo lesionado lleno de parches y rupturas, pero con muchísimas aspiraciones que siguen produciéndose. Es muy interesante porqué ahora hay más gente que quiere estudiar arte, si su papel está mucho más marginado que hace cincuenta años” valora de Simone.

Nuevos caminos

Cuevas comenta que el papel de la institucionalidad puede servir para crear mitos, inventar nuevos pasajes de la historia o construir una falsa idea de identidad. Pero también puede servir para transformar la realidad en búsqueda de mejores condiciones de vida. Recuerda que una vez entrevistó a Alberto Cañas acerca de esa visión de la cultura institucional.

“Mire, a nosotros nos interesaba que todos los costarricenses tuvieran una pequeña bibliotequita y un cuadrito de un pintor costarricense” parafrasea, y agrega: “Es una concepción que buscaba que todos tuvieran acceso a ésa cultura. Era la igualación social: la identidad de carácter mesocrático”.

Para Alexandra de Simone, el camino no está precisamente en buscar el pasado, pero tampoco en aferrarse al presente institucional: se trata de reinventarse, guiñar el ojo a la contracultura y abrirse a nuevos caminos.

“Yo creo en la institutucionalidad, soy producto de ella y muchas cosas que amo y valoro han podido tener una oportunidad gracias a ella. Me enoja que esa institucionalidad a veces segregue a la gente, separe cosas y diga que algo es más importante que lo otro. Creo que hay mucho que avanzar en la inclusión. “ valora. “Tenemos que encontrar nuevas funcionalidades que pasan por una interlocución y alianza con artistas y comunidades” cerró.

 

CENTRO CULTURAL CIERRA TERTULIAS

El Centro Cultural de España cierra su ciclo de tertulias este jueves 1 de octubre. La actividad es gratuita y abierto a todo público y se desarrollará de de 7 pm a 9 pm

Sexta y última sesión. Jueves 1 de octubre | 7:00 p.m.

Estado de la Cultura en Costa Rica

Sylvie Durán (Ministra de Cultura)

Max Valverde (Viceministro de Cultura)

Dennis Portuguez (Viceministro Administrativo de Cultura)

[delipress_optin id="134623"]

0 comments

Otros Artículos

El debate ideológico y político tradicionalmente se ha planteado en términos bipolares y antagónicos: ricos contra pobres, neoliberales

Corrían los años 40, el país se iba a complicar con una desafortunada pero Guerra Civil, que al final depararía una catarsis social

Las sociedades requieren de mitos para su funcionamiento. Los mitos no necesariamente corresponden a realidades históricas pero

Semanario Universidad