Rolando de Oraá, las manos que dan vida al papel

A sus 81 años, Rolando de Oraá continúa llevando su amor al arte por el mundo. Recientemente, visitó el país para dar un taller

A sus 81 años, Rolando de Oraá continúa llevando su amor al arte por el mundo. Recientemente, visitó el país para dar un taller sobre diseño clásico de carteles en la UCR y exponer sus obras. (Foto: Katya Alvarado)

Papel en blanco, lápiz, goma, tijeras e imaginación son los ingredientes que han acompañado durante casi 60 años a Rolando de Oraá, un reconocido diseñador cubano que ha dedicado gran parte de su vida a la creación de carteles y portadas de libros y revistas, en los que cuenta historias por medio de imágenes.

Oraá visitó el país para ofrecer un taller sobre diseño clásico de carteles a estudiantes y profesores de la carrera de Diseño Gráfico, además de presentar una exposición de sus obras en la Galería de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica, que permanecerá abierta hasta el 28 de noviembre; además, se exhibirá en el Museo de San Ramón de Alajuela a partir del 7 de noviembre.

Rolando de Oraá ha obtenido varios reconocimientos, como el Premio Nacional de Diseño del Libro, en el 2006, en Cuba, el Premio de Diseño Gráfico de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba Eduardo Muñoz Bach, en el 2013, y el Premio y Mención en Diseño de Portada de Revista, en varias ocasiones.

Realizó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios y en la Escuela Profesional de Publicidad de La Habana y en la Academia de Bellas Artes de Varsovia en Polonia. También fue profesor en la Escuela Nacional de Arte y en la Escuela de Diseño en Cuba. Oraá ha mostrado sus obras por medio de exposiciones colectivas en varios países de África, Europa, Asia y América.

En su paso por Costa Rica, Oraá conversó con el Semanario UNIVERSIDAD acerca de su destacada trayectoria y su perspectiva sobre el diseño gráfico en la época actual.

¿Cómo se inició con el diseño?

−Parece ser que ya nací con un lápiz y papel en la mano. Desde niño dibujaba aviones, automóviles, casitas… lo que dibujan todos los muchachos. Todo ser humano viene al mundo con capacidad artística, pero algunos la desarrollan, otros no. En la familia todos nos hemos dedicado a la literatura y al diseño, en mi caso. Comencé siendo dibujante comercial antes del cambio de sistema en mi país, trabajé en una empresa publicitaria norteamericana, en la época capitalista y ahí aprendí las bases.

¿Qué lo motiva a diseñar todavía, casi 6 décadas después?

−El amor. Vivo enamorado del amor y el diseño tiene una gran carga amorosa, me gusta tratar temas positivos. Cuando hago algún cartel de temas negativos lo hago a regañadientes. He hecho carteles en contra de la violencia contra las mujeres, la tolerancia a la bisexualidad, por ejemplo. Si no fuera diseñador, sería albañil, sastre o chofer de ómnibus. Me decidí por lo gráfico porque aunque fui acróbata en mi juventud, me di cuenta de que en el diseño me daba menos golpes (risas).

En estos tiempos de nuevas tecnologías, ¿por qué considera que se debe continuar  utilizando el proceso manual para elaborar carteles?

−No dejo de comprender que la computación es un instrumento que no se puede soslayar, pero no es mi manera de trabajar. En una impresión muy personal, considero que el dibujo que se hace en computación no tiene la frescura del dibujo hecho a mano. Si tengo que hacer un cartel que lleva dibujo, prefiero dibujarlo manualmente y escanearlo.

¿Cuáles elementos cree que podríamos retomar del diseño en papel y traspasarlos al diseño en computadora?

−Bueno, específicamente, el cartel es un emisor de un mensaje cultural, político, social. La base que hay que tratar siempre son 4 preguntas: ¿Qué cosa, cómo, cuándo y dónde? También, el antiguo axioma que dice que una imagen vale más que mil palabras aplica perfectamente al cartel; si puedo emitir un mensaje a través de imágenes y prescindir de texto lo hago. El texto siempre no es más que un apoyo a la imagen.

¿Cómo fue la experiencia de vivir esa llamada “época de Oro del cartel cubano”?

−Pertenezco a la generación de diseñadores de la década del 60. Algunos nos quedamos en el país, otros emigraron por el cambio de sistemas y porque las ganancias era menos. Nosotros estamos bloqueados por el Gobierno de Estados Unidos y al principio no nos entraba el material necesario; por eso recurrimos a hacer las cosas a goma y tijera, recortando papeles de colores, tipografías tomadas de revistas impresas, imágenes arrancadas de un anuncio que más o menos dieran la imagen de lo que nosotros queríamos. A pesar de que en ese tiempo la cultura estaba militarizada, nos daban libertad para trabajar y siempre que no atentáramos con el sistema teníamos plena libertad para trabajar.

En esta época en que la imagen es tan relevante y en especial la fotografía por las facilidades tecnológicas, ¿qué nos puede aportar el cartel, por ejemplo, para promocionar una foto o una película?

−Ya a finales de la década de los 50, antes del triunfo de la revolución en Cuba, muchos dibujantes publicitarios se quedaron sin trabajo, porque tomaron su lugar los fotógrafos. La fotografía sustituyó al dibujante comercial, primero porque una foto es más rápida y podían hacerlo de hoy para mañana. Por muchas décadas se puede decir que el fotógrafo sustituyó al dibujante, pero no del todo, porque la fotografía puede sustituir a un diseñador sólo hasta cierto punto. Quizás una foto por muy buena que sea, en ocasiones no tiene esa carga emotiva que puede tener un dibujo, pienso yo.

¿Qué cree que podríamos aprender en materia de diseño de épocas pasadas?

−Al menos yo aprendo todos los días y no aprendo solo de un diseñador. Aprendo hasta de ese trabajador que barre la calle; todos los días aprendo algo muchas veces aplicable al diseño. Mi vejez no me impide aprender. Creo que el nivel de diseño actual en América es muy bueno, pero está muy permeado de publicidad; es un diseño pensado para vender. En cambio, antes nosotros lo que vendíamos era cultura.

¿Cuéntenos de la exposición que está presentando?

−La mayoría de los carteles pertenecen a esta época que llamamos de goma y tijeras, porque los hacíamos recortando figuritas, papelitos de colores y tipografías de revista. Muchos son carteles que los he dibujado basados en fotografías.

De esos 200 carteles que ha hecho a lo largo de su carrera, ¿cuál diría que es su favorito?

−En realidad ninguno. Los veo a todos y en este momento si los pudiera hacer de nuevo los haría de otra forma. Creo que lo mejor de un buen diseñador es estar insatisfecho y siempre pensar que lo pudo hacer mejor.

 

[delipress_optin id="134623"]

Otros Artículos

“No somos una superpotencia financiera o militar; sí somos una gran potencia en derechos humanos, y nuestro mensaje puede llegar a cualquier parte del

La empresa brasileña Quintella Gerez ideó parte de los anuncios televisivos de la campaña de Rodolfo Hernández. (Foto: archivo)El nueve de noviembre de 2013,

Así, aunque quisiéramos decir que la ingeniería de biosistemas “nace de”, más bien corresponde decir que, aun de previo a existir con ese nombre,

    Berlín, 6 nov (DPA) - El Muro de Berlín simbolizó la división de Alemania y el mundo bipolar de la Guerra Fría durante más

A estas alturas del siglo XXI, ¿cómo puede invocar condición de ser humano,  hombre tout court, el que es capaz de decapitar? Después de

Una marcha masiva en Tixtla, Guerrero, exigió el pasado 30 de octubre el regreso seguro de los 43 desaparecidos estudiantes de Ayotzinapa, así como

Con el nuevo sistema de matrícula por admisión diferida, la UCR ofrecerá 408 nuevas opciones, de las cuales 258 serán para la sede Rodrigo

El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco dijo alguna vez que el mundo está lleno de libros maravillosos que nadie lee. Ciertamente, su pasión
Semanario Universidad